El juego
En las primeras semanas de este año apareció un informe sobre la cantidad de dinero que se gasta en los casinos, y se habló de millones. Esto motivó varias reacciones y críticas, aparentemente bien intencionadas, pidiendo que se controlara el ingreso de personas de escasos ingresos a esas salas de juego. Y se mencionó el neologismo "ludopatía", que se define como adicción a los juegos electrónicos o de azar. Hibridismo del latín "Ludus", juego, y griego, "pathos", pasión. Más bien alude a una obsesión. Usualmente, hablamos de maquinitas. Adicción a las maquinitas.
Ahora esa adicción nos lleva a pensar que existen adicciones a muchos aspectos de la vida. El hombre y la mujer somos seres propensos a adicciones, me informaba una dama que estaba sometida a un tratamiento psicológico, por una adicción que tenía que corregir. Pueden existir adicción, la más sonada, a las drogas, a los estupefacientes, al alcohol , que es otra droga; al cigarrillo; a los caballos; a los juegos; al aire libre, al "fút"; al "base"; al boxeo; al dominó; al bingo; al trabajo; al sexo; a la murmuración o bochinche; e incluso, a la religión. Un examen personal de conciencia nos podrá indicar si somos adictos o no. Me refiero a nuestra tendencia a los juegos de azar. Y a propósito de esta característica, ya hace muchos años un sociólogo visitante hablando de "People of Panama", que se conoce también como "Panamá y sus gentes", de John y Mavis Biesanz, quien en uno de sus capítulos nos describe de esta manera cuando habla del Negocio de los Placeres, refiriéndose a la Recreación Urbana que, aunque se trata del Panamá de los años 40 y 50, no pocas observaciones del autor, afirma el Dr.Figueroa Navarro, "conservan vigencia y tolerancia". Un libro que por ser de época, la trasciende y logra la fusión del profesionalismo académico con un cariño sin dobleces, según el mismo Dr. Figueroa Navarro en 1987, en la Editorial Universitaria.
"Panamá, como otros países latinoamericanos tiene una Lotería Nacional . Es una institución respetable y lucrativa que atrae el anhelante interés de la mayoría de los panameños, de la mayor parte de los antillanos y transeúntes extranjeros; genera una histeria colectiva que llega a su punto culminante cada domingo a las once de la mañana -hoy es a las doce- cuando con gran ceremonia y agudo suspenso y casi todos están convencidos, con perfecta honestidad, se sacan doce números. Su administración ocupa un imponente edificio moderno -ahora más imponente todavía-. Su consejo de directores parece salidos de un "Quién es Quién". Sus anuncios registran un número plural de obras de beneficencia mantenidas, total o parcialmente, por los réditos de la lotería".
Luego de hacer otras descripciones muy atinadas continúa: "...Los números se copian enseguida en miles de cantinas, abarroterías y cafés a través de todo el país. Es más probable que los panameños puedan decirle a usted cuáles fueron los números que salieron en la lotería, que los norteamericanos los puntos que alcanzaron en béisbol los equipos de su ciudad natal... En proporción a las entradas, los pobres son los que más compran. Nuestro limpiabotas compraba cuatro fracciones de cincuenta centavos cada semana. Según una trabajadora social; "el chance es el vicio de la mujer pobre"; todas las familias, según el estudio de Castán sobre el presupuesto familiar "invertían" todas las semanas en la lotería, gastando, en muchos casos más que en el alquiler y siempre más que en todas las otras diversiones combinadas. La lotería atrae mucho más la atención del promedio del panameño de la clase baja que la iglesia. Un número ganador es la esperanza de salvación del panameño pobre, como el escape del purgatorio de la pobreza al cielo de la prosperidad. Habla , come, piensa y sueña con la lotería. Tiene esperanza ciega en la Dama Fortuna (Lady Luck), cinco minutos después de que ha roto el boleto que no salió, y ha dado la espalda desilusionado a la radio o la tablilla que le dice que ha vuelto a perder, empieza recobrarse para el sorteo del próximo domingo. Su conversación sobre el futuro está salpicada con referencias a lo que hará "Cuando" (no Si) se "gane la lotería" ...Cuando gana, compra ropa nueva para su familia, paga sus deudas y se toma unos tragos en la cantina más cercana".
(Continuará)
Ahora esa adicción nos lleva a pensar que existen adicciones a muchos aspectos de la vida. El hombre y la mujer somos seres propensos a adicciones, me informaba una dama que estaba sometida a un tratamiento psicológico, por una adicción que tenía que corregir. Pueden existir adicción, la más sonada, a las drogas, a los estupefacientes, al alcohol , que es otra droga; al cigarrillo; a los caballos; a los juegos; al aire libre, al "fút"; al "base"; al boxeo; al dominó; al bingo; al trabajo; al sexo; a la murmuración o bochinche; e incluso, a la religión. Un examen personal de conciencia nos podrá indicar si somos adictos o no. Me refiero a nuestra tendencia a los juegos de azar. Y a propósito de esta característica, ya hace muchos años un sociólogo visitante hablando de "People of Panama", que se conoce también como "Panamá y sus gentes", de John y Mavis Biesanz, quien en uno de sus capítulos nos describe de esta manera cuando habla del Negocio de los Placeres, refiriéndose a la Recreación Urbana que, aunque se trata del Panamá de los años 40 y 50, no pocas observaciones del autor, afirma el Dr.Figueroa Navarro, "conservan vigencia y tolerancia". Un libro que por ser de época, la trasciende y logra la fusión del profesionalismo académico con un cariño sin dobleces, según el mismo Dr. Figueroa Navarro en 1987, en la Editorial Universitaria.
"Panamá, como otros países latinoamericanos tiene una Lotería Nacional . Es una institución respetable y lucrativa que atrae el anhelante interés de la mayoría de los panameños, de la mayor parte de los antillanos y transeúntes extranjeros; genera una histeria colectiva que llega a su punto culminante cada domingo a las once de la mañana -hoy es a las doce- cuando con gran ceremonia y agudo suspenso y casi todos están convencidos, con perfecta honestidad, se sacan doce números. Su administración ocupa un imponente edificio moderno -ahora más imponente todavía-. Su consejo de directores parece salidos de un "Quién es Quién". Sus anuncios registran un número plural de obras de beneficencia mantenidas, total o parcialmente, por los réditos de la lotería".
Luego de hacer otras descripciones muy atinadas continúa: "...Los números se copian enseguida en miles de cantinas, abarroterías y cafés a través de todo el país. Es más probable que los panameños puedan decirle a usted cuáles fueron los números que salieron en la lotería, que los norteamericanos los puntos que alcanzaron en béisbol los equipos de su ciudad natal... En proporción a las entradas, los pobres son los que más compran. Nuestro limpiabotas compraba cuatro fracciones de cincuenta centavos cada semana. Según una trabajadora social; "el chance es el vicio de la mujer pobre"; todas las familias, según el estudio de Castán sobre el presupuesto familiar "invertían" todas las semanas en la lotería, gastando, en muchos casos más que en el alquiler y siempre más que en todas las otras diversiones combinadas. La lotería atrae mucho más la atención del promedio del panameño de la clase baja que la iglesia. Un número ganador es la esperanza de salvación del panameño pobre, como el escape del purgatorio de la pobreza al cielo de la prosperidad. Habla , come, piensa y sueña con la lotería. Tiene esperanza ciega en la Dama Fortuna (Lady Luck), cinco minutos después de que ha roto el boleto que no salió, y ha dado la espalda desilusionado a la radio o la tablilla que le dice que ha vuelto a perder, empieza recobrarse para el sorteo del próximo domingo. Su conversación sobre el futuro está salpicada con referencias a lo que hará "Cuando" (no Si) se "gane la lotería" ...Cuando gana, compra ropa nueva para su familia, paga sus deudas y se toma unos tragos en la cantina más cercana".
(Continuará)