El juego y la apuesta
Normalmente, la designación por parte del Presidente de la República de dos personas para ocupar los cargos de magistrados en la Corte Suprema de Justicia es un hecho importante, pero que no tiene nada de extraordinario.
Las designaciones solían ser evaluadas por la ciudadanía como más o menos buenas. Las designaciones de Spadafora, Cigarruista y Salas -que son las últimas tres que hizo la presidenta Moscoso- fueron motivo de escándalo y el país todavía no se resigna a que estos señores se mantendrán en sus cargos hasta el 2012. La de Trotiño, que hizo el año pasado Torrijos, no estaba prevista, pues la misma resultó del arribo a la edad de retiro del entonces magistrado, y presidente de la Corte, César Pereira Burgos. Aunque el nombramiento de Troitiño se produjo en medio de tensiones, pues se trataba de un retiro no deseado, la calidad de la designación espantó cualquier fantasma sobre una posible intromisión ilícita del Ejecutivo en otro Organo del Estado. Las que corresponde hacer en el mes de diciembre, en reemplazo de Hoyos y Lee, constituyen una trascendental apuesta por el buen criterio que deberá ejercer el presidente Martín Torrijos.
Las bondades de los próximos nombramientos no se podrán juzgar sobre la base de la eficacia de un nuevo procedimiento, porque, en realidad, dicho procedimiento, como se recomendó en los documentos del Pacto de Estado por la Justicia, no existe. Si el Presidente acierta y nombra a juristas con reconocida integridad e independencia política, el Gobierno habrá salvado un difícil escollo. Pero si el Presidente se equivoca, y nombra a un allegado personal o de su séquito de amigos y colaboradores, entonces habrá menoscabado la credibilidad de toda la gestión reformadora del gobierno. Una mala decisión será una señal inequívoca de que lo dañado en la democracia panameña corre muy profundo.
Las designaciones solían ser evaluadas por la ciudadanía como más o menos buenas. Las designaciones de Spadafora, Cigarruista y Salas -que son las últimas tres que hizo la presidenta Moscoso- fueron motivo de escándalo y el país todavía no se resigna a que estos señores se mantendrán en sus cargos hasta el 2012. La de Trotiño, que hizo el año pasado Torrijos, no estaba prevista, pues la misma resultó del arribo a la edad de retiro del entonces magistrado, y presidente de la Corte, César Pereira Burgos. Aunque el nombramiento de Troitiño se produjo en medio de tensiones, pues se trataba de un retiro no deseado, la calidad de la designación espantó cualquier fantasma sobre una posible intromisión ilícita del Ejecutivo en otro Organo del Estado. Las que corresponde hacer en el mes de diciembre, en reemplazo de Hoyos y Lee, constituyen una trascendental apuesta por el buen criterio que deberá ejercer el presidente Martín Torrijos.
Las bondades de los próximos nombramientos no se podrán juzgar sobre la base de la eficacia de un nuevo procedimiento, porque, en realidad, dicho procedimiento, como se recomendó en los documentos del Pacto de Estado por la Justicia, no existe. Si el Presidente acierta y nombra a juristas con reconocida integridad e independencia política, el Gobierno habrá salvado un difícil escollo. Pero si el Presidente se equivoca, y nombra a un allegado personal o de su séquito de amigos y colaboradores, entonces habrá menoscabado la credibilidad de toda la gestión reformadora del gobierno. Una mala decisión será una señal inequívoca de que lo dañado en la democracia panameña corre muy profundo.