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El juzgamiento de Arnoldo Alemán


Conocida la trama según la cual el ex presidente nicaragüense Arnoldo Alemán, habría intentado sobornar a un magistrado de la Corte Suprema de Justicia de su país, a cambio de su excarcelación, en el proceso de peculado de fondos públicos que se le sigue, vuelve a plantearse el tema de la fragilidad de la justicia en las democracias latinoamericanas, cuando de encumbrados personajes se trata.
El recuerdo del polémico juzgamiento del ex mandatario argentino Carlos Menem, por corrupción cometida durante su gobierno, y su posterior sobreseimiento por magistrados que le debían su nombramiento, está todavía fresco. No otra razón sustenta los convenios de extradición entre Colombia y Estados Unidos para procesar en suelo del último a los capos del narcotráfico, tras la espectacular fuga de Escobar Gaviria.
En México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dispuso un convenio no escrito, según el cual sus presidentes tenían durante su mandato poderes absolutos para hacer y deshacer, sin que sus sucesores los persiguieran, con tal de que cerraran todos la boca para siempre. Ernesto Zedillo violó en parte la regla respecto a su predecesor Carlos Salinas, revelando detalles de abusos y persiguiendo al hermano de éste.
Con esos precedentes, y tantos otros, es indudable que el actual gobierno nicaragüense del presidente Bolaños, enfrentado a tremendas dificultades con la oposición partidaria de Alemán, optó por promoverle un juicio por lavado de dinero en Florida, en el cual se ha dictado un temible auto de enjuiciamiento (indicment), el mismo que en su oportunidad llevó al apresamiento, juzgamiento y condena del dictador militar panameño, Manuel Antonio Noriega por un jurado de ese estado.
De cualquier forma, existe la convicción de que la justicia norteamericana, con todos sus defectos, sí funciona, al contrario de nuestros países. Por eso, lo ocurrido a Arnoldo Alemán, debe pesar sobre nuestros gobernantes, que cedan a la tentación de meter la mano en el erario público. Ni siquiera sirvió al ex mandatario la inmunidad inherente a su calidad de miembro del parlamento centroamericano, la cual le fue levantada.
Tampoco les brinda seguridad el expediente de dotarse, como Menem, de magistrados afines, luego de lo hecho por el presidente Guillermo Endara, tan pronto asumió el poder tras la invasión norteamericana a nuestro país. Se hizo de un estatuto de retorno a la democracia que puso a todas las autoridades previamente existentes en vilo.
Es tarea de todos reducir el consumo de cloros y componentes de bromuro, sustituyéndolos por productos "ecológicos". No está de más recordar que es nuestra responsabilidad empezar a cerrar esa herida invisible, en bien del futuro de la raza humana, los humedales y de la vida sobre el planeta.
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101 años de Panamá América

 
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