El laboratorio de producción de medicamentos
Al terminar el presente ejercicio gubernamental en Salud, es preciso repasar las situaciones en que se produjeron yerros, y cuya corrección corresponderá indefectiblemente a la nueva administración.
Por su magnitud numérica y por su trascendencia social, en términos de saldos luctuosos e incapacitantes, lo del dietilenglicol es un evento cuyo telón final nos resistimos a dejar caer. Pero no solo nos referimos al desenlace trágico, sino a la cadena de desaciertos que tendrán su efecto. Pocos se ponen a meditar el apresuramiento rayano en lo ridículo, para imputar a un fármaco antihipertensivo y su casa fabricante, para desdecirse después mediante un ominoso silencio. Pero al orientarse las investigaciones hacia la presencia de un tóxico en los medicamentos de fabricación institucional, se cometieron desaciertos conceptuales que es preciso enmendar en algún momento. Nos referimos a la instrucción para el cierre del proceso institucional de producción de medicamentos por parte de la CSS.
Recapitulemos. Una vez confirmada la presunción de contaminación de la producción de un medicamento, lo que corresponde al Ministerio de Salud (MINSA) es ordenar la clausura de la instalación cuestionada. Esto, que es válido para las medicinas lo es para todo proceso en el cual la producción es objeto de contaminación. Así, si el local fuese una carnicería, la orden sería cerrar la instalación mientras se corrija el proceso defectuoso, pero nunca a dar por terminada la producción de productos cárnicos en el país. Igualmente, la acción ministerial debió centrarse en la clausura de la instalación riesgosa, hasta tanto se corrigieran los procesos defectuosos, pero no en cerrar el proceso de producción de medicamentos institucionales en el país.
La política de extensión de coberturas, es decir de abarcar a toda la población con servicios extendidos de baja complejidad para resolver la mayoría de sus problemas, que son de baja complejidad, debe apoyarse en una producción local y segura de medicamentos sencillos de bajo coste, que es el soporte de la extensión de coberturas.
Panamá, al diseñar la producción local de medicamentos de esa índole, cumplía con los requisitos necesarios para factibilizar la estrategia de atención primaria, la cual es un consenso internacional. Al dar por clausurado ese proceso de producción institucional se retrasa la construcción de las condiciones necesarias para alcanzar la salud para todos.
Pero no sólo el MINSA se equivocó en la orientacion de la medida, que saltó de la necesaria clausura de la instalación a la inconveniente clausura de un proceso productivo y de una política sanitaria definida con anterioridad, sino que pasando por encima de sus atribuciones impuso esa orientación a una junta directiva adocenada, que se hizo culpable por la omisión de sus funciones guardianas de los principios de universalidad y cobertura creciente, que es base fundamental de la seguridad social
Relanzar la producción local institucional, con garantías de seguridad, es un clamor técnico que circula a “sottovoce”; no es todavía una demanda de la opinión pública, pero pronto se dará cuenta. Corresponde al nuevo régimen desfacer tamaño entuerto.