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El lado claro de la universidad


El Editorial del periódico El Panamá América, del 6 de abril del año en curso, titulado "El lado oscuro de la Universidad", motivó la réplica del Rector Gustavo García De Paredes, publicada el 12 de abril. A su vez, esta réplica motivó al señor Demetrio Fábrega a publicar, el 17 de abril, su opinión bajo el título "La degradación de la educación y la misión de la Universidad".
Para nuestro concepto, lo referido en el Editorial, que molestó al señor Rector Gustavo García, no es el lado oscuro de la universidad, sino el lado claro. El lado que muchos comentan dentro y fuera del campus universitario. Por supuesto, que dentro de la Universidad lo hacen casi clandestinamente.
Claridad que ha sido denunciada por algunos ciudadanos en diferentes páginas de opinión, o en programas radiales, e inclusive ante las cámaras de televisión, pero que en esta oportunidad incomodó al señor Rector, por tratarse del Editorial de un prestigioso diario.
El señor García De Paredes titula su réplica: "Dime quién escribe y te diré lo que quiere". Le reitero señor Rector que lo que el autor de esta opinión quiere es justicia; quiere, como muchos otros, que la Universidad vuelva a ser la conciencia crítica de la nación y no la criticada por la nación.
En su réplica, el Rector apunta que la Universidad fue creada para "elevar la calidad de la enseñanza y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos que comparten la tierra que los vio nacer", palabras que se contradicen con la persecución que su administración inició contra los bibliopolas que llevan libros a precios módicos a la familia universitaria, persecución que hasta la fecha mantiene, y que en nada mejora las condiciones de vida de estos humildes ciudadanos.
Su administración, señor Rector García De Paredes, se ha negado a investigar las denuncias sobre violación a los Derechos Humanos, perpetradas por autoridades universitarias. Investigación que en estos momentos adelanta la Defensoría del Pueblo, y ni Usted, ni su equipo colaboran para esclarecer los hechos y hacer Justicia.
Claro está, no podía faltar en la réplica el consabido bordón de que quien osa denunciar las claridades que ustedes tratan de oscurecer, de ocultar, son " resentidos, con ambiciones soterradas, aprovechadores de la oportunidad para tomar venganza, manchadores de reputaciones, orates o similares".
Razón tenían los sabios chinos al sentenciar que "cuando el dedo señala la luna, el imbécil mira el dedo". No señor Rector, no se trata de "pequeñas ruindades", o "crueles y rabiosas acometidas de detractores oficiosos".
Se trata, como dijo Montesquieu, que "una injusticia hecha a una sola persona es una amenaza hecha a todos". Mas, el grito que emerge de ese silencio universitario, de muchos que han visto como se le levanta un expediente a quien no lo tenía, por el sólo hecho de disernir, les perseguirá extrarradio de la Universidad.
Esperamos las opiniones de los candidatos a la Rectoría, muchos de los cuales formaron parte, hasta hace poco, de su equipo de trabajo, porque no creemos que los universitarios cierren filas para ocultar las violaciones a los Derechos Humanos.

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