El largo proceso de negociación
En la década del "80, el concepto "liberación de mercados" era considerado una teoría temeraria y pocos nos atrevíamos a hablar en esos términos, a pesar de que Panamá ya se destacaba, casi sin quererlo, como una de las economías más abiertas de América Latina. Veinte años después, la importante firma estadounidense de consultoría global A.T. Kearney, en sus informes anuales, presentaba al país como la economía latinoamericana más globalizada. Por ello, hablar de la liberación de nuestra economía no es cosa nueva, como muchos quieren hacer ver.
A inicios de los "90, Panamá no contaba con las herramientas para defenderse de prácticas injustas de comercio que perjudicaban a nuestros productores bananeros (recordar la cuota de importación impuesta en 1991 por la Unión Europea), por lo tanto, como Ministro de Comercio e Industrias me empeñé en que Panamá se equipara de los instrumentos necesarios para desenvolverse en una economía mundial que se globalizaba vertiginosamente. Con mucha oposición del sector productivo, presentamos formalmente el documento de adhesión al Acuerdo General de Tarifas y Aranceles Aduaneros, comúnmente conocido como GATT, hoy convertido en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Además, logramos iniciar el proceso de negociación para un posible acuerdo de libre comercio con Estados Unidos (EU), mediante la firma con la entonces representante de Comercio, Carla Hill, y en presencia del presidente George Bush padre, de un Acuerdo Marco en el que se establecían las reglas para comenzar a negociar un TLC entre ambos países. Por disposiciones de aquel Acuerdo Marco, y de forma consistente, representantes de ambos gobiernos se han venido reuniendo para discutir temas relacionados con el comercio, agricultura e inversión.
Quiso el destino darme una tercera oportunidad, algo poco usual en la vida, para participar, en este largo proceso de liberación comercial. No ha sido fácil volver a motivar la burocracia gubernamental y el complicado engranaje político del mercado más grande del mundo y comprometerlos, de una manera bilateral, a escuchar los intereses comerciales de una de las economías más pequeñas de la región.
Después de más de un año de arduo trabajo y con el apoyo decidido de la Presidencia, ministros, empresarios, asesores, cabilderos, congresistas y el personal de nuestra embajada en Washington, en noviembre pasado logramos que el representante de Comercio, Roberto Zoellick, anunciara que Panamá y EU iniciarían la negociación de un TLC. Aunque me sentí orgulloso, no estaba del todo satisfecho porque otros países mucho menos abiertos y globalizados que el nuestro, como Israel, Marruecos, Chile, Singapur, Centroamérica y República Dominicana, se nos habían adelantado en el proceso.
Los productores del país más globalizado de Latinoamérica, con las mejores estructuras de servicios en la región, extraordinarias facilidades marítimas, un mercado de capitales abierto, una economía dolarizada, sus comunicaciones privatizadas y una zona de comercio de clase mundial, se están aún dudando si es conveniente o no incorporarnos a este importante proceso de apertura comercial. Sólo el mes pasado fui testigo de la firma de los acuerdos de comercio de EU con Australia y con los países centroamericanos. Ambas ceremonias resultaron particularmente emotivas para quienes hemos logrado promover y acordar posiciones trascendentales de comercio. En ellas se habló no sólo de comercio, sino también de esperanza, oportunidades de negocios, inversiones y creación de empleos. Concluí que si no negociamos ahora bilateralmente, aún bajo supuestas condiciones desventajosas que algunos detractores pregonan, más adelante lo tendremos que hacer multilateralmente dentro del ALCA, y corremos el peligro de que países con mercados importantes como Brasil y Argentina, nos impongan decisiones de acuerdo a sus intereses.
Tenemos claro que nuestra mayor preocupación debe ser el sector primario y el mismo no va a ser descuidado por el gobierno panameño. El Ministerio de Comercio e Industrias, en conjunto con los mejores asesores del ramo que ha contratado, tomará posiciones favorables; y con el aporte del sector privado, se han ideado buenas fórmulas de desgravación a largo plazo y planes de ayuda técnica y económica para competir en casos que lo ameriten.
Para que las negociaciones tengan un final feliz, tenemos que trabajar duro, ser flexibles e ingeniosos, y no conformarnos con el status quo de las cosas. Entre más divididos nos presentemos a la mesa de negociación, menor será la fortaleza de nuestro equipo negociador y menos beneficios podremos alcanzar. Está puesta en Panamá la atención de inversionistas, economistas, transportistas, comerciantes y políticos internacionales. Algunos con buenos deseos de que tengamos éxito, otros con intenciones de que fracasemos. El resultado depende sólo de nosotros.
Los TLC con EU, Taiwan, El Salvador y Singapur, por sí solos, no son una panacea ni la solución a nuestras dificultades económicas; pero estamos convencidos de que a través de éstos se abrirá un nuevo abanico de oportunidades, pues no se trata de querer agarrar el pedazo más grande del pastel para un sector en particular, sino de hacer el pastel más grande para que alcance para todos los panameños.
Si somos creativos, en pocos años estos acuerdos se convertirán en la sexta columna de nuestra economía después del Canal, los puertos, la marina mercante, el centro financiero y el turismo. Ellos serán la herramienta que hará florecer una nueva generación de industriales y productores y que aumentará el crecimiento económico, el empleo y las inversiones hacia Panamá. De otra manera, les aseguro que cuando el capital encuentra barreras, o bien se desvía o nos pasa por encima, pero no se va a sentar a esperar por nosotros.
Cuando recibimos el Canal, nuestra relación con EU cambió radicalmente. Ahora somos un socio independiente, totalmente soberano y, consecuentemente, es importante que demostremos que no somos un apéndice pidiendo concesiones unilaterales sino un verdadero socio comercial. Es a este nuevo nivel que estamos negociando este TLC. Y aunque por tradición somos grandes consumidores del "made in USA" (por cada cuatro dólares que le compramos, sólo le vendemos uno) la única fórmula para balancear esta descabellada desventaja comercial es que dicho país nos abra su mercado en la misma medida como nosotros ya lo hemos hecho. No será mucho más lo que nuestro reducido poder adquisitivo podrá importar de ese mercado, pero sí mucho y diversificado lo que podremos venderles.
La tercera ronda de negociaciones se realizará del 12 al 16 de julio en Panamá y sus resultados serán cruciales para que ambos gobiernos puedan llegar en agosto a una exitosa conclusión de este largo proceso.
A inicios de los "90, Panamá no contaba con las herramientas para defenderse de prácticas injustas de comercio que perjudicaban a nuestros productores bananeros (recordar la cuota de importación impuesta en 1991 por la Unión Europea), por lo tanto, como Ministro de Comercio e Industrias me empeñé en que Panamá se equipara de los instrumentos necesarios para desenvolverse en una economía mundial que se globalizaba vertiginosamente. Con mucha oposición del sector productivo, presentamos formalmente el documento de adhesión al Acuerdo General de Tarifas y Aranceles Aduaneros, comúnmente conocido como GATT, hoy convertido en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Además, logramos iniciar el proceso de negociación para un posible acuerdo de libre comercio con Estados Unidos (EU), mediante la firma con la entonces representante de Comercio, Carla Hill, y en presencia del presidente George Bush padre, de un Acuerdo Marco en el que se establecían las reglas para comenzar a negociar un TLC entre ambos países. Por disposiciones de aquel Acuerdo Marco, y de forma consistente, representantes de ambos gobiernos se han venido reuniendo para discutir temas relacionados con el comercio, agricultura e inversión.
Quiso el destino darme una tercera oportunidad, algo poco usual en la vida, para participar, en este largo proceso de liberación comercial. No ha sido fácil volver a motivar la burocracia gubernamental y el complicado engranaje político del mercado más grande del mundo y comprometerlos, de una manera bilateral, a escuchar los intereses comerciales de una de las economías más pequeñas de la región.
Después de más de un año de arduo trabajo y con el apoyo decidido de la Presidencia, ministros, empresarios, asesores, cabilderos, congresistas y el personal de nuestra embajada en Washington, en noviembre pasado logramos que el representante de Comercio, Roberto Zoellick, anunciara que Panamá y EU iniciarían la negociación de un TLC. Aunque me sentí orgulloso, no estaba del todo satisfecho porque otros países mucho menos abiertos y globalizados que el nuestro, como Israel, Marruecos, Chile, Singapur, Centroamérica y República Dominicana, se nos habían adelantado en el proceso.
Los productores del país más globalizado de Latinoamérica, con las mejores estructuras de servicios en la región, extraordinarias facilidades marítimas, un mercado de capitales abierto, una economía dolarizada, sus comunicaciones privatizadas y una zona de comercio de clase mundial, se están aún dudando si es conveniente o no incorporarnos a este importante proceso de apertura comercial. Sólo el mes pasado fui testigo de la firma de los acuerdos de comercio de EU con Australia y con los países centroamericanos. Ambas ceremonias resultaron particularmente emotivas para quienes hemos logrado promover y acordar posiciones trascendentales de comercio. En ellas se habló no sólo de comercio, sino también de esperanza, oportunidades de negocios, inversiones y creación de empleos. Concluí que si no negociamos ahora bilateralmente, aún bajo supuestas condiciones desventajosas que algunos detractores pregonan, más adelante lo tendremos que hacer multilateralmente dentro del ALCA, y corremos el peligro de que países con mercados importantes como Brasil y Argentina, nos impongan decisiones de acuerdo a sus intereses.
Tenemos claro que nuestra mayor preocupación debe ser el sector primario y el mismo no va a ser descuidado por el gobierno panameño. El Ministerio de Comercio e Industrias, en conjunto con los mejores asesores del ramo que ha contratado, tomará posiciones favorables; y con el aporte del sector privado, se han ideado buenas fórmulas de desgravación a largo plazo y planes de ayuda técnica y económica para competir en casos que lo ameriten.
Para que las negociaciones tengan un final feliz, tenemos que trabajar duro, ser flexibles e ingeniosos, y no conformarnos con el status quo de las cosas. Entre más divididos nos presentemos a la mesa de negociación, menor será la fortaleza de nuestro equipo negociador y menos beneficios podremos alcanzar. Está puesta en Panamá la atención de inversionistas, economistas, transportistas, comerciantes y políticos internacionales. Algunos con buenos deseos de que tengamos éxito, otros con intenciones de que fracasemos. El resultado depende sólo de nosotros.
Los TLC con EU, Taiwan, El Salvador y Singapur, por sí solos, no son una panacea ni la solución a nuestras dificultades económicas; pero estamos convencidos de que a través de éstos se abrirá un nuevo abanico de oportunidades, pues no se trata de querer agarrar el pedazo más grande del pastel para un sector en particular, sino de hacer el pastel más grande para que alcance para todos los panameños.
Si somos creativos, en pocos años estos acuerdos se convertirán en la sexta columna de nuestra economía después del Canal, los puertos, la marina mercante, el centro financiero y el turismo. Ellos serán la herramienta que hará florecer una nueva generación de industriales y productores y que aumentará el crecimiento económico, el empleo y las inversiones hacia Panamá. De otra manera, les aseguro que cuando el capital encuentra barreras, o bien se desvía o nos pasa por encima, pero no se va a sentar a esperar por nosotros.
Cuando recibimos el Canal, nuestra relación con EU cambió radicalmente. Ahora somos un socio independiente, totalmente soberano y, consecuentemente, es importante que demostremos que no somos un apéndice pidiendo concesiones unilaterales sino un verdadero socio comercial. Es a este nuevo nivel que estamos negociando este TLC. Y aunque por tradición somos grandes consumidores del "made in USA" (por cada cuatro dólares que le compramos, sólo le vendemos uno) la única fórmula para balancear esta descabellada desventaja comercial es que dicho país nos abra su mercado en la misma medida como nosotros ya lo hemos hecho. No será mucho más lo que nuestro reducido poder adquisitivo podrá importar de ese mercado, pero sí mucho y diversificado lo que podremos venderles.
La tercera ronda de negociaciones se realizará del 12 al 16 de julio en Panamá y sus resultados serán cruciales para que ambos gobiernos puedan llegar en agosto a una exitosa conclusión de este largo proceso.