El legado de Clinton
Ciertamente es prematuro hablar del legado del presidente norteamericano Bill Clinton, restando aún varios meses para el final de su mandato. Sin embargo, es posible ensayar sobre los principales elementos que lo constituyen, tanto en su política exterior como en los logros de su política doméstica.
En el primero de ambos campos, se destaca su esfuerzo pacificador en los seculares conflictos árabe-israelí y de Irlanda del Norte. En cuanto al primero, logró la suscripción de un convenio de paz entre israelíes y palestinos, que ha conducido a la constitución de una autonomía árabe en la Franja de Gaza con miras a convertirse en un eventual estado independiente. Y en cuanto al segundo, fue propulsor de un acuerdo de paz entre protestantes y católicos, que contiene valiosos elementos de convivencia y cogobierno, todavía por desarrollar.
En el mismo campo, merece reconocimiento su estupendo trabajo en la multiplicidad de conflictos de las distintas nacionalidades en la exYugoeslavia, que terminó en un complejo mapa político que más parece piezas de rompecabezas. La paz resultante es frágil, como lo demostró la guerra de Kosovo; pero de todos modos es un valioso aporte que el tiempo y la comunidad internacional ayudarán a consolidar.
Menos apreciado ha sido su exitosa gestión de paz en otro conflicto fronterizo de muchas décadas, entre Ecuador y Perú, que Clinton logró solucionar mediante la firma de un convenio arbitral que al final dio la razón a Perú, con algunas limitaciones.
En el mismo sentido, aunque poco reconocida, fue su oportuna y reciente intervención en lo que se perfilaba como el reinicio de la guerra en Centroamérica, entre Nicaragua y Honduras, a raíz del reconocimiento por la última, de la soberanía de Colombia sobre la isla de San Andrés, reclamada por Nicaragua.
Hoy Clinton se encuentra empeñado en sellar la paz definitiva entre Israel y el resto de sus vecinos árabes, cuya enemistad precede a los tiempos bíblicos. El mandatario está firmemente convencido de que la llave de la paz está en lograr un acuerdo entre Israel y Siria, el cual, de conseguirse, se extendería al resto de las naciones árabes.
El otro mayor legado de Clinton es sin duda el logro de la economía de su país durante su mandato. En su decurso, Estados Unidos continúa cada semana rompiendo el récord del más prolongado período de prosperidad y crecimiento continuado de su historia. Nunca antes remontó la nación, cumbres tan altas de riqueza, productividad, prosperidad y empleos.
Durante su mandato, la Bolsa de Nueva York ha batido en varias ocasiones todos sus récords. Igual ha logrado el gobierno los primeros gigantescos superávit de su historia, en la ejecución de un presupuesto tradicional y crónicamente deficitario. Ello no se habría logrado sin estabilidad, firmeza y confianza en un diestro liderazgo.
En el primero de ambos campos, se destaca su esfuerzo pacificador en los seculares conflictos árabe-israelí y de Irlanda del Norte. En cuanto al primero, logró la suscripción de un convenio de paz entre israelíes y palestinos, que ha conducido a la constitución de una autonomía árabe en la Franja de Gaza con miras a convertirse en un eventual estado independiente. Y en cuanto al segundo, fue propulsor de un acuerdo de paz entre protestantes y católicos, que contiene valiosos elementos de convivencia y cogobierno, todavía por desarrollar.
En el mismo campo, merece reconocimiento su estupendo trabajo en la multiplicidad de conflictos de las distintas nacionalidades en la exYugoeslavia, que terminó en un complejo mapa político que más parece piezas de rompecabezas. La paz resultante es frágil, como lo demostró la guerra de Kosovo; pero de todos modos es un valioso aporte que el tiempo y la comunidad internacional ayudarán a consolidar.
Menos apreciado ha sido su exitosa gestión de paz en otro conflicto fronterizo de muchas décadas, entre Ecuador y Perú, que Clinton logró solucionar mediante la firma de un convenio arbitral que al final dio la razón a Perú, con algunas limitaciones.
En el mismo sentido, aunque poco reconocida, fue su oportuna y reciente intervención en lo que se perfilaba como el reinicio de la guerra en Centroamérica, entre Nicaragua y Honduras, a raíz del reconocimiento por la última, de la soberanía de Colombia sobre la isla de San Andrés, reclamada por Nicaragua.
Hoy Clinton se encuentra empeñado en sellar la paz definitiva entre Israel y el resto de sus vecinos árabes, cuya enemistad precede a los tiempos bíblicos. El mandatario está firmemente convencido de que la llave de la paz está en lograr un acuerdo entre Israel y Siria, el cual, de conseguirse, se extendería al resto de las naciones árabes.
El otro mayor legado de Clinton es sin duda el logro de la economía de su país durante su mandato. En su decurso, Estados Unidos continúa cada semana rompiendo el récord del más prolongado período de prosperidad y crecimiento continuado de su historia. Nunca antes remontó la nación, cumbres tan altas de riqueza, productividad, prosperidad y empleos.
Durante su mandato, la Bolsa de Nueva York ha batido en varias ocasiones todos sus récords. Igual ha logrado el gobierno los primeros gigantescos superávit de su historia, en la ejecución de un presupuesto tradicional y crónicamente deficitario. Ello no se habría logrado sin estabilidad, firmeza y confianza en un diestro liderazgo.