El legado de Harmodio y Arnulfo Arias Madrid
(Palabras en el acto de inauguración del Museo Arias Madrid, Penonomé, Coclé). "Cuando pensaba en las palabras más apropiadas para este acto, venían a mi memoria tantas ideas y recuerdos de aquellos momentos que pasé junto a Arnulfo Arias; tantas experiencias y situaciones vividas, cada una de ellas plenamente válidas como para justificar este proyecto, que hemos hecho con tanto amor y compromiso, y que tiene como único propósito, ofrecerle al pueblo panameño, al de hoy y al de mañana, todo ese caudal de elementos de diversa índole, que fueron parte de la vida pública de dos de los más grandes hombres que ha dado la nación panameña. Pero para entender la verdadera trascendencia de este acto y la importancia de lo que aquí se ofrece, tendríamos que conocer y valorar el entorno que se vivía muy cerca de aquí, en aquellos años de fines del siglo XIX e inicios del XX, cuando al hogar de Antonio Arias y Carmen Madrid, llegaban Harmodio y Arnulfo predestinados por la Providencia para marcar con sus haceres, la misma historia de la patria.
En efecto, los hermanos Arias Madrid llegan al mundo, dentro del entorno de una familia arraigada sólidamente al campo, profundamente culta e intensamente trabajadora, que sin repudiar el valor del comercio, la agricultura o la ganadería como medio de subsistencia, entendió y valoró la importancia de ofrecer a sus hijos una educación que para aquella época estaba reservada casi exclusivamente para las familias adineradas de la capital.
De esta forma, sin permitir que el sacrificio de Antonio y Carmen fuese derrochado, esos dos muchachos, que como decía Arnulfo, apreciaban el "proceder de una familia sencilla y humilde, que trabajó y crió a sus hijos con las alternativas de la felicidad y el dolor entre las riberas del Río Grande y el Río Zaratí"; aprovecharon excepcionalmente cada una de las oportunidades que le fueron ofrecidas, hasta lograr los más importantes y conspicuos títulos universitarios en las disciplinas del derecho y la medicina.
Así llegan, primero Harmodio, de sólo 25 años, para iniciarse inmediatamente y con igual, ímpetu, eficiencia y entrega, al servicio público ejerciendo el cargo de Subsecretario de Relaciones Exteriores, a la docencia universitaria, y en el campo de la práctica privada, fundando su estudio legal, el cual rápidamente llegaría a convertirse en uno de los más importantes en la actividad profesional, tanto en el plano local como internacional.
Arnulfo, por su parte, y gracias al apoyo de su hermano mayor, también aprovecha con creces cada minuto de instrucción superior, para convertirse a la misma edad de 25, en uno de los médicos mejor preparados de la República, iniciando de inmediato la práctica privada, a la vez que prestaba servicios en el Hospital Santo Tomás y servía como docente de higiene y salud.
Vinculados al interés político en función de importantes factores humanos, como la formación moral y cultural inculcada por sus padres, el conocimiento en carne propia de las necesidades de las comunidades rurales y su derecho de acceder al progreso y el bienestar social, ambos hermanos incursionan a temprana edad en los movimientos políticos que exigían cambios de actitud y mayor participación democrática a los gobernantes de turno.
Era la época de Acción Comunal, un movimiento revolucionario de un grupo de intelectuales panameños, en respuesta a un esquema político desgastado, que actuaba exclusivamente en función de intereses económicos particulares, mientras ignoraba los enormes problemas sociales, y era incapaz de producir aquellos cambios que permitieran el acceso de las mayorías nacionales a las oportunidades del desarrollo.
Con estos antecedentes llega el alzamiento cívico de aquel memorable 2 de enero de 1931, acontecimiento que se convierte en la catapulta de lanza a los hermanos Arias Madrid al liderazgo nacional y así, a convertirse ambos, en actores esenciales de una parte importante de la historia nacional.
A partir de aquel histórico momento, como decía el Dr. Arnulfo Arias, el destino los había marcado y sería éste el que definiría los acontecimientos y sus consecuencias. Así llegaría primero Harmodio y luego Arnulfo a la Presidencia de la República, para cambiar y redirigir con su actuación el rumbo de la historia nacional.
Mientras Harmodio Arias consolidaba su personalidad en el ambiente público y privado, el liderazgo de Arnulfo Arias crecía incontroladamente y su arraigo apabullante en la sociedad panameña, particularmente aquélla de los sectores humildes y las zonas rurales, era observado con preocupación y temor por sus adversarios, quienes veían cernirse claros peligros en contra de sus intereses.
El compromiso que Arnulfo Arias asumió a través de una profunda reforma política, caracterizada por su apreciación y compromiso con los valores del trabajo, del patriotismo, de la cultura, de la nacionalidad, fueron capaces de convertirlo en el mayor líder político que ha dado nuestra historia, y sin cansarnos de decirlo alto y claro, cinco veces Presidente de la República.
Ese gran hombre, cuyo máximo orgullo fue ser simplemente el más humilde servidor de la nación panameña, nunca demandó nada para sí, nunca exigió ni reclamó prebendas ni beneficios personales, ni a sus copartidarios ni al Estado, que dirigió con honor, entereza y creatividad.
Para mí, como compañera de Arnulfo Arias, como parte de esta familia y como miembro de este movimiento político, me llena de satisfacción ver cómo el amor y el respeto por la memoria de Harmodio y Arnulfo Arias, han permitido hacer de este objetivo una feliz realidad.
A los miembros de la Fundación Arias Madrid y a los colaboradores en esta obra, ofrezcámosle nuestro eterno agradecimiento.
Queridas amigas y amigos: el Museo Arias Madrid será un bien muy valioso para este país, pero será, además, la fuente de un compromiso que unirá a todos a quienes nos vincula la memoria de estos dos grandes hombres. el compromiso de servir a la nación, de cultivar nuestros valores, de hacerla orgullosa de su historia y cultura, de ser productivos y eficientes; de ser, sobre todo, hombres y mujeres de bien, y estar siempre al servicio de la patria.
Qué mejor tributo podemos brindarle que cumplir con su deseo y ofrecer a Panamá y al mundo este museo que servirá para mantener viva permanentemente su memoria y ese legado maravilloso que nos dejaron Harmodio y Arnulfo Arias Madrid".
En efecto, los hermanos Arias Madrid llegan al mundo, dentro del entorno de una familia arraigada sólidamente al campo, profundamente culta e intensamente trabajadora, que sin repudiar el valor del comercio, la agricultura o la ganadería como medio de subsistencia, entendió y valoró la importancia de ofrecer a sus hijos una educación que para aquella época estaba reservada casi exclusivamente para las familias adineradas de la capital.
De esta forma, sin permitir que el sacrificio de Antonio y Carmen fuese derrochado, esos dos muchachos, que como decía Arnulfo, apreciaban el "proceder de una familia sencilla y humilde, que trabajó y crió a sus hijos con las alternativas de la felicidad y el dolor entre las riberas del Río Grande y el Río Zaratí"; aprovecharon excepcionalmente cada una de las oportunidades que le fueron ofrecidas, hasta lograr los más importantes y conspicuos títulos universitarios en las disciplinas del derecho y la medicina.
Así llegan, primero Harmodio, de sólo 25 años, para iniciarse inmediatamente y con igual, ímpetu, eficiencia y entrega, al servicio público ejerciendo el cargo de Subsecretario de Relaciones Exteriores, a la docencia universitaria, y en el campo de la práctica privada, fundando su estudio legal, el cual rápidamente llegaría a convertirse en uno de los más importantes en la actividad profesional, tanto en el plano local como internacional.
Arnulfo, por su parte, y gracias al apoyo de su hermano mayor, también aprovecha con creces cada minuto de instrucción superior, para convertirse a la misma edad de 25, en uno de los médicos mejor preparados de la República, iniciando de inmediato la práctica privada, a la vez que prestaba servicios en el Hospital Santo Tomás y servía como docente de higiene y salud.
Vinculados al interés político en función de importantes factores humanos, como la formación moral y cultural inculcada por sus padres, el conocimiento en carne propia de las necesidades de las comunidades rurales y su derecho de acceder al progreso y el bienestar social, ambos hermanos incursionan a temprana edad en los movimientos políticos que exigían cambios de actitud y mayor participación democrática a los gobernantes de turno.
Era la época de Acción Comunal, un movimiento revolucionario de un grupo de intelectuales panameños, en respuesta a un esquema político desgastado, que actuaba exclusivamente en función de intereses económicos particulares, mientras ignoraba los enormes problemas sociales, y era incapaz de producir aquellos cambios que permitieran el acceso de las mayorías nacionales a las oportunidades del desarrollo.
Con estos antecedentes llega el alzamiento cívico de aquel memorable 2 de enero de 1931, acontecimiento que se convierte en la catapulta de lanza a los hermanos Arias Madrid al liderazgo nacional y así, a convertirse ambos, en actores esenciales de una parte importante de la historia nacional.
A partir de aquel histórico momento, como decía el Dr. Arnulfo Arias, el destino los había marcado y sería éste el que definiría los acontecimientos y sus consecuencias. Así llegaría primero Harmodio y luego Arnulfo a la Presidencia de la República, para cambiar y redirigir con su actuación el rumbo de la historia nacional.
Mientras Harmodio Arias consolidaba su personalidad en el ambiente público y privado, el liderazgo de Arnulfo Arias crecía incontroladamente y su arraigo apabullante en la sociedad panameña, particularmente aquélla de los sectores humildes y las zonas rurales, era observado con preocupación y temor por sus adversarios, quienes veían cernirse claros peligros en contra de sus intereses.
El compromiso que Arnulfo Arias asumió a través de una profunda reforma política, caracterizada por su apreciación y compromiso con los valores del trabajo, del patriotismo, de la cultura, de la nacionalidad, fueron capaces de convertirlo en el mayor líder político que ha dado nuestra historia, y sin cansarnos de decirlo alto y claro, cinco veces Presidente de la República.
Ese gran hombre, cuyo máximo orgullo fue ser simplemente el más humilde servidor de la nación panameña, nunca demandó nada para sí, nunca exigió ni reclamó prebendas ni beneficios personales, ni a sus copartidarios ni al Estado, que dirigió con honor, entereza y creatividad.
Para mí, como compañera de Arnulfo Arias, como parte de esta familia y como miembro de este movimiento político, me llena de satisfacción ver cómo el amor y el respeto por la memoria de Harmodio y Arnulfo Arias, han permitido hacer de este objetivo una feliz realidad.
A los miembros de la Fundación Arias Madrid y a los colaboradores en esta obra, ofrezcámosle nuestro eterno agradecimiento.
Queridas amigas y amigos: el Museo Arias Madrid será un bien muy valioso para este país, pero será, además, la fuente de un compromiso que unirá a todos a quienes nos vincula la memoria de estos dos grandes hombres. el compromiso de servir a la nación, de cultivar nuestros valores, de hacerla orgullosa de su historia y cultura, de ser productivos y eficientes; de ser, sobre todo, hombres y mujeres de bien, y estar siempre al servicio de la patria.
Qué mejor tributo podemos brindarle que cumplir con su deseo y ofrecer a Panamá y al mundo este museo que servirá para mantener viva permanentemente su memoria y ese legado maravilloso que nos dejaron Harmodio y Arnulfo Arias Madrid".