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El legado histórico del 9 de enero y sus proyecciones


Resaltábamos en "Mis recuerdos del 9 de enero", que la gesta institutora al demandar el cumplimiento de la Ley de las dos Banderas en el High School de Balboa y la sangre de los mártires de enero fueron la semilla fecunda de la unidad nacional en torno al tema: "Un sólo territorio, una sola bandera"; el mismo orientaría la conciencia nacional patriótica, a lo largo de barios procesos negociadores, hasta lograr hacerse realidad, el 31 de diciembre de 1999, al revertir en forma total el canal y sus áreas aledañas. Todo muy hermoso, casi como un sueño, que aquel 9 de enero del 64 parecía tan difícil y lejano. Los actos de celebración fueron dignos, emocionantes, propios de un pueblo con dignidad y sentido de soberanía.
Pero, hoy, al iniciarse una nueva centuria, pareciera que el común de los panameños no ha tomado conciencia plena de lo que significa la reversión del Canal a la propiedad y usufructo exclusivo de Panamá ¡Somos un país rico!, o al menos potencialmente rico, si logramos, inteligentemente, sacar provecho de las virtualidades que significa la posesión de la gran vía acuática!. No sólo contará el Estado con los recursos económicos derivados directamente de la operación del Canal, en cuestión de peajes y otros beneficios; algunos proveén la creación de una nueva y gran empleomanía en las empresas a fundarse en las riveras del Canal. Pareciera estar produciéndose ya cierto sordo forcejeo relacionado con las grandes obras previstas para la adecuación del Canal a las nuevas exigencias del milenio. Piénsese en la enorme inversión para construir un tercer juego de esclusas para los grandes buques Panamax o para construir un nuevo puente sobre el canal o un túnel bajo el mismo. Estas inversiones parecerían estar más allá de las posibilidades del propio empresariado istmeño. ¿Quiénes las asumirían, entonces? ¿Serán éstos capitales de la China Continental o de Taiwán o de Japón, o de la Unión Europea?.
Se presume que los norteamericanos insistirán en querer perfeccionar y ampliar la obra canalera iniciada a principios del siglo pasado; mas ¿no requerirán acaso, empresas filiales nacionales sea para disminuir su carga impositiva, o para pagar salarios en una escala más baja que la usual en los Estados Unidos?. Estas son algunas de las preguntas que junto con las relativas a la seguridad del Canal y del país, habrá que responder en el corto plazo.
Mas, mientras el conjunto del pueblo más consciente se hizo presente física o espiritualmente en los actos del 31 de diciembre y celebró con sentido histórico el perfeccionamiento del Estado Nacional y se emocionó con los valientes jóvenes institutores y con los familiares de los mártires del 64, al ver ondear "una sola bandera en un sólo territorio", muchos se fueron a las playas o se quedaron en sus casas como si ese hubiese sido un día cualquiera. También hay otros que están calculando, para sacar el mayor provecho en el menor tiempo posible, a las actividades económicas derivadas del Canal. Y no es que sea malo preocuparse por invertir en la nueva coyuntura. Al contrario; ojalá puedan ser panameños los principales inversionistas para las nuevas obras del Canal.
En verdad, todos debiéramos acercarnos con una actitud, casi diría yo reverencial, al tema de la nueva coyuntura que está enfrentando el país a partir del 31 de diciembre. Los dirigentes de los partidos políticos, los empresarios, los profesionales, los trabajadores, los del interior- que tan poco se han beneficiado con el auge canalero; los universitarios y los jóvenes de este país, todos, debiéramos ver esta fecha, no ya como una fecha mítica, como el año 2,000; no ya un pretexto para slogans desfasados, sino como un hito que nos permita avanzar en las tareas de consolidar un país realmente democrático, una sociedad más justa y fraterna, que elimine "las causas del conflicto"; no ya lo relacionado con el Canal, felizmente ya resueltas, sino las causas del conflicto social y político que se nos vendrá encima, si no resolvemos el problema de la pobreza, tanto de la economía como de la moral y cultura, que hoy agobia a la mayoría de los panameños. ¿Podrá lograrse la unidad nacional, nuevamente, esta vez, en torno al combate en contra de la pobreza?.
Sin pretender en absoluto politizar el manejo del canal, ahora "que es nuestro", el mismo debe integrarse, junto con las áreas revertidas, a un gran plan nacional de desarrollo, basado en una amplia agenda política, para llegar a hacer compatible el viejo lema del "pro mundi beneficio" - por el que nos sacrificamos en aras de intereses no necesariamente nuestros, con el legado de los mártires de enero: Un sólo territorio, una sola bandera, con un país solidariamente desarrollado.

101 años de Panamá América

 
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