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El legislador panameño


Sería completamente injusto generalizar la mala conducta de los legisladores por culpa de unos cuantos. Existen legisladores que le hacen honor a la confianza de sus electores, a la vestimenta que presumen y a la función que desempeñan en nombre de las leyes y la patria. Sin embargo, otros constituyen una ignominia pública por sus acciones, según los últimos acontecimientos políticos. Es muy natural que en todo estamento representativo de la sociedad existan elementos que no le hacen honor a su responsabilidad. A pesar que la posición de legislador es una de las más representativas en la vida de la nación, algunos le deshonran su imagen, su prestigio y su personalidad.
El desprestigio de la Asamblea Legislativa, por culpa de los malos legisladores, ha llegado a tal extremo de perder la confianza, la estima y el respeto de la sociedad al estar escuchando en los corrillos, en los centros humorísticos y plazas públicas los cuestionamientos, comentarios y comparaciones deshonestas e irrespetuosas por culpa de la imagen que le han figurado a ese importante órgano del Estado; es decir, la sociedad panameña califica a la actividad política como si fuera el negocio de las drogas y del lavado de dinero. Con todo que la política es tan indispensable e imprescindible en la vida y el destino de la nación, los malos políticos al frente del parlamento la han tomado como un botín de riquezas y conveniencias por medio de sus maniobras políticas. Tenemos que entender que detrás de cada legislador existe un partido político. Es más penoso para la patria observar la conducta de algunos legisladores, a pesar que son unos de los mejores pagados en América Latina. Se hace necesario que los panameños, sobretodo las clases marginadas, se dediquen a elevar su grado de cultura política en la escogencia de los nuevos padres de la patria, en vista que algunos pretenden atrevidamente reelegirse.

101 años de Panamá América

 
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