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"El libre de culpa que lance...la piedra"


Desde los inicios de la República han sucedido muchos presidentes y todos, unos más, otros menos, nos han dejado alguna obra, ¿cierto? Pero hacer ver que los últimos dos a cuatro años es la maravilla no vista, ¡por favor! El despilfarro, corrupción, desempleo y demás lo ve hasta un ciego. ¿Hasta cuándo creerán que nos hacen favores? Si los elegimos, es para que sirvan al país.
Pareciera que algunos políticos creen que aún estamos en taparrabos. Qué equivocados. Da pena ver lo que hacen para captar votos. Cómo pueden hablar de sucesos pasados, que si bien sucedieron, son agua pasada que no mueve molinos, y lo que deseamos son soluciones que favorezcan a las comunidades. Qué fácil es proponer, lo difícil es hacer, y más cuando son los mismos politiqueros que ya han estado en el poder y nos darían de lo mismo, quizás, hasta peor. Hay hechos históricos que nos hablan de lo que en el poder hacían, como si fuera su hacienda, lo que se les venía en ganas. Gracias a Dios esos períodos fueron cortos, sino qué hubiera sido de los negros, chinos, liberales, estuvieran comiendo yuca con miel y alumbrándonos con guaricha.
Ahora, el bien más grande de Panamá, el Canal, ¡cómo gusta! Antes hasta el nombre de los Tratados les repugnaba, como también conquistas como el XIII mes, viviendas (para gente humilde), becas en IFARHU que a muchos han beneficiado y de eso no se habla, ni se acuerda. A criterio de algunos es prohibido olvidar y siempre recordar, entonces, qué será del futuro si nos quedamos recordando el pasado. Estando las cosas así, se puede deducir que no aprenden de Cristo Jesús que perdonó a la adultera. ¡Ah!, pero ellos sí se atreven a tirar piedra. ¡Ojo! Cuidado les rebota.
En consecuencia, más que especular, anatemar o sollozar, el espectador, en este caso los panameños, deberíamos reflexionar con mucho más profundidad en torno a la llamada tragedia del Calvario, particularmente en estos tiempos en que el país se aboca a uno de esos momentos decisivos de su historia, como lo son las próximas elecciones generales. Hemos de reflejarnos, para bien o para mal, en cada uno de los pasos transitados por Jesucristo en sus crueles y últimas doce horas.
Allí veremos las pupilas de cada uno: los que van a los templos con rostros plañideros y de arrepentimientos relativos, para al minuto siguiente destrozar los juramentos.
Aquellos que oran por la justicia y la pobreza de los demás, para seguir exacerbando el egoísmo, haciendo de Panamá uno de los países con mayor desigualdad en el Continente, en medio de enormes fortunas.
Quisiera pensar que quienes a la fecha han dejado en las taquillas de los cines del mundo cientos de millones de dólares, aprendieron el hondo significado del sufrimiento, nada más y nada menos, que del Hijo de Dios. De los miles que todavía sufren la intolerancia, la opresión, la tortura y el destierro, o el exterminio por el hambre, la cibernética guerrerista, física o mediática de millones de seres humanos, en todas partes del mundo, sobre todo niños, hijos igualmente de Dios.
De poco y nada valdrán, pues, nuestros pasajeros y quejumbrosos gemidos ante los azotes y la crucifixión fílmica o real del Maestro, las peregrinaciones, las grotescas representaciones "en vivo", así como y los golpes de pechos en Semana Santa, si al cabo y como quien dice "antes que cante el gallo", el 2 de mayo próximo persistimos en la mentira, la corrupción y la desvergüenza.
Que ese mismo Dios, nos ilumine.
*El autor es Presidente de la Red de Periodistas Ambientalistas de Panamá -REDPA -
(adagal43@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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