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El límite del amor


En la revista "Mundo Social" apareció publicado el artículo: "El límite del amor", escrito por Alvaro González Clare. Me deleitó porque forma parte de mis temas favoritos. A sus preguntas, a sus inquietudes y a él personalmente, aunque no he tenido el placer de conocerlo, van dirigidas las líneas que siguen, de una manera sencilla, pero sentida y vivida.
El amor no tiene límite, es la respuesta al problema de la existencia humana; es un arte que requiere conocimiento y esfuerzo. Cuando dos personas desconocidas eliminan las barreras que los separa y se constituyen en una unidad, han forjado lo más estimulante y excitante de la vida, y la esencia del propio ser no cambia.
El amor es tolerante y por eso no permite, ni destruye, la integridad física y mental de cada uno. El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es una continuación de momentos puros; es un dar. Como humanos, tenemos momentos de intranquilidad, de discusión, de no compartir ideas. Todas estas peculiaridades desaparecen en una reconciliación, una entrega, la cual hace superlativo al amor.
El amor de los padres hacia sus hijos es una bendición. El amor de la madre, sobre todo, significa dicha, paz; no hace falta conseguirlo ni merecerlo. El padre, aunque más pasivo, es tolerante. Los hijos llegan a realizar esa bendición cuando ellos a su vez se convierten en padres. Ese lazo que los unía llega a ser una actitud mucho, pero mucho más fuerte que el acero mismo. "En esa evolución de la relación centrada en los padres se encuentra la base de la salud mental. Si se puede decir a alguien "Te Amo", debo poder decir amo a todos en ti; amo al mundo, también a mí mismo", decía Eric Fromm.
El amor fraternal es el amor a todos los seres humanos. La Biblia lo simplifica cuando dice "ama a tu prójimo como a ti mismo". El amor conyugal, ese por el cual se entrega uno al otro, sin limitaciones de tiempo y espacio, llega a ser al final del camino, lo más exquisito, lo más delirante, el compendio de todos los amores juntos. Lo he vivido, lo he gozado por más de medio siglo, y créame, es un placer poder hablar de ello.

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