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El Loco: ¡la injusticia extrema!


Dicen los refranes populares que " Valen más dos capones que dos buenas razones", y que "al perro más flaco se le pegan las pulgas". Con estas breves líneas refraneras, quiero compartir con ustedes dos de las parábolas que integran una de las obras más controversiales de entre tantas que he leído desde mi más temprana edad, titulada: El Loco, y que ahora con la visual o el prisma de un adulto entiendo con mayor cacumen.
El Loco es una obra maestra de la literatura universal que contiene una serie de 35 parábolas y poemas del escritor libanés Gibran Jail Gibran (1883 - 1931), con traducción del idioma inglés al español por el arquitecto Leonardo S. Kaim. Siendo ésta su primera obra escrita en el idioma inglés en 1918, ya que sus anteriores obras las escribió en árabe.
Los dos cuentos que comparto con ustedes expresan con total claridad el pensamiento de Gibran Jail Gibran, obras que nos llevan a una meditación profunda de lo que es en realidad la vida, para profundizar en los eternos problemas del hombre sin sujetarnos a tiempo, ni a espacios determinados.
Ambos cuentos llevan como título: "Me preguntáis cómo me volví loco", y "Guerra", los cuales se plasman así:
"Me preguntáis cómo me volví loco". Fue así: Un día, mucho antes de que naciesen varios dioses, desperté de un profundo sueño y hallé que se habían robado todas mis máscaras, las siete más caras que yo modelé y usé durante siete vidas.
Y ya sin máscaras, corrí por las populosas calles gritando: "¡Ladrones!...¡Ladrones!...¡Malditos ladrones!".
Hombres y mujeres riéronse, y algunos corrieron a sus casas temerosos de mí. Y cuando llegué a la plaza pública, un joven parado en lo alto de un tejado, gritó: "¡Es un loco!" Alcé la vista para mirarlo; el sol besó mi desnudo rostro por vez primera. Por vez primera el sol besó mi desnudo rostro y mi alma se inflamó de amor por el sol, y nunca más deseé mis máscaras. Y como en éxtasis, clamé. ¡Benditos, benditos los ladrones que robaron mis máscaras!"
Así fue como me volví loco. Y en mi locura hallé libertad y salvación; la libertad del aislamiento y la salvación de no ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo en nosotros. Empero evitad que me vuelva orgulloso de mi salvación. Ni siquiera un ladrón en una cárcel está a salvo de otro ladrón.
La parábola que lleva como título "Guerra" narra la siguiente historia que a mí me dejó perplejo la primera vez que la leí y acompañado de un sentimiento de impotencia y de frustración al ver lo injusto que había sido la decisión del príncipe del palacio que alude la historia.
Guerra: Una noche había fiesta en el palacio; y allí entró un hombre que se prosternó ante el príncipe, y todos los convidados le miraron; y vieron que uno de sus ojos estaba saltado y que la cuenca vacía sangraba. Y el príncipe le preguntó: "¿Qué te ha sucedido?" Y el hombre respondió: "Oh príncipe, mi oficio es ser ladrón, y esta noche, viendo que no hay luna, fui a robar la casa del cambista, y cuando me trepé para entrar por la ventana, me equivoqué y entré en el taller del tejedor; pero en la oscuridad tropecé con el telar y se me saltó el ojo. Y ahora, oh príncipe, vengo a pedir justicia contra el tejedor".
Entonces el príncipe mandó llamar al tejedor, el cual vino; y en el acto ordenó que le arrancasen uno de sus ojos.
"Oh príncipe, dijo el tejedor, el decreto es justo. Está bien que uno de mis ojos sea sacado. Mas, ¡hay de mí!. Ambos me son necesarios para que pueda ver los dos lados de la tela que tejo. Pero tengo un vecino, un zapatero, que tiene sanos los dos ojos, y para su oficio no ha menester de ambos". Entonces el príncipe mandó llamar al zapatero. Vino éste y le fue arrancado un ojo.¡Y la justicia fue hecha!
Bueno,al igual que usted, yo también quedé desconcertado. Sólo a manera de resumen; de estos cuentos puedo concluir de acuerdo a la retórica de Platón cuando señala en su discurso la República o de la Justicia, tocante a lo injusto lo siguiente: "(...) Y al decir esto, me refiero al que antes nombraba; es decir, al que disfruta de un gran poder; considérale con atención, si quieres llegar a discernir cuánto más le conviene, por su propio interés, ser injusto que justo. Y lo conocerás todavía mejor si tu punto de vista se fija en la injusticia extrema, la que hace más feliz al más injusto, y más desgraciados a los que padecen la injusticia y son incapaces de cometerla", "(...) Y así Sócrates, la injusticia, llevada a su punto máximo, es más fuerte, más libre y más poderosa que la justicia, y, como decía al principio lo justo resulta ser lo que conviene al más fuerte, y lo injusto, en cambio, lo ventajosos y conveniente para uno mismo.
(intercriminis_2@starmedia.com)

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