El "long boom" y la nueva "belle époque"
Ciudad de México (AIPE) - La economía de Estados Unidos lleva ya 107 meses de continuo crecimiento. Un fenómeno sin precedentes en la historia de los últimos dos siglos. Esa robusta economía no sólo ha esta creciendo sin interrupción por casi nueve años sino que sus tasas son asombrosas para una economía madura. El último trimestre su crecimiento sobrepasó el 5,2 por ciento. Este continuo crecimiento de Estados Unidos y la ausencia de nubarrones estructurales graves en el horizonte permiten prever un mundo en paz y cada día más rico. Un mundo en el que los avances tecnológicos permitirán crear riqueza aceleradamente. Un "long boom" que ya esta dando paso a una nueva "belle époque" global que no habrá de terminar con una guerra mundial como en 1914.
En la primera "belle époque", México tuvo su parte. Mientras Europa y Estados Unidos crecían aceleradamente, México logró construir las primeras bases de su modernización. Después del desastre sufrido a partir de la independencia, 75 años de guerras y revoluciones, rebeliones, motines y asonadas, el presidente Porfirio Díaz logró la pacificación del país y así aprovechar las condiciones internacionales para modernizar México. El capital extranjero encontró condiciones apropiadas en nuestro país y comenzó a fluir. La nación abrió sus puertas a la inmigración y miles de hombres y mujeres llegaron de otras partes para aportar sus habilidades y aprovechar las oportunidades que el país les ofrecía. La industria y el comercio florecieron. Se construyó la red ferroviaria. Se abrieron nuevos puertos a la navegación. México volvió a ser exportador. El gobierno de Díaz logró poner en orden las finanzas públicas del país. En este período logramos recuperar parte de lo que habíamos perdido. Nuestro ingreso por habitante se recuperó y llegó a ser casi una cuarta parte del de los estadounidenses.
Aquella "belle époque" en el mundo terminó con el asesinato de Sarajevo y el inicio de la Gran Guerra Europea en 1914. Aquí en México se nos acabó con la "decena trágica" y la "rebelión carrancista" de 1913. Hoy, el mundo vive una segunda época de paz y crecimiento acelerado. El colapso de la Unión Soviética en 1991 dejó a Estados Unidos como la única potencia global. Europa y Japón no son competidores reales de Estados Unidos. China y la India -aun cuando están creciendo aceleradamente- no significan tampoco un peligro en el futuro cercano. Hoy se puede asegurar que durante los próximos veinte años no habrá cambios dramáticos en esta situación. El mundo tiene al menos veinte años de paz y crecimiento económico por delante.
México comenzó su segunda modernización en 1986. La apertura comercial iniciada durante la segunda mitad del gobierno del presidente De la Madrid y las reformas de fondo impulsadas por el presidente Salinas entre 1988 y 1994 pusieron a México en condiciones de aprovechar las favorables condiciones internacionales. Por desgracia los "errores de diciembre de 1994" sumieron a México en una crisis tal que el gobierno de Zedillo sólo ha podido dedicarse en realidad a tratar de recomponer lo que descompuso él mismo hace seis años. Apenas estamos hoy en el mismo lugar que el 30 de noviembre de 1994. Un sexenio perdido. Pero el mundo, mientras tanto, sigue en paz y creciendo aceleradamente.
Este año los mexicanos tendremos la oportunidad de decidir sobre nuestro futuro. La alternativa es muy clara. Podemos decidir que toda va bien y seguir por el mismo camino que hemos andado estos últimos seis años. Crisis. Corrupción e impunidad. Inseguridad. Problemas sin resolver que se acumulan. Un crecimiento mediocre que no llega a tres por ciento en promedio en el mejor de los casos y que no alcanza a desbordarse para beneficiar a los 66 millones de pobres que hoy tenemos. Del otro lado, cambiar para generar las condiciones que nos permitan crecer aceleradamente y aprovechar el "long boom" global. Establecer el "estado de derecho" que no el "derecho del estado". Garantizar la propiedad individual para convertir a México en un país de propietarios, no de proletarios. Nacionalizar otra vez el petróleo y la electricidad para que ahora sí los mexicanos seamos los dueños verdaderos y no la corrupta burocracia del estado que hoy los administra para su beneficio. Reivindicar el derecho que los padres tienen para decidir sobre la educación de sus hijos y apoyar la iniciativa personal de los individuos. Si nos decidimos por el cambio, podremos crecer aceleradamente. Siete por ciento es el mínimo que necesitamos y sin duda lo podemos lograr si nos decidimos a cambiar.
El "long boom", la "gran ola", que el mundo vive hoy -si sabemos aprovecharlo- puede impulsarnos con fuerza para acabar con la pobreza que existe en México y generar la riqueza y el bienestar que los mexicanos hemos buscado inútilmente por tanto tiempo.
Investigador del Centro de Investigación para el Desarrollo AC.
En la primera "belle époque", México tuvo su parte. Mientras Europa y Estados Unidos crecían aceleradamente, México logró construir las primeras bases de su modernización. Después del desastre sufrido a partir de la independencia, 75 años de guerras y revoluciones, rebeliones, motines y asonadas, el presidente Porfirio Díaz logró la pacificación del país y así aprovechar las condiciones internacionales para modernizar México. El capital extranjero encontró condiciones apropiadas en nuestro país y comenzó a fluir. La nación abrió sus puertas a la inmigración y miles de hombres y mujeres llegaron de otras partes para aportar sus habilidades y aprovechar las oportunidades que el país les ofrecía. La industria y el comercio florecieron. Se construyó la red ferroviaria. Se abrieron nuevos puertos a la navegación. México volvió a ser exportador. El gobierno de Díaz logró poner en orden las finanzas públicas del país. En este período logramos recuperar parte de lo que habíamos perdido. Nuestro ingreso por habitante se recuperó y llegó a ser casi una cuarta parte del de los estadounidenses.
Aquella "belle époque" en el mundo terminó con el asesinato de Sarajevo y el inicio de la Gran Guerra Europea en 1914. Aquí en México se nos acabó con la "decena trágica" y la "rebelión carrancista" de 1913. Hoy, el mundo vive una segunda época de paz y crecimiento acelerado. El colapso de la Unión Soviética en 1991 dejó a Estados Unidos como la única potencia global. Europa y Japón no son competidores reales de Estados Unidos. China y la India -aun cuando están creciendo aceleradamente- no significan tampoco un peligro en el futuro cercano. Hoy se puede asegurar que durante los próximos veinte años no habrá cambios dramáticos en esta situación. El mundo tiene al menos veinte años de paz y crecimiento económico por delante.
México comenzó su segunda modernización en 1986. La apertura comercial iniciada durante la segunda mitad del gobierno del presidente De la Madrid y las reformas de fondo impulsadas por el presidente Salinas entre 1988 y 1994 pusieron a México en condiciones de aprovechar las favorables condiciones internacionales. Por desgracia los "errores de diciembre de 1994" sumieron a México en una crisis tal que el gobierno de Zedillo sólo ha podido dedicarse en realidad a tratar de recomponer lo que descompuso él mismo hace seis años. Apenas estamos hoy en el mismo lugar que el 30 de noviembre de 1994. Un sexenio perdido. Pero el mundo, mientras tanto, sigue en paz y creciendo aceleradamente.
Este año los mexicanos tendremos la oportunidad de decidir sobre nuestro futuro. La alternativa es muy clara. Podemos decidir que toda va bien y seguir por el mismo camino que hemos andado estos últimos seis años. Crisis. Corrupción e impunidad. Inseguridad. Problemas sin resolver que se acumulan. Un crecimiento mediocre que no llega a tres por ciento en promedio en el mejor de los casos y que no alcanza a desbordarse para beneficiar a los 66 millones de pobres que hoy tenemos. Del otro lado, cambiar para generar las condiciones que nos permitan crecer aceleradamente y aprovechar el "long boom" global. Establecer el "estado de derecho" que no el "derecho del estado". Garantizar la propiedad individual para convertir a México en un país de propietarios, no de proletarios. Nacionalizar otra vez el petróleo y la electricidad para que ahora sí los mexicanos seamos los dueños verdaderos y no la corrupta burocracia del estado que hoy los administra para su beneficio. Reivindicar el derecho que los padres tienen para decidir sobre la educación de sus hijos y apoyar la iniciativa personal de los individuos. Si nos decidimos por el cambio, podremos crecer aceleradamente. Siete por ciento es el mínimo que necesitamos y sin duda lo podemos lograr si nos decidimos a cambiar.
El "long boom", la "gran ola", que el mundo vive hoy -si sabemos aprovecharlo- puede impulsarnos con fuerza para acabar con la pobreza que existe en México y generar la riqueza y el bienestar que los mexicanos hemos buscado inútilmente por tanto tiempo.
Investigador del Centro de Investigación para el Desarrollo AC.