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El mal estado de los museos


Tenía razón quien dijo una vez que "Panamá no es del tercer mundo sino de un mundo de tercera", que es peor. La miopía y la estupidez, aderezada con una buena dosis de corrupción, son una pesada ancla que nos impide alcanzar mejores días.
Cierto, el país está volando, gracias a la iniciativa privada y al ingenio de sectores del pueblo, que no se deja morir, pero el Gobierno, de ahora y antaño, no ayuda. ¿Por qué no destina aunque sea B/. 10 millones más al año, apenas 2% del aumento de las recaudaciones de sus nuevos impuestos, a los museos? De otro modo, no tiene sentido gastar cada año millones en promoción del turismo de cruceros y en el exterior, si no ofrecemos con los museos y otras atracciones un valor agregado a los recursos naturales que tiene el país.
Si ni siquiera somos como panameños capaces de ofrecer un transporte público decente, ni calles transitables, ni ciudades limpias, ni un trato amable, ni una cultura elevada, ofrezcamos al menos unos museos atractivos y bien dotados, que sean lugares de visita obligada, como ocurre en otras partes del planeta, por no mencionar a Washington, Madrid, París, México y tantos otros que suman decenas de millones de turistas cada año. ¿Qué pasó con el museo de Gehry en Amador? Hagámoslo y punto. Los millones vienen después. Mejor es invertirlos en museos que dilapidados en rebuscas y cuentas particulares.
En fin, aspiramos a que cada ciudad, de la capital y el interior, tenga un museo y al lado de él una biblioteca y una tienda de recuerdos y artesanías, que hable de la historia y las atracciones de cada sitio. Algo que ofrezca al visitante una panorámica de cada lugar que visita, que lo invite a quedarse un día más y a volver. Dejar los museos abandonados, no tiene sentido, salvo la tontería, que ya se está haciendo un mal genético en cada administración que nos gobierna y en quienes los elegimos y no exigimos más de ellos, a quienes pagamos con nuestros impuestos.

101 años de Panamá América

 
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