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El mandato constitucional de concordia nacional


Al implementar el principio de la hermenéutica jurídica para la debida interpretación del alcance y el sentido del Artículo 93 de la Constitución Nacional, resulta claro que en la sociedad panameña se configura históricamente un rango de "discordia" distintivo del "ser" panameño, que evita la integración o perfeccionamiento de un acuerdo o una propuesta como mecanismo de "identidad nacional" en torno a los problemas e intereses fundamentales del país. Ello es necesario para aumentar la "competitividad" con miras de enfrentar coherentemente, "como nación", los retos que demanda el nuevo orden económico mundial.
El planteamiento anterior forma parte de un estudio que devela un acontecimiento trascendental en aras de los más altos intereses de la patria, que se pretende sistematizar mediante enfoques innovadores que hagan viable la reversión del déficit histórico que dificulta la relación saludable y positiva, que salvaguarde los intereses del pleno de la sociedad panameña.
La norma constitucional bajo interpretación reconoce y consecuentemente demanda la modificación de la situación planteada, en términos prioritarios vía modernización del sistema educativo.
Panamá sufre un conflicto social de tal magnitud que se erige como una "finalidad de la educación panameña". Urge fomentar una "conciencia nacional" ciudadana basada en el conocimiento de la "historia nacional" y los problemas de la patria. Desde los albores de la República el propio Himno Nacional da cuenta de esto al sentenciar que: "Es preciso cubrir con un velo el pasado, el calvario y la cruz", para concluir con un ferviente llamado a la concordia nacional.
Definir con rigor científico la dimensión de ese conflicto social panameño, exige establecer las causas, orígenes y síntomas del mismo; atender a las distintas dominaciones que históricamente ha soportado el país y hallar, en consecuencia, el rasgo idiosincrático que se ha dado en llamar: el complejo de ser víctima histórica del imperio.
Estos síntomas conflictuales se han mantenido incluso en medio de las grandes bonanzas económicas vividas en el Istmo, siempre en base a nuestra privilegiada posición geográfica: las coloniales ferias de Portobelo, la fiebre del oro y el desarrollo del ferrocarril transístmico durante la anexión a Colombia, y la titánica empresa del Canal de Panamá.
Hay que precisar que esta situación no afectaba mayormente la economía nacional de principios del siglo pasado, cuando imperaba en el mundo conocido la ideología; sí, en cambio, incide negativamente en el avance de la economía bajo el sistema neoliberal actual, en el que los países tienen que organizarse por medio de una concertación o acuerdo nacional para potenciar sus ventajas en la era de la globalización.
Es allí donde se precisa la acción conjunta de una campaña armónica, permanente y sistemática de los estamentos gubernamentales y del Sistema Educativo Nacional que procure la solución que la sociedad reclama.
Hay que crear una"cultura de concertación" basada en la identificación de los problemas nacionales, en la que las partes involucradas vean protegidos sus intereses. Esto conlleva sustituir el clima de "confrontación" por uno de "colaboración".
Factor clave para reinsertarnos favorablemente en la economía mundial resulta el mejoramiento de nuestra competitividad. Ello implica conocimiento, tecnología, manejo de información, destrezas en el campo empresarial inclusive; significa elevar la calidad de nuestros sistemas educativos y preparar cabalmente nuestros recursos humanos. Así lo comprendieron tempranamente los países del sudeste asiático, tras lo cual hicieron copiosas inversiones en la educación de su gente.
El autor es, además, docente universitario y especialista en negociación, tratados y el comercio internacional.
jgondolamolinar@hotmail.com

Adán Cerrud, dirigente de los artesanos, es licenciado en Derecho, graduado en la Universidad de Panamá y tiene más de 25 años de trabajar en el lugar.
Dice que con ese negocio ha educado a sus hijos .
Los artesanos señalan que las ventas no son buenas todos los días, depende de la época.
Sin embargo, es su único recurso para subsistir y no quieren perderlo.

En el Casco Antiguo existen actualmente cinco establecimientos comerciales que se dedican a vender artesanías y que deben pagar por el local, luz, agua y dependientes. Esa es la razón por la que los artesanos creen que se les considera competencia desleal.
Con la próxima mudanza de las oficinas del Casco Antiguo a un nuevo local, los artesanos aspiran a que las autoridades le concedan un espacio cerrado en Las Bóvedas.

101 años de Panamá América

 
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