El manual del egoísmo
Sumamente sorprendido quedé al enterarme, a través del noticiero nocturno de un canal de televisión, que la alcaldesa Mayín Correa está elaborando el "Manual del Desfile Navideño", el cual será registrado como de su autoría y propiedad, para evitar que cualquiera otra persona (natural o jurídica) puede realizar, en el futuro, una actividad similar sin su consentimiento. Mi impresión fue tal, que de inmediato hice un alto en mis pesares para hacer unas consideraciones al respecto.
Si la alcaldesa lleva a cabo su pretensión, sólo confirmaría la tesis esgrimida por sus adversarios en el sentido de que su actuar, durante todos estos años de gobierno municipal, no era con el fin primordial de trabajar por la comunidad sino que su interés real era estar figurando y protagonizando ante los medios de comunicación.
Ignoro la viabilidad legal de esta absurda iniciativa. Las razones esbozadas por su asesora frente a las cámaras, más que jurídicas, me parecieron ególatras. De allí que prefiero llamar "El Manual del Egoísmo", porque no es otra cosa.
Pretender asumir la exclusividad del derecho de hacer feliz a miles de niños, bajo la subjetividad que le confiere la Ley de Derecho de Autor, según su narcisista interpretación, es ilógico. Si el verdadero objetivo de la alcaldesa fue siempre el de causar alegría a las familias panameñas, no debe preocuparle ahora quién realice u organice el desfile navideño después que ella culmine su período alcaldicio, si el fin es el mismo. Pareciera entonces que la espiritualidad estuviera cediendo a la paranoia.
Utilicemos el sentido común, como dice mi amigo Agapito e imaginemos que esta iniciativa prospera. Tengan la seguridad que al día siguiente todos los políticos que se crean autores de cualquier actividad que involucre a sus comunidades correrán, al unísono, a registrar la paternidad de su supuesto "invento", para impedir, a sus adversarios, la copia de sus "brillantes ideas", incluyendo los planes de gobierno y las posibles soluciones. Siendo un poco extremistas, imaginemos también que otras personalidades hubiesen obrado igual a la alcaldesa cuando idearon actividades benéficas por ejemplo: Monseñor McGrath, cuando por el año 1975 inició la campaña arquidiocesana o "Don Francisco", que en 1981 fue el gestor de la primera Teletón en Panamá. Notan la diferencia. No importa quién realice la actividad si se hace de buena fe.
No creo que la motivación de la Ley de Derecho de Autor haya sido ésta. Desde mi humilde perspectiva creo que su esencia perseguía la protección de los artistas e inventores que estaban siendo afectados, económicamente, por la piratería y no para preservar el egocentrismo de nadie.
Ahora bien, si el derecho asiste a la alcaldesa, sería bueno entonces que alguien patentizara el "Manual del Funcionario Corrupto", el del desempleo, la pobreza, la delincuencia, drogadicción, violencia intrafamiliar, homicidios, accidentes de tránsito, etc., para que nadie pudiese imitarlos. Habría también que investigar que tan original y autóctono es el desfile navideño de la capital y si éste no tiene vicios de extranjerismo. Señora alcaldesa, no defraude la admiración y el respeto que una vez sentí por usted.
Si la alcaldesa lleva a cabo su pretensión, sólo confirmaría la tesis esgrimida por sus adversarios en el sentido de que su actuar, durante todos estos años de gobierno municipal, no era con el fin primordial de trabajar por la comunidad sino que su interés real era estar figurando y protagonizando ante los medios de comunicación.
Ignoro la viabilidad legal de esta absurda iniciativa. Las razones esbozadas por su asesora frente a las cámaras, más que jurídicas, me parecieron ególatras. De allí que prefiero llamar "El Manual del Egoísmo", porque no es otra cosa.
Pretender asumir la exclusividad del derecho de hacer feliz a miles de niños, bajo la subjetividad que le confiere la Ley de Derecho de Autor, según su narcisista interpretación, es ilógico. Si el verdadero objetivo de la alcaldesa fue siempre el de causar alegría a las familias panameñas, no debe preocuparle ahora quién realice u organice el desfile navideño después que ella culmine su período alcaldicio, si el fin es el mismo. Pareciera entonces que la espiritualidad estuviera cediendo a la paranoia.
Utilicemos el sentido común, como dice mi amigo Agapito e imaginemos que esta iniciativa prospera. Tengan la seguridad que al día siguiente todos los políticos que se crean autores de cualquier actividad que involucre a sus comunidades correrán, al unísono, a registrar la paternidad de su supuesto "invento", para impedir, a sus adversarios, la copia de sus "brillantes ideas", incluyendo los planes de gobierno y las posibles soluciones. Siendo un poco extremistas, imaginemos también que otras personalidades hubiesen obrado igual a la alcaldesa cuando idearon actividades benéficas por ejemplo: Monseñor McGrath, cuando por el año 1975 inició la campaña arquidiocesana o "Don Francisco", que en 1981 fue el gestor de la primera Teletón en Panamá. Notan la diferencia. No importa quién realice la actividad si se hace de buena fe.
No creo que la motivación de la Ley de Derecho de Autor haya sido ésta. Desde mi humilde perspectiva creo que su esencia perseguía la protección de los artistas e inventores que estaban siendo afectados, económicamente, por la piratería y no para preservar el egocentrismo de nadie.
Ahora bien, si el derecho asiste a la alcaldesa, sería bueno entonces que alguien patentizara el "Manual del Funcionario Corrupto", el del desempleo, la pobreza, la delincuencia, drogadicción, violencia intrafamiliar, homicidios, accidentes de tránsito, etc., para que nadie pudiese imitarlos. Habría también que investigar que tan original y autóctono es el desfile navideño de la capital y si éste no tiene vicios de extranjerismo. Señora alcaldesa, no defraude la admiración y el respeto que una vez sentí por usted.