El más grande de todos los escándalos
Si usted está pensando en el muy querido Padre Alberto Cutie, quien fuera fotografiado besándose con una mujer en la playa, se equivoca. Tras una fructífera vida sacerdotal en los medios de comunicación, él ha sido un instrumento de Dios para comunicar su palabra y su amor; sin embargo, esta labor se ve empañada hoy y algunos pueden sentirse sorprendidos a tal punto que su fe se vea disminuida.
Y es que muchos queremos que los curas sean perfectos, casi ángeles olvidándonos que ellos también son humanos. Con esto no quiero justificar lo reprochable de la conducta del Padre Alberto, pero sí poner las cosas en su justa medida. No obstante, este no ha sido el mayor escándalo, el más grande de todos los escándalos en la Iglesia católica. Aconteció ya hace varios siglos atrás, cuando Jesús vino al mundo y escogió, después de orar toda la noche, a 12 hombres con los que convivió durante tres años. Para sorpresa de todos, éstos le abandonaron en el momento más difícil. Pedro le negó y Judas le traicionó.
Por increíble que parezca, Judas vio cómo Jesús resucitó a Lázaro, multiplicó los panes, cómo expulsaba a los demonios y cómo curó a cientos de enfermos, entre ellos ciegos y paralíticos, y otros muchos milagros que lo acreditaban como el hijo de Dios. No obstante, irónicamente, le vende por 30 monedas. Este es el más grande de todos los escándalos, y la Iglesia siguió. Si Jesús hubiese querido una Iglesia impecable la hubiera constituido de ángeles, pero fue él mismo quien llamó a esos doce hombres, como también fue él mismo quien llamó al Padre Alberto para que le sirviera.
Procuremos no ser nosotros escándalos para los demás, y sigamos adelante. Recordemos la promesa de Jesús para su Iglesia Católica: "Las puertas del Hades, no la podrán vencer" (Mt 16. 18). Oremos por los sacerdotes, en especial por el Padre Alberto, indistintamente si decide seguir de cura o no. Como dicen, “lo bailado no te lo quita nadie”; en este caso, “las buenas predicaciones y su buen actuar que por años nos hizo tanto bien a todos, nadie nos lo va quitar”. Dios nos sigue amando a pesar de nuestros pecados, El no quiere que pequemos porque el pecado es la muerte, pero, a pesar de eso, nos sigue amando pacientemente y espera de nosotros lo mejor; no lo defraudemos. Él siempre nos ayuda, aún cuando todo parece perdido y eso me lo enseñó Alberto Cutie, quien seguirá siendo mi amigo, aunque nunca le vea en persona o cruce palabra con él.