El más grande tanque séptico del mundo
Probablemente sea exagerado decir que la Bahía de Panamá es el más grande tanque séptico del mundo. Habría que medir y comparar cosas que son, francamente, desagradables, sin obtener ningún beneficio práctico, lo cual no tiene ningún sentido.
Lo que es seguro afirmar es que se trata del problema de aguas servidas más severo que tienen los panameños, tomando en cuenta el tamaño de la población que diariamente se expone a los olores del mar, el alto costo que implica su limpieza y la duración de los trabajos de recuperación del medio ambiente degradado.
Pero la decisión de hacer algo al respecto se está moviendo del cuadrante de lo que es importante y no urgente, al de las cosas que son importantes y urgentes. Las autoridades no debieran escatimar esfuerzos ni recursos en acordar un plan de acción y empezar a trabajar lo antes posible en su solución, pues, como todos sabemos, cada día que pasa la situación se agrava.
En vez de pensar en lo que cada uno tendrá que poner de su bolsillo para financiar las plantas de tratamiento de aguas negras y la limpieza del lecho del mar, debiéramos imaginar todo lo que podríamos hacer si la bahía estuviese limpia. Pensemos en las actividades recreativas y el turismo. Pensemos en el estímulo a las diversas actividades económicas. Aunque ya sea un cliché, vale la pena decirlo: Limpiar la bahía es costoso; tenerla limpia, no tiene precio.
Lo que es seguro afirmar es que se trata del problema de aguas servidas más severo que tienen los panameños, tomando en cuenta el tamaño de la población que diariamente se expone a los olores del mar, el alto costo que implica su limpieza y la duración de los trabajos de recuperación del medio ambiente degradado.
Pero la decisión de hacer algo al respecto se está moviendo del cuadrante de lo que es importante y no urgente, al de las cosas que son importantes y urgentes. Las autoridades no debieran escatimar esfuerzos ni recursos en acordar un plan de acción y empezar a trabajar lo antes posible en su solución, pues, como todos sabemos, cada día que pasa la situación se agrava.
En vez de pensar en lo que cada uno tendrá que poner de su bolsillo para financiar las plantas de tratamiento de aguas negras y la limpieza del lecho del mar, debiéramos imaginar todo lo que podríamos hacer si la bahía estuviese limpia. Pensemos en las actividades recreativas y el turismo. Pensemos en el estímulo a las diversas actividades económicas. Aunque ya sea un cliché, vale la pena decirlo: Limpiar la bahía es costoso; tenerla limpia, no tiene precio.