El mejor alcalde, El Rey
Lope de Vega escribió la obra titulada "El mejor Alcalde, El Rey", en donde relataba cómo el Rey -asumiendo la función alcaldicia-, corregía entuertos en una población, en lugar de promover el cambio de alcalde por otro idóneo.
Uno de los grandes defectos del sistema presidencialista es la casi inevitable tendencia a centralizar el poder. Por causa de la disposición constitucional que hace al Presidente de la República coordinador de la labor de la administración y los establecimientos públicos y director, reglamentador e inspector de los servicios establecidos en la Constitución Política, los que han ocupado el solio consideran que sus atribuciones también incluyen el control y supervisión del Legislativo, del Judicial, de los organismos de control y hasta de los gobiernos locales. Estos atavismos, de cuando el país hubiera podido ser administrado por un alcalde -como se le atribuye haber dicho al Dr. Arnulfo Arias-, ya no son sostenibles. Mientras más decisiones pretenda concentrar un presidente, más se equivocará y más paralizará su propia administración.
El sistema Republicano implica la separación de los Poderes Públicos; esto se hace para evitar la tiranía, ya que los enciclopedistas y los constitucionalistas clásicos comprendieron que la única manera de evitar el abuso del poder era desconcentrándolo. Más recientemente se ha comprendido que tampoco es bueno para la administración eficiente de la cosa pública, que las decisiones se concentren en un solo punto y que hay que realizar un proceso de descentralización. Tan es así que en las reformas constitucionales del 2004 se modificó el artículo 233 para establecer el esbozo de un proceso de devolución o transferencia de poderes a los municipios. Vemos, sin embargo, que el Ejecutivo no ha presentado la legislación necesaria para desarrollar este mandato constitucional y que el presidente pareciera disfrutar más dirigiendo las sesiones en donde se decide el uso de los fondos del PRODEC que cumpliendo las funciones que le reserva la Constitución al cargo que ostenta. Tanto, que la oposición ha denunciado que dichas sesiones no se pueden celebrar si no asiste el Jefe del Ejecutivo.
El país requiere ser dirigido por un presidente y no por un alcalde. ¿Será que el presidente lee a Lope de Vega o es que se estará, sin saberlo, volviendo arnulfista?