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El mensaje de los grilletes


Parece que muchos han creído que el periodista Blas Julio y el radiocomentarista Alonso Pinzón intentaron extorsionar a un comerciante el martes 21 de mayo. Puede ser, pero como la PTJ y el Ministerio Público han presentado el caso como un hecho indiscutible, me resisto a creer lo que tratan de hacerme creer. En cuanto a la operación que se montó para detenerlos, muchos detalles perfectamente coordinados evocan sospechas en un país donde ocurren grandes escándalos, desaparecen millones de bancos y empresas, se hacen arreglos políticos tras bastidores que afectan gravemente a la Nación, pero para eso la PTJ no tiene ni cámaras ni grabadoras. Además, la celada se parece demasiado a la que logró el arresto del legislador perredista Mario Miller -también acusado de extorsión- la cual obtuvo inmediatamente, como ésta, la aprobación de los ingenuos. Como Blas Julio y Alonso Pinzón tenían que conocer los pormenores de aquel sonado caso, me parece que si fueran tan vivos como se les quiere hacer parecer, no hubieran caído en una repetición de aquella celada.
Por otra parte, El Siglo ha suministrado más detalles sobre el caso que ningún otro periódico. Con impresionante velocidad -el 23 de mayo, dos días después del arresto de los periodistas- el diario comenzó a publicar la transcripción de la grabación en la cual los comentaristas Pinzón y Julio supuestamente extorsionaban al empresario Abdul Waked. Como ese diario, del cual el empresario es accionista importante, tiene vínculos con el sector político al cual pertenecía el actual procurador general, todo parece quedar en casa, ¿no? Aunque no estoy al tanto de lo dicho por Pinzón y Julio en cuanto al empresario Waked por Radio Soberana, la transcripción no revela específicamente cuál era el negocio que trataban el empresario y los acusados, pero sí señala hacia otras pistas que la PTJ ha debido investigar.
Es de lo más significativo que las autoridades han tratado a los detenidos con saña. Dando la impresión de que ya habían sido enjuiciados y encontrados culpables, la Fiscalía Auxiliar trasladó a los detenidos a la cárcel La Joyita el 28 de mayo. El día siguiente fueron conducidos a una revisión médica con grilletes en las manos y los pies. Tan dramático fue el espectáculo que en la Asamblea legisladores de diversas bancadas, coincidieron en que era parte de un "show" montado por el Ministerio Público en asocio con la Policía Nacional, siendo interpretado como un mensaje de advertencia a quien pretenda cuestionar a las autoridades (El Panamá América, 31 de mayo 2002).
De Alonso Pinzón, mejor no hablar. Pero he leído por varios años los escritos de Blas Julio en El Siglo, donde demostró ser luchador por los derechos del pueblo Ngobe Buglé y defensor del ambiente natural. Habiendo recibido instrucción en Chile como reportero investigativo, durante el gobierno perredista redactó incontables denuncias de la corrupción que le ganaron demandas y persecuciones por parte del Ministerio Público. En enero de 1999, Blas Julio se encadenó en la sede de la procuraduría exigiendo que se detuviera la persecución contra los periodistas, además que renunciara el procurador José Antonio Sosa. Conocido también por sus críticas al gobierno actual, inclusive se dice que altas autoridades celebraron su detención.
Es más, la organización internacional Periodistas Contra la Corrupción (PFC) ha denunciado que el 19 de febrero recién pasado, Blas Julio tuvo que ocultarse para evitar ser arrestado por orden de la dirección de Medios de Comunicación del Ministerio de Gobierno y Justicia para aplicarle las leyes de desacato. El 9 de julio del año pasado, en una carta a la presidenta Mireya Moscoso, el PFC adujo que el periodista "posiblemente está a punto de ser encarcelado, víctima de una acusación judicial por parte del procurador José Antonio Sossa". Entre las posibles causales de tal persecución, el PFC se refirió al hecho de que Julio había publicado una declaraciones del proxeneta Aníbal González en las cuales se mencionaba al procurador (portal-pfc.org/perseguidos/blas_julio.htm; El Panamá América 10 de julio 2001).
Pienso, por consiguiente, que se deben examinar con sumo cuidado todos los detalles del caso presentado por el Ministerio Público, porque la detención de Blas Julio y Alonso Pinzón puede involucrar mucho más de lo que aparenta. No está claro si es motivado por el revanchismo personal, pero sí ha quedado en evidencia el hecho de que las autoridades han usado el caso para desacreditar a los medios de comunicación social en momentos en que se encuentran bajo severo asedio.
Tenemos que estar conscientes de que la corruptocracia lucha con todos los medios a su alcance por imponerse. No sólo se ha mutilado la Ley de Transparencia mediante un decreto, sino que hay un proyecto de ley pendiente en la Asamblea que es un atentado contra la libertad de expresión. Siguen las demandas contra los periodistas y, cuando son absueltos como lo fue Miguel Antonio Bernal, el fiscal tiene la osadía de apelar el veredicto de la juez, o sino, como fue el caso de dos reporteros de La Prensa, una juez anula el sobreseimiento dictado por otra. He alertado a las organizaciones internacionales que defienden a los comunicadores sociales perseguidos por las autoridades porque el mensaje de los grilletes fue demasiado claro para desatenderlo.

101 años de Panamá América

 
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