El mensaje nefasto de un atentado
Las balas hablan, y no son la excepción aquellas que intentaban quitarle la vida al fiscal suplente Armando Gittens Vandull, en Colón. El funcionario salía de su oficina la pasada semana, cuando desconocidos encapuchados le abrieron la puerta del auto en el que estaba, y arremetieron a tiros contra él. A duras penas sigue vivo.
Diversas explicaciones han sido vertidas por sus jefes, por compañeros de trabajo y por detectives, todos dedicados a las artes sutiles de la investigación criminal. La que más se conoce es aquella de que a Gittens lo confundieron con el fiscal principal del despacho, a quien el funcionario estaba reemplazando por vacaciones, lo que en nada disminuye el terror.
No es la primera vez que desde Colón vienen noticias tan terribles. Hace cuatro años exactos desconocidos asesinaron a tiros al jefe regional de Aduanas y Fiscalización, Aquiles García. Los atacantes viajaban en auto, desde el que dispararon una ráfaga, de la cual tres balas hicieron blanco, una en el abdomen, otra en el costado derecho, y la otra en la pierna derecha. Estremecen las coincidencias.
Lo primero que viene a la mente es que en Colón, una ciudad portuaria famosa por su Zona Libre y por los miles de millones que circulan, no todos de orígenes claros según algunos, operan agrupaciones criminales que sin empacho usan las armas para arreglar sus asuntos con la justicia. No tienen reparo en quitarle la vida a quien sea, no importa si la víctima ostenta la toga del administrador de justicia, siempre que quede bien claro quién manda en la provincia.
Estos tiros contra Gittens Vandull y García también nos están diciendo que la criminalidad, al menos en Colón, supera en tamaño y arrojo a la del resto del país, y que es urgente un trabajo serio en la región. Si no queremos que el cáncer del mal siga creciendo, y se haga incontrolable como en algunos barrios de Haití o Brasil, donde las autoridades están inermes ante los bandas delincuenciales, hay que pisar el freno a fondo y sin miramientos.
Diversas explicaciones han sido vertidas por sus jefes, por compañeros de trabajo y por detectives, todos dedicados a las artes sutiles de la investigación criminal. La que más se conoce es aquella de que a Gittens lo confundieron con el fiscal principal del despacho, a quien el funcionario estaba reemplazando por vacaciones, lo que en nada disminuye el terror.
No es la primera vez que desde Colón vienen noticias tan terribles. Hace cuatro años exactos desconocidos asesinaron a tiros al jefe regional de Aduanas y Fiscalización, Aquiles García. Los atacantes viajaban en auto, desde el que dispararon una ráfaga, de la cual tres balas hicieron blanco, una en el abdomen, otra en el costado derecho, y la otra en la pierna derecha. Estremecen las coincidencias.
Lo primero que viene a la mente es que en Colón, una ciudad portuaria famosa por su Zona Libre y por los miles de millones que circulan, no todos de orígenes claros según algunos, operan agrupaciones criminales que sin empacho usan las armas para arreglar sus asuntos con la justicia. No tienen reparo en quitarle la vida a quien sea, no importa si la víctima ostenta la toga del administrador de justicia, siempre que quede bien claro quién manda en la provincia.
Estos tiros contra Gittens Vandull y García también nos están diciendo que la criminalidad, al menos en Colón, supera en tamaño y arrojo a la del resto del país, y que es urgente un trabajo serio en la región. Si no queremos que el cáncer del mal siga creciendo, y se haga incontrolable como en algunos barrios de Haití o Brasil, donde las autoridades están inermes ante los bandas delincuenciales, hay que pisar el freno a fondo y sin miramientos.