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El mercado de carbono


La preocupación por el cambio climático ante la emisión industrial de gases con efecto de invernadero ha creado el incipiente mercado de carbono. Los antecedentes se encuentran en el Protocolo de Kioto, un acuerdo entre Estados para disminuir progresivamente las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases hacia la atmósfera.
Las iniciativas de control de emisiones contaminantes tienen tres precedentes históricos en legislaciones norteamericanas:
El programa de lluvia ácida (Acid Rain Program), que estableció un límite total de emisiones y la regulación de permisos.
El programa de transacción de créditos de emisiones (U.S. Emissions Credit Trading Programs).
El programa escalonado de eliminación de plomo en la gasolina por fases (Lead Phasedown).
Los expertos estiman que desde el inicio de la Revolución Industrial hasta el presente, la cantidad de carbono presente en la atmósfera ha aumentado en un 30%. El Informe Especial del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas estima que anualmente se vierten a la atmósfera 8 GT de carbono (donde un (1) GT equivale a un mil millones de toneladas). De esas 8 GT, 6 GT provienen de la quema de combustibles fósiles y 2 GT provienen de la deforestación de 16.1 millones de hectáreas de bosques. Lo interesante es que de esa emisión bruta de 8 GT de carbono sólo 3 GT aparecen en la atmósfera. ¿Qué se hicieron las otras 5 GT? La explicación (Kanninen, Brown, Lugo) es que los sumideros de carbón (carbon sinks), constituidos por bosques y océanos, absorben y remueven, a través de procesos fotosintéticos, esos gases de efecto invernadero.
El concepto del mercado de carbono es que el que contamina paga. Los países desarrollados son responsables del 90% de las emisiones contaminantes del planeta. Se establece, a través del Protocolo de Kioto, un compromiso para una reducción porcentual de las emisiones tomando como año base el de 1990, y un sistema de cuotas de emisiones permitidas, donde países con poco desarrollo industrial y, por ende, con pocas emisiones contaminantes pueden negociar sus cuotas con terceros para financiar proyectos de energías limpias.
Las transacciones pueden tener las siguientes variantes: -Transacciones entre países, que implicaría una transferencia de fondos del norte desarrollado al resto del mundo.
Transacciones entre compañías locales, lo que equivaldría a legislar nacionalmente para evitar que la contaminación del aire sea gratuita como ocurre hoy día en Panamá.
Transacciones entre compañías locales y transnacionales, lo que puede dar un impulso a la industria forestal nacional.
El Protocolo de Kioto fue firmado por más de 80 países, sin embargo ha sido ratificado por apenas una veintena de parlamentos nacionales. Estados Unidos, Canada, Japón y otras naciones han mostrado su negativa a ligar su soberanía económica a un acuerdo de tipo vinculante. Rusia, cuyo colapso como superpotencia económica y militar la dejó con un excedente de emisiones sin utilizar, no muestra mayor interés porque la negativa de Estados Unidos a firmar el Protocolo, les ha invalidado un potencial mercado de $10 mil millones anuales por concepto de ventas de cuotas a los norteamericanos. China e India, con fuertes presiones demográficas y una industria basada en la explotación de minas de carbón, no muestran mayor interés en condicionar su desarrollo nacional a tratados internacionales en materia ambiental.
El Dr. René Castro, ex ministro de Ambiente de Costa Rica, plantea el mecanismo de venta de cuotas de emisiones por proyectos de reforestación. La tasa de fijación de carbono en los bosques primarios se estima en 250 toneladas por hectárea. ¿Qué significa esto? Que una hectárea de bosque puede limpiar 250 toneladas de carbón atmosférico en el plazo de un año.
El análisis económico del Dr. Castro tiene este razonamiento: el costo de reconvertir energías contaminantes a energías limpias es demasiado elevado en los países ricos. El costo de comprar emisiones a países pobres para invertirlos en reforestación o en la conservación de bosques primarios es más barato y podría impulsar el mercado en esa dirección, generando una transferencia de fondos de las naciones desarrolladas a los países pobres, como compensación por la contaminación.
Las organizaciones ambientalistas de línea dura como Greenpeace o el Movimiento para los Bosques Tropicales, presentan la otra cara de la moneda. Estiman que los mecanismos de los sumideros de carbono (sinks) no han sido estudiados con rigurosidad científica. Plantean como única opción real para mitigar el cambio climático la reducción dramática de las actuales emisiones contaminantes y un impulso a las energías limpias o alternativas.
A medida que los modelos climatológicos se vayan perfeccionando y que el conocimiento sobre la interacción de los sumideros de carbono se amplíe, inevitablemente la comunidad mundial irá acercándose a un consenso ambiental, que es lo que en esencia plantea el Protocolo de Kioto.
Para Panamá el programa más pertinente es el Mecanismo de Desarrollo Limpio, establecido en el artículo 12 del mencionado protocolo. El mismo puede facilitar los negocios entre países ricos y nosotros. Lo que realmente necesitamos es que algún gobierno vaya preparando la transición de la ANAM a un Ministerio del Ambiente y Energía para facilitar las estrategias de desarrollo nacional.

101 años de Panamá América

 
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