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El mercado de valores


En el mercado de valores se participa con un interés eminentemente personalista, en cierto grado egoísta. Los grandes motivadores son, sin duda, el dinero y la ambición.
La empresa emisora de valores quiere obtener financiamiento al menor costo posible. El intermediario que negocia con los valores quiere obtener la mejor comisión. El inversionista institucional o individual quiere obtener el mejor rendimiento en su inversión. Todos están por obtener la mejor ganancia posible. Cuando el sistema funciona bien todos creen, paradójicamente, obtenerla.
Detrás de esta realidad, hay una imperiosa necesidad para la sociedad panameña de que existan empresas que produzcan los bienes y servicios que todos consumimos a diario, y que empresarios emprendedores acometan nuevas aventuras, que inventen e innoven, que asuman riesgos, para que la sociedad como un todo progrese.
A todos nos interesa que dichas empresas obtengan los financiamientos para desarrollar sus actividades al menor costo posible, para que este bajo costo se traslade a nosotros.
Se necesitan profesionales hábiles, capacitados, ingeniosos, impetuosos, respetuosos de altos estándares éticos y conocedores de su arte u oficio, que logren acercar a empresas emisoras a potenciales inversionistas y que su negocio genere la ganancia suficiente para ser atractivo.
Se quiere que el inversionista institucional; es decir, los bancos, los fondos de pensiones, las aseguradoras, pueda invertir en las empresas productivas y logre para sus accionistas o participes los mejores rendimientos, sobre todo, teniendo en cuenta que estos partícipes pueden ser personas individuales que no han entrado al mercado voluntariamente, sino que son llevados a él indirectamente, como por ejemplo, los empleados de una empresa en lo que se refiere al fondo de cesantía o los trabajadores públicos, en lo que se refiere al SIACAP.
Se requiere que Juan y Carmen, joven pareja; es decir, el prototipo del inversionista individual, de contar con recursos suficientes (posición privilegiada en nuestro país en honor a la verdad), pueda invertirlos en valores de las empresas productivas (que no es lo mismo que ahorrar). Y que partiendo de la premisa que el intermediario profesional que les asista ha estudiado cuidadosamente su perfil y su tolerancia al riesgo, pueda recibir de su inversión en valores un buen rendimiento.
Con ese rendimiento, el inversionista podrá generar los suficientes fondos para educar a sus hijos, para asegurase una jubilación suficiente o lo que estime de interés.
Lo anterior definitivamente no podrá lograrse con el rendimiento exclusivo de simples y tradicionales ahorros bancarios.
Esa es la realidad humana que se encuentra detrás del mercado de valores, del cual todos podemos ser partícipes, dependiendo del rol que queramos asumir.
Por todo lo anterior, es tan importante la buena regulación y supervisión del mercado para generar la confianza necesaria para que todos los actores descritos; o sea, emisores, intermediarios e inversionistas, se animen, sin reparos, a participar en esta actividad imprescindible en toda sociedad moderna y desarrollada o que aspira a desarrollarse.
*Comisionado Presidente. Comisión Nacional de Valores de Panamá (CNV)
www.conaval.gob.pa.

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