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El metro


Durante el “Debate Presidencial”, escuché a la candidata del PRD criticar el proyecto del metro; señalaba que éste es más costoso porque se construye subterráneamente. Craso error. Decir eso es lo mismo que aceptar no haber viajado a la ciudad de México, en donde el metro es subterráneo solamente al ingresar al casco viejo de la ciudad y el resto, para las afueras, es mayoritariamente al aire libre.

No tenemos que viajar tan lejos, el metro en la ciudad de Medellín, Colombia, es totalmente al aire libre, y esto lo pueden conocer, está a la vuelta de la esquina.

Lo que se puede pensar es que “Doña Pueblo” no ha viajado a ninguno de los dos países, o por el contrario, no ha querido mezclarse con el pueblo y, por lo tanto, no ha hecho uso de estos vehículos de transporte, lo cual nos indica que los desconoce realmente. Se ha criticado a Ricardo Martinelli por abordar un bus “diablo rojo”, cuando eso es lo que se debe hacer, y ella no ha hecho lo propio en los metros.

No conozco el metro de Santo Domingo, pero me atrevería a asegurar que consta de partes subterráneas y otras al aire libre. La lógica nos indica que debe ser así para que los costos bajen, ya que indefectiblemente al construir túneles el costo sería mayor.

Un metro puede entrar a las ciudades sólo subterráneamente, porque para hacerlos al aire libre tendrían que arrasar media ciudad cuyos costos, entonces, serían mucho más altos. El Gobierno Nacional tendría que expropiar e indemnizar cuantiosas propiedades. Esto hace impositiva en dichas áreas la construcción del metro bajo tierra.

La propuesta del metro en un mundo en donde los locos somos más, es la oferta más cuerda seria y responsable. Este proyecto le daría a las grandes masas el tiempo necesario para atender a sus familias, que es lo que más cuenta en estos momentos en que la descomposición familiar y social pide a gritos medidas heroicas tendientes a lograr su integración, y esto sería posible con la atención por más tiempo de los padres a sus hijos y esposas. Nuestros hijos constituyen nuestra más cara y afectiva inversión.

101 años de Panamá América

 
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