El miedo y las preocupaciones
Monseñor, mi vida es un pequeño infierno. El problema soy yo. Tengo interiormente un mundo caótico, todo provocado por las excesivas preocupaciones que tengo. Cuando mi hijo sale a una fiesta, no puedo dormir hasta que llegue. Y paso la noche preocupada por si le pasa algo. Si tarda un poco más de lo debido, ya lo estoy llamando al celular. Si no contesta, me imagino las peores cosas. Igual pasa con mis enfermedades. Cada vez que tengo una gripe, pienso que se convierte en pulmonía y luego en cáncer de los pulmones. Cualquier dolor que tenga, ya estoy pensando que tengo una enfermedad incurable. Soy abogada y trabajo mucho porque me gusta y porque como madre soltera tengo que mantener a mi hijo y a mi madre. En el trabajo soy bien responsable, detallista y moralista. No puedo hacer algo que yo crea que es indebido. He rechazado atender personas de dudosa reputación y en dos ocasiones se me propuso promover una trampa legal para ganar mucho dinero. Dije que no. Eso suponía perder una buena entrada, pero prefiero vivir honradamente con lo poco que tengo.
Yo creo que estoy enferma de la mente. Cuando salgo de la casa, me preocupo si dejé la puerta bien cerrada. En algunas ocasiones he vuelto a ver si la deje bien. Si salgo con unas amigas a ver una película o tomar un café, me preocupa si dejé la plancha desconectada y tengo que llamar a mi madre para estar tranquila. Me preocupa quedar sin empleo y pasar hambre. Me preocupa morir de un accidente de carro y quedar mi familia en la calle. Todo esto me tortura.
Respuesta
Estimada señora, primero la felicito por su honradez. Mire, las preocupaciones obsesivas enferman. Tiene que acudir pronto a un psicólogo profesional por su propio bien. Su estado emocional está dominado por el miedo a perder a su hijo, su empleo, su salud, la seguridad económica. El miedo es su tirano y la domina.
Todas estas preocupaciones suyas giran en torno a quedarse sin algo que usted aprecia mucho. Qué le parece si comienza a ver todo de otra manera. Para empezar, nada es suyo. Su hijo, su madre, usted misma son de Dios. Él es el dueño de todo y quien está pendiente de cada uno. Confíe en Él, quien tiene en sus manos todo lo que somos. Su familia, su casa, su empleo, su propia vida están allí, en las manos de un Dios providente. Permítame decirle que lo más probable es que no pierda nada. Pero si algo faltara, usted podrá seguir viviendo. Y si fuera usted la que faltara un día, sería muy doloroso para su familia, pero estoy seguro de que podrán seguir viviendo. Si le parece, tenga un seguro de vida, por su familia. Esto la va a tranquilizar.
Vive usted una existencia muy acelerada y esto ocasiona estrés que agota su mente y cuerpo, permite anidar pensamientos negativos e impide pensar con claridad. Debe serenarse, buscar la paz interior. Cómo ayuda a esto la oración comunitaria y personal. Debe buscar algún grupo de personas de fe que lean la Palabra y la mediten. Debe asistir a la santa eucaristía, en la que se recibe mucha fuerza espiritual. Me parece muy bien que tenga sus amigas y toda sana distracción la ayuda. Hay personas que han incursionado en el mundo de la pintura, de la música o de la lectura y les ha ayudado mucho a bajar su nivel de tensión emocional. Salir cuando pueda con su familia al campo y tener contacto con la naturaleza ayuda mucho. Por supuesto que el ejercicio físico es un elemento necesario para equilibrar su organismo físico y emocional. El asunto es encontrar un "tubo de escape" emocional que sea sano y le ayude a bajar su nivel de estrés.
Por otro lado, sí hay indicio de una cierta neurosis que puede afectarla en el futuro. Las preocupaciones sobre si cerró la puerta o dejó la plancha encendida tienen que ver con una falta de concentración en la actividad que está realizando en el momento, por tener la mente ocupada en otras cosas. Esa distracción habitual puede ocasionar accidentes caseros, de tráfico y otros. El consejo: concéntrese en lo que está haciendo. No haga las cosas mecánicamente. Ayuda a la salud mental el que la mente esté enfocada en lo que está haciendo, consciente de que es en el momento presente donde uno debe estar. Su imaginación vuela muy rápido a cosas malas que pueden ocurrir en el futuro y eso la desgasta mentalmente y le impide gozar del presente. Entréguese al Señor, confíe en Él, que con Dios usted es invencible.
Moseñor