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El milagro del Padre Gallego


No es porque sufrimos en carne propia los rigores de la dictadura militar lo que nos induce a contrarrestar los ecos que pretenden exonerar al difunto Omar Torrijos Herrera de la cadena inicial de toda clase de crímenes que estremeció a nuestra sociedad. Mejores pruebas de su responsabilidad están en el inventario de muertes, desaparecidos, exiliados, torturados, etc., durante los 13 años que fue el hombre absoluto de Panamá. Probablemente no fue actor material, pero todos recordamos que nada se hacía sin su consentimiento y conocimiento. Sus familiares, subalternos de armas, civiles pelechadores (incluyendo ex mandatarios extranjeros) hoy tienen razón al intentar mostrarlo ante la historia como el gran paladín de la democracia, y de los derechos humanos. Aunque entendemos sus razones, y hasta respetar su memoria, pero lo que no soportamos es que se irrespete a sus víctimas y se tome por estúpidos a la gran mayoría de este pueblo que sufrió los horrores de su "gesta revolucionaria".
La serenidad y cristiandad de este pueblo panameño son dignas de alabanzas. Porque de otra forma, no hubiese sido de extrañar la cadena de venganzas que igual hoy nos torturaría, ante la incapacidad de la justicia del hombre para hacer justicia. Somos un pueblo chico para darnos cuenta quiénes fueron los matones, protectores y prepotentes de entonces que hoy son ostentosos y caminan por las calles, muertos de la risa. Incluso, protegidos algunos por la tolda gubernamental.
La apertura de las fosas comunes en el recinto militar de Los Pumas, seguramente no será la única evidencia. El país entero es testigo de más evidencias criminales que quedaron en el silencio por temor a represalias, con acento en las área rurales. Hay que venerar la memoria del difunto Padre Héctor Gallegos, porque aún después de muerto ha logrado el milagro de revivir los sentimientos de justicia hacia otros mártires con paradero desconocido. Y ojalá que el Padre Gallegos logre otro milagro: que los ex militares que tuvieron altos rangos durante la dictadura logren convencernos que "están afectados moralmente y que ignoraban lo que ocurría durante los 21 años en ésta, la que fue su finca particular".

101 años de Panamá América

 
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