El milagro turístico coclesano
Una excepción rutilante se erige en nuestro país, y es Coclé, ubicada en el centro geográfico de la República, cuyos hoteles de playa, de tránsito y montaña están en pleno auge, casi abarrotados hasta la última habitación. Hace poco, la cabecera provincial, Penonomé, recibió a 150 turistas italianos que estuvieron acompañados por un delegado de su embajada en nuestro país. Fueron recibidos y agasajados con entusiasmo por el alcalde del distrito y el gobernador de la provincia, acompañados por un número plural de ciudadanos, que les dispensaron atenciones y muestras de simpatía. El grupo recorrió varios puntos de interés de la región, antes de retornar al hotel de playa donde se alojaba.
Coclé tiene entre sus principales activos el ambiente de seguridad que se respira, donde, salvo excepción de malos elementos que aisladamente incursionan desde el área metropolitana, pocos asaltos y robos se suelen suceder. Ello debió haber sido constatado por los visitantes, quienes pueden deambular por doquier, sin la presión de policías, con el convencimiento pleno de que nada hay que temer ni a su persona ni a sus pertenencias. Porque por más que se enfatice en bellos hoteles e infraestructura, éstos nada son para el turista si no hay seguridad o si ésta se logra gracias a un anillo asfixiante de guardias que no le dejan conocer la realidad del lugar y su gente.
Por raro que parezca, Coclé está viviendo un período de prosperidad no sólo hotelera sino también comercial y de construcción, como lo constató en reciente visita a este diario el gobernador Richard Fifer. Varios nuevos hoteles se han inaugurado a lo largo de la Interamericana y su emblemático Decamerón se ha visto forzado a adelantar en dos años la segunda fase de construcción de sus instalaciones situadas en Playa Farallón a un costo de varios millones de balboas, que tendrán gran impacto en una provincia de escasa población, pero ideal para el tipo de turismo que desarrolla donde son importantes el ambiente natural, la arena blanca, los ríos, el fácil acceso, variedad de escenarios a corta distancia, riqueza folclórica, arquitectura pintoresca, etc. Eso ha compensado con creces los traspiés de sus sectores agropecuarios, salinero y camaronero.
Por último, la acogida dispensada por el pueblo coclesano al turismo extranjero y su encomiable disposición al trabajo, han sido ejemplares y dignos de imitar por los ciudadanos de otras provincias, pues el factor humano es sino el principal un primordial elemento para el desarrollo de una industria turística sustentable y recurrente a través de muchos años.
Coclé tiene entre sus principales activos el ambiente de seguridad que se respira, donde, salvo excepción de malos elementos que aisladamente incursionan desde el área metropolitana, pocos asaltos y robos se suelen suceder. Ello debió haber sido constatado por los visitantes, quienes pueden deambular por doquier, sin la presión de policías, con el convencimiento pleno de que nada hay que temer ni a su persona ni a sus pertenencias. Porque por más que se enfatice en bellos hoteles e infraestructura, éstos nada son para el turista si no hay seguridad o si ésta se logra gracias a un anillo asfixiante de guardias que no le dejan conocer la realidad del lugar y su gente.
Por raro que parezca, Coclé está viviendo un período de prosperidad no sólo hotelera sino también comercial y de construcción, como lo constató en reciente visita a este diario el gobernador Richard Fifer. Varios nuevos hoteles se han inaugurado a lo largo de la Interamericana y su emblemático Decamerón se ha visto forzado a adelantar en dos años la segunda fase de construcción de sus instalaciones situadas en Playa Farallón a un costo de varios millones de balboas, que tendrán gran impacto en una provincia de escasa población, pero ideal para el tipo de turismo que desarrolla donde son importantes el ambiente natural, la arena blanca, los ríos, el fácil acceso, variedad de escenarios a corta distancia, riqueza folclórica, arquitectura pintoresca, etc. Eso ha compensado con creces los traspiés de sus sectores agropecuarios, salinero y camaronero.
Por último, la acogida dispensada por el pueblo coclesano al turismo extranjero y su encomiable disposición al trabajo, han sido ejemplares y dignos de imitar por los ciudadanos de otras provincias, pues el factor humano es sino el principal un primordial elemento para el desarrollo de una industria turística sustentable y recurrente a través de muchos años.