default

El militarismo es historia


Verdaderamente, los escritos en El Panamá América sobre los pasados hechos acaecidos en la isla de Coiba, dejan sin efecto cualquier imaginación respecto a la obra de los militares durante sus 21 años de gobierno. Ningún ser normal podrá concebir que eso que lee fue una realidad y que aquellos que murieron fueron compatriotas, cuyo único delito fue oponerse al régimen y rebelarse contra las injusticias en Coiba.
No pretendo repetir lo escrito ya, sólo quisiera hacer acotaciones al margen que refresquen las memorias de los responsables y sus cómplices civiles. Si analizamos también la noticia de la casa en Miraflores que servía para torturas a ciudadanos opositores; que servía para descargar el complejo de superioridad de seres inferiores cuando visten un uniforme, detrás del que se sienten poderosos, pensamos que no lo son de veras, sino que se esconden dentro del mismo.
Estoy convencida de que el país tuvo la suerte de que el presidente Endara tratara de ignorar aquellas iniquidades, aún la golpiza recibida y que logró bastante amnesia en los panameños. Esto nos permitió vivir sin tanto rencor y, a sabiendas de todo lo malo que hicieron los militares, logramos convivir con ellos en un "mundo de paz".
Cuando el presidente Cristiani, en El Salvador, firmó la paz de una guerra sangrienta y dijo: "borrón y cuenta nueva", no lo comprendí al principio; sin embargo, más tarde fui a ese país y me percaté de la ventaja que habían tenido porque, sin odio ni violencia habían reconstruido la democracia y El Salvador marchaba hacia delante.
No quiero revivir de nuevo, con apasionamiento, los días aciagos de la dictadura militar. No pretendo llevar más sentimientos negativos a los corazones panameños. La leche derramada no puede recogerse y lo hecho no refleja el sentir actual nuestro. Pero, sí espero que estas publicaciones nos sirvan para reflexionar sobre las atrocidades que hicieron los militares; para pensar en que no debemos amargarnos si vemos a un Botita García caminar impune por el parque Omar Gallegos y ahora nos enteramos de que él firmó el contrato de aquella negra residencia de torturas.
Debe servirnos para dar gracias a Dios por estar vivos y que, en lo que a mí atañe, la tortura fue sólo psicológica y que yo he superado. Pedirle a los familiares de los desaparecidos que olviden e ignoren el pasado, es casi imposible. Pero, decirles que su resignación será recibida por Dios como ofrenda al sacrificio de los mismos, tal vez sirva de alivio.
Que aprendamos de las enseñanzas. Que no se diga que hemos arado en el mar. Podría ser lo mejor que aprendamos cuando, cada tanto, salgan a relucir las historias pasadas. Aunque pensemos que las personas que protagonizaron las mismas, no tenían conciencia en ese momento, es posible que ahora se les haya despertado y el remordimiento de tantos crímenes no los dejen vivir.
Estar o no encerrados en una cárcel, no importa tanto como lo que su propio yo y su reacción interna, les hace corroer la conciencia. Lo único que pido es que, ojalá nunca se repita la bota militar en Panamá y quienes la añoran, que se traguen sus deseos porque cada vez más panameños la rechazan.
Bendita la hora en que nos libramos de ellos. Bendita la hora en que es parte de la Constitución que no haya militarismo y que es parte de la historia. Quisiera que los policías, cuando usan uniformes, no piensen que son militares y se comporten como lo que son. Gracias a Dios, los militares en Panamá son entes en vías de extinción.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América