El militarismo, ¿es un fantasma?
En diciembre de 1989 una invasión de Estados Unidos a Panamá, puso fin al régimen militar que había usurpado el poder durante 21 años. Los creadores y protectores de dicho régimen, finalmente lo destruyeron y se valieron de una solución militar para una situación eminentemente política. La ocasión sirvió para que la sociedad civil introdujera cambios a la Constitución panameña, entre estos, la eliminación y proscripción del ejército en Panamá.
La pregunta ineludible es: ¿Bastó el cambio constitucional y el fin del régimen militar para acabar con el militarismo en nuestro país? Veamos. Fueron 21 años de dictadura sumados a 22 años previos de formación militar en la Escuela de las Américas, fundada en 1946, en Panamá. Unos 43 años de adoctrinamiento y tutelaje, en los cuales lo militar no sólo fue lo más importante, sino que lo fue todo.
Muchos de esos militares, algunos con uniformes todavía, otros de civil ahora, añoran aquellos tiempos y un número importante de ellos forman parte de la administración Torrijos. En la presidencia, en el Gabinete Ejecutivo, en el municipio capitalino, en un par de gobernaciones, en entidades autónomas y en un preocupante y cada vez más grande etcétera de instituciones.
Por otra parte, la política belicista de Estados Unidos, que ve en cada ser humano un posible terrorista o un posible narcotraficante, ha diseñado para la región su nueva estrategia: el Plan Mérida, que no es otra cosa que la remilitarización de Centro América y Panamá. La coincidencia de estos intereses han generado los decretos-ley impuestos por el presidente Martín Torrijos a todos los panameños. Dichos documentos son la mayor y la mejor prueba de que el militarismo está vivo y activo, y amenaza a la democracia cada día con mayor fuerza.
Esos decretos crean, de hecho y desde ya, un ministerio de defensa, un ejército con dos armas, la naval (Servicio Aeronaval) y la infantería (Servicio de Fronteras) y su respectivo cuerpo de inteligencia militar (el SENIS), además de subordinar la Policía Nacional, Migración, Aduanas y el SPI a dicho ejército, militarizándoles de paso. Todo ello en abierta y flagrante violación a la Constitución.
Que no se engañe nadie, la peor de las democracias siempre será mejor que el mejor de los regímenes militares. El militarismo está volviendo y pronto cobrará sus primeras víctimas, no le quepa la menor duda. ¿Qué hará usted, lo dejará seguir tomando cuerpo, lo seguirá viendo crecer sin hacer nada? Yo pretendo combatirlo con todas mis fuerzas y hasta mi último aliento para que nunca jamás vuelva a imponer el terror en nuestro querido Panamá, y que nuestro futuro siga siendo de libertad, justicia y democracia.