El Ministerio de Seguridad
La creación de un Ministerio de Seguridad constituye una de las medidas de mayor alcance en la lucha contra el crimen organizado, por la seguridad ciudadana, y en consonancia con la batalla regional que llevan adelante distintos gobiernos. La medida da continuidad a una de las políticas asumidas en el pasado quinquenio y es de esperar que sea efectiva, en lugar de una nominación más. Así, porque en Panamá nada tiene de casual que estructuras nuevas arrastren consigo viejos vicios, y que en lugar de representar avances significativos, profundicen, en la burocracia estatal, esa especie de pantano circular en que caen las buenas intenciones. La otra esperanza es que, efectivamente, el nuevo Ministerio de Seguridad ayude a que la ciudadanía recupere la confianza perdida en este tipo de estructura, que no sea infiltrada, como ha admitido un alto funcionario, y que no se convierta en un mecanismo para perseguir opositores o aquellos que disienten de la política oficial. La experiencia panameña, no muy lejana, evidencia que en más de una ocasión esas estructuras de seguridad sólo llevaron incertidumbre a miles de ciudadanos decentes, cuando desde sus líneas actuaban delincuentes. Que no sea el Ministerio de la Inseguridad, y que reconozca y planifique en función de la amenaza a que está sometido el país por fuerzas terroristas internacionales. Panamá es uno de los eslabones más importantes del sistema que sostiene a Occidente y nada extraño sería que los terroristas tuvieran al país en la mira.