El Ministerio Público y la reforma obligada
De una vez por todas los panameños debemos abrir los ojos ante el quehacer del Ministerio Público, y aceptar que ese pozo no dará el agua que esperábamos. Los bríos iniciales se quedaron en escarceo, en ruido que algunos confundieron con motores en acción y marcha.
Ahora bien, el fenómeno no es un asunto exclusivo de Panamá. En América Latina la institución cojea, víctima del descuido y la falta de atención intelectual, lo que se traduce de forma ineludible en un raquitismo fáctico, y en incapacidad para generar su propia transformación. Esto sin tomar nota de la contaminación política que aqueja a la institución en la mayoría de los países de esta parte del mundo.
Esta última anotación se torna en un asunto de mayúscula gravedad, pues el epicentro de la reforma penal que se avecina en el país es ni más ni menos el Ministerio Público. Para el éxito del nuevo esquema, se requiere una Procuraduría fuerte y actuante. Si no logramos la meta de tener una fiscalía eficiente y eficaz, con elevado nivel cultural, alejada del acartonamiento y falta de creatividad; si no se logra la excelencia en la transformación de la etapa de instrucción criminal, que a la postre constituye el corazón del nuevo sistema acusatorio, ninguno de los objetivos de la reforma inminente se alcanzará.
No es menos cierto que también se requerirán jueces más sensatos, alejados de esos que defienden la jurisprudencia a costa de destrozar a un ser vivo, lo mismo que será necesaria una revolución académica para que las universidades dejen de colonizar la mente de los estudiantes con el manejo abstracto de doctrinas y códigos, para adentrarlos en la enseñanza práctica o lo que los franceses llaman "clínica del derecho".
Sin embargo, el factor determinante para la reforma lo impone el Ministerio Público, No se ven resultados de calibre, sino confusos amagos, y estridencias cinematográficas. Cuando no sea así, y los frutos empiecen a notarse, entonces podremos hablar de que el cambio es posible.
Aura de Magallón, madre de la víctima, dolida por lo sucedido, dijo que espera que se haga justicia, porque a quien mataron fue a su hijo, no a un perro.
Según la madre de "Chupampa", jamás en su familia han tenido algún contratiempo con Vicente Mosquera, a pesar que cada vez que él va a Puerto Caimito tiene problemas con alquien, "porque cuando toma se vuelve loco".
En tanto el promotor Rogelio Espiño, apoderado de Mosquera, aseguró que su pupilo estuvo en el lugar de los hechos, pero no tuvo nada que ve con el incidente.
Espiño aseguró que habló con Mosquera, quien le explicó sentirse sorprendido con los señalamiento que se le hacen.
Dijo que se está buscando asesoría legal para Mosquera para hacer frente a estos señalamientos.