El misterio de las coincidencias
EL pasado 3 de septiembre vivimos con emoción la ceremonia oficial del inicio de los trabajos de la ampliación del Canal de Panamá. Un evento que no escatimó en detalles significativos y con todas las consideraciones que la ocasión se merecía. Con la misma majestuosidad que se presentó el proyecto de ampliación el 24 de abril de 2006 en el Teatro Anayansi, solo que esta vez se realizó bajo un abrazante sol, alta humedad y una posterior lluvia, se detonaron las primeras explosiones del cerro Cartagena, que permitirá el paso de los buques post-Panamax a futuro, cuando se culmine esta magna obra.
Son muchas las coincidencias y semejanzas que acontecieron ese día, y me mueve un poco el misticismo para escribir sobre ellas. Hace 30 años, el 7 de Septiembre, se firmaron en Washington los Tratados Torrijos-Carter. Un elegante General Torrijos, flanqueado por sus negociadores "algunos hoy difuntos" firmaba con el Presidente James Carter un tratado que nos devolvería un portento de la ingeniería, producto de la bondad que la naturalaza había prodigado a nuestro istmo y que una injusticia histórica había tenido en manos extranjeras por más de siete décadas. Una lucha que se inició muchos años antes, pero que fue llevada a término por un liderazgo enfocado en la reivindicación de la soberanía nacional. A pesar de la oficiosa oposición a ese tratado, hoy día todos reconocemos que el Canal de Panamá es la empresa más importante que tiene nuestro país, y que la administración panameña ha probado ser altamente eficiente y profesional, algo de lo cual dudaba mucha gente, tanto aquí como en los Estados Unidos.
Un montón de ideas y pensamientos vinieron a mi mente viendo la transmisión de los actos del 3 de Septiembre. La irrefutable coincidencia que los protagonistas de hace treinta años estaban representados por sus vástagos: Martín Torrijos y Samuel Lewis, ambos hijos de los principales ejecutores del tratado ostentan hoy los cargos de Presidente y vicepresidente democráticamente elegidos. Un muy lúcido y carismático Jimmy Carter ha blando en español y dando testimonio de su misión como un estadounidense de primera clase, sin arrepentirse del gran costo político que tuvo que pagar por hacerle justicia a un pequeño país pero cuya estatura le fue reconocida no por su mezquina nación, sino por el mundo entero, al concedérsele el Premio Nobel de la Paz. Y muchos panameños henchidos de emoción con la esperanza que, bien manejado, el tema canalero puede representar nuestra entrada al selecto grupo de los países altamente desarrollados.
No deja de divagar en mi mente el misterio de las coincidencias: Cuando el tratado se firmó Torrijos era el jefe del gobierno, ahora que se va a ampliar, su hijo es el Presidente. El referéndum donde aprobamos dicha ampliación se realizó un 22 de octubre, y el referéndum para aprobar los tratados se realizó un 23 de octubre. Los tratados fueron firmados el 7 de octubre y su ampliación se empezó oficialmente la misma semana en que se conmemoraban los 30 años de su firma. El autor de la Marcha Panamá es Tony Fergo, el suegro del actual mandatario. Y la condena del ex general Noriega se cumplía un 9 de Septiembre, tema que nos mantuvo en vilo por varias semanas, hasta conocer cuál sería el paradero del hombre que se ha convertido en el más deplorable y repugnante panameño conocido. Si antes nos conocían en el extranjero por la música de Rubén Blades, después de la invasión empezaron a asociar a Panamá únicamente con Noriega, gracias a su participación en el narcotráfico, el lavado de dinero y la supresión de las libertades individuales, además de su descarada asociación con los más pútridos estamentos de seguridad estadounidense.
Y tantas son las casualidades o causalidades de la historia, que fue precisamente el partido que más adversó los tratados canaleros a quien correspondió protagonizar en el poder la transferencia del Canal.
Eduardo Zancolli, en El Misterio de las Coincidencias indaga sobre la significación e importancia de los lugares, los objetos y las personas para entender el sentido que le dé unidad a la vida. En esta ocasión, a la vida de un país con un destino manifiesto, como lo es Panamá, contrapuesto al destino que siempre han esgrimido los Estados Unidos como su filosofía y creencia en relacionarse con los otros países del mundo.
Cábala, numerología o coincidencia, no sé qué puede estar pasando, pero hay que cuidar los actos de hoy, porque mañana nadie sabe para quién trabaja. Al final, la sonrisa de hoy se convierte en mueca mañana, o al revés.
(*) La autora fue Ministra de Estado
Son muchas las coincidencias y semejanzas que acontecieron ese día, y me mueve un poco el misticismo para escribir sobre ellas. Hace 30 años, el 7 de Septiembre, se firmaron en Washington los Tratados Torrijos-Carter. Un elegante General Torrijos, flanqueado por sus negociadores "algunos hoy difuntos" firmaba con el Presidente James Carter un tratado que nos devolvería un portento de la ingeniería, producto de la bondad que la naturalaza había prodigado a nuestro istmo y que una injusticia histórica había tenido en manos extranjeras por más de siete décadas. Una lucha que se inició muchos años antes, pero que fue llevada a término por un liderazgo enfocado en la reivindicación de la soberanía nacional. A pesar de la oficiosa oposición a ese tratado, hoy día todos reconocemos que el Canal de Panamá es la empresa más importante que tiene nuestro país, y que la administración panameña ha probado ser altamente eficiente y profesional, algo de lo cual dudaba mucha gente, tanto aquí como en los Estados Unidos.
Un montón de ideas y pensamientos vinieron a mi mente viendo la transmisión de los actos del 3 de Septiembre. La irrefutable coincidencia que los protagonistas de hace treinta años estaban representados por sus vástagos: Martín Torrijos y Samuel Lewis, ambos hijos de los principales ejecutores del tratado ostentan hoy los cargos de Presidente y vicepresidente democráticamente elegidos. Un muy lúcido y carismático Jimmy Carter ha blando en español y dando testimonio de su misión como un estadounidense de primera clase, sin arrepentirse del gran costo político que tuvo que pagar por hacerle justicia a un pequeño país pero cuya estatura le fue reconocida no por su mezquina nación, sino por el mundo entero, al concedérsele el Premio Nobel de la Paz. Y muchos panameños henchidos de emoción con la esperanza que, bien manejado, el tema canalero puede representar nuestra entrada al selecto grupo de los países altamente desarrollados.
No deja de divagar en mi mente el misterio de las coincidencias: Cuando el tratado se firmó Torrijos era el jefe del gobierno, ahora que se va a ampliar, su hijo es el Presidente. El referéndum donde aprobamos dicha ampliación se realizó un 22 de octubre, y el referéndum para aprobar los tratados se realizó un 23 de octubre. Los tratados fueron firmados el 7 de octubre y su ampliación se empezó oficialmente la misma semana en que se conmemoraban los 30 años de su firma. El autor de la Marcha Panamá es Tony Fergo, el suegro del actual mandatario. Y la condena del ex general Noriega se cumplía un 9 de Septiembre, tema que nos mantuvo en vilo por varias semanas, hasta conocer cuál sería el paradero del hombre que se ha convertido en el más deplorable y repugnante panameño conocido. Si antes nos conocían en el extranjero por la música de Rubén Blades, después de la invasión empezaron a asociar a Panamá únicamente con Noriega, gracias a su participación en el narcotráfico, el lavado de dinero y la supresión de las libertades individuales, además de su descarada asociación con los más pútridos estamentos de seguridad estadounidense.
Y tantas son las casualidades o causalidades de la historia, que fue precisamente el partido que más adversó los tratados canaleros a quien correspondió protagonizar en el poder la transferencia del Canal.
Eduardo Zancolli, en El Misterio de las Coincidencias indaga sobre la significación e importancia de los lugares, los objetos y las personas para entender el sentido que le dé unidad a la vida. En esta ocasión, a la vida de un país con un destino manifiesto, como lo es Panamá, contrapuesto al destino que siempre han esgrimido los Estados Unidos como su filosofía y creencia en relacionarse con los otros países del mundo.
Cábala, numerología o coincidencia, no sé qué puede estar pasando, pero hay que cuidar los actos de hoy, porque mañana nadie sabe para quién trabaja. Al final, la sonrisa de hoy se convierte en mueca mañana, o al revés.
(*) La autora fue Ministra de Estado