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El mito del desempleo


No, no pretendemos negar que hay desempleo. Lo que sostenemos es que la cifra, cualquiera que sea, está inflada por quienes no quieren trabajar o lo hacen a desgano. ¿Cuántos son? Quizás un tercio de la cifra de quienes aparecen en la lista de los desocupados.
Concretemos. Desempleo es un concepto engañoso, porque sugiere que la única forma de ganarse la vida es trabajando para otro. Y eso no es cierto. Muchos de los que se consideran y figuran como sin trabajo, no lo son realmente, porque siendo aptos para laborar independientes, sencillamente, prefieren seguir aguardando por un malentendido "empleo formal", en vez de trabajar por cuenta propia.
Obviamente, hay gente no apta para trabajar, porque nada sabe hacer y, por tanto, no pueden hacerlo ni por cuenta propia, ni por cuenta ajena. Pero, en condiciones normales, cualquiera puede accionar una máquina de cortar grama, lavar autos, limpiar, cuidar niños y tirar machete, pero prefieren no hacerlo y se cruzan de brazos para que otro los mantenga.
Los peores son aquellos que, siendo aptos para desempeñar alguna profesión u oficio, se abstienen de trabajar para sí mismos o, si lo hacen, son unos incumplidos e irresponsables en el desempeño de la obra o encargo encomendado. De ordinario, son los que se quedan con los abonos de la clientela y se pierden; los que demoran la entrega de obras por pereza; los que por tomar trago o consumir drogas, pierden días de labor; y los que trabajan mal por falta de esmero. Ninguno de ellos debiera figurar en la lista de desempleados; sin embargo, son los que de ordinario la encabezan y más gritan.
¿Cuántas veces no encargamos a un ebanista, plomero, pintor o electricista un trabajo y nos planta? ¿Cuántas veces viene y lo que hace es una chambonada? ¿Merecen ser llamados desempleados o son víctimas de su propia desidia y culpa?

101 años de Panamá América

 
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