El mito del fraude inmobiliario
De pronto se ha desatado una campaña vía Internet contra el mercado inmobiliario panameño, advirtiendo a potenciales clientes de las estafas que les aguarda al tratar de comprar apartamentos o viviendas en nuestro país. ¿Realidad o fantasía?
Las malintencionadas publicaciones nos hacen recordar una similar proliferación de noticias negativas, originadas casi siempre en Estados Unidos, dirigida contra la Zona Libre de Colón a mediados de la pasada década. Para ese tiempo, poderosos intereses económicos estaban empañados en impulsar la zona franca de Miami como alternativa a la nuestra, aprovechando el relativo desprestigio de la nuestra, de los tiempos del General Noriega.
Pero fue inútil, porque era el mercado mundial el que necesitaba de la Zonal Libre y no tanto a la inversa. Miami, por ejemplo, no podía embarcar mercancías para Cuba, Vietnam y Corea del Norte, por mencionar algunos; en cambio, la Zona Libre de Colón comercia con el que sea pague de contado, tan libre como la propia Internet. Igual ocurría con productos de relativa alta tecnología, como los de computadoras, fotocopiadoras y partes para aviones. El secreto de su éxito siempre fue y sigue siendo el ser un área realmente abierta e irrestricta, tanto como en la navegación marítima por el Canal, un verdadero Casablanca neutral en un mundo convulsionado y dividido por embargos, represalias y sanciones comerciales impuestas por razones políticas. Nuestro Istmo siempre fue así desde antes de la Colonia y ninguna otra nación del continente tiene en ese campo más vasta y larga experiencia. Son al menos seis siglos de servir de puente comercial. Somos los fenicios de nuestros días, sirviendo a todos por igual, a los mejores precios, sin tomar partido por nadie, por más que guerreen entre sí.
Con los inmuebles pasa igual. Su competencia de Miami y de Estados Unidos en general, se ha venido abajo, porque los altos precios alejaron la demanda que ahora cosechamos por acá. No es nuestra culpa, es el mercado el que manda. Mejor es que busquen remedio en otra parte.
Si algunos se sienten estafados, que son una fracción insignificante de los miles y miles de satisfechos compradores extranjeros -sino pregunten a los jubilados de Boquete-, es porque no buscaron adecuada asistencia legal o porque jugaron a la ruleta especulativa. ¿Por qué no hablan de los miles de millones que pierden algunos apostadores temerarios en la bolsa de Nueva York? Cada quien es libre de buscar o no la asesoría profesional que estime. Pero quien opte por ahorrarse el costo, que asuma los riesgos. La ley existe, tontos temerarios también.