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El movimiento popular ultimo


NADIE ESPERABA que las reformas gubernamentales para "salvar" la CSS darían lugar a un movimiento de protestas y oposición por parte del pueblo panameño, que ha adversado beligerantemente esas reformas, las cuales sacrificaban abiertamente el ahuecado bolsillo de la clase trabajadora y de la clase media del país, a más de traducirse en ciertas ventajas económicas para patronos, banqueros y capitalistas extranjeros y nacionales. La poco fuerte popularidad gubernamental se vino abajo, mientras maestros, profesores, obreros y otros sectores populares decretaban paros y huelgas, acompañados por manifestaciones públicas que tendenciosamente eran llevadas a enfrentamientos con los escuadrones antimotines de la Policía Nacional. Conocido el plan legalista del Gobierno, surgió la consigna lógica y popular de que se suspendiera el debate parlamentario del proyecto, que no pasaría de ser más que un pupitrazo aprobador.
Desde un comienzo, el Gobierno adoptó el camino de disimular inútilmente su voluntad de una aprobación legislativa, a un costo político imprevisible, y escuchó presidencialmente a la Conusi, uno de los baluartes de la oposición generalizada por todo el país. La anhelada aprobación parlamentaria comenzó a estancarse en un lento retraso de la velocidad inicial imprimida, lo que era una orden de "adelante y para atrás", de circunstancial estrategia. El movimiento popular se detenía también un poco, pero ha continuado firme, porque todo el mundo (activistas o testigos) sabía que con esa ley no habría "salvación" alguna. Personas sensatas dejaron oír su voz justa y ecuánime. Entre ellas, el señor Roberto Alfaro Estripeaut (ex embajador), expresó en el Panamá América (28 de mayo), lo que reproducimos: "Previendo que no habría modo de poner a todas las partes de acuerdo, el Gobierno de turno se abocó a la fórmula más fácil, pero la más peligrosa, que fue apostar que si las cosas se hacían rápido, sin dar mayor información y con despliegue de fuerza, el sufrimiento de la ignorancia sometería al pueblo a volver a tragarse la medicina.
"Le aconsejo al Gobierno que instale una Comisión Nacional de cada uno de los sectores de la sociedad, para que escuchen y evalúen las propuestas. De manera que, en un máximo de sesenta días, presenten un nuevo proyecto, el cual estoy seguro en la mayoría de sus normas similar al que presentó el Ejecutivo, pero no tan oneroso para las clases media y baja".
No comparto algunos detalles de la opinión del Sr. Alfaro Estripeaut, pero lo esencial es lo más justo y cuerdo que pueda hacerse, en esta hora de furor de un pueblo cansado ya de tanto desastre gubernamental y tan condenado al sacrificio económico y al hambre.
Continuemos con la marcha de los acontecimientos, porque algunos esperaban que el Gobierno haría serias rectificaciones el domingo último cunado hablaría el Sr. Torrijos; y éste apeló a la conocida "estrategia": redactan una norma exigente, para rebajarla un poco, como si se tratara de una concesión; y aquí no ha pasado nada. El Presidente fue parco y anunció la reforma del artículo sobre jubilación de las mujeres, bajando algunos puntos en los siete años de espera originales. Ahora la pauta procedimental es la de que la nueva Ley se discute y aprueba como si fuera un solo párrafo; la demora sólo depende, como estuvo dependiendo, del cúmulo de artículos reformados. Así la nueva Ley, tenga los artículos que tenga, se aprueba en bloque, aunque la demora sea con la votación electrónica, y a veces cambian al voto de mano.
La nueva Ley, que "salvará" al Seguro, se aplicará, o afectará, de un modo o de otro, hasta a los recién nacidos que acaban de ver la luz. Tenemos nuestras "dudas" sobre cómo se aplicará tan "benéfica" Ley, "benéfica" porque hemos sido testigos cómo y por qué se ha aprobado.
Pasada la medianoche del domingo 29 de mayo, adversaron la Ley y sus reformas, con fuertes argumentos, los diputados Luis Varela, Vladimir Herrera y Wigberto. Ya eran las dos de la mañana del lunes 30, cuando se inició la votación, desde el artículo 1º y sus reformas. Era inútil oír la votación, por el Canal 11, porque la mayoría perredista votaba en plancha y los opositores sólo podían hacer constar su voto negativo. El tercer debate que creemos se daría el martes 31, era sólo una simple votación de formalidad. Pero, al mismo tiempo, los numerosos grupos opositores al proyecto en todo el ámbito nacional anunciaron que continuarán las protestas: el Frenadeso (Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social), la Coordinadora Nacional de Unidad Magisterial; el Frente de Educadores Independientes y la Conusi, entre otros, y sobre todo esa decisión nacional de los educadores de oponerse firmemente a lo que sabemos está fundado sobre un arenal económico, que de manera muy difícil podrá traducirse en algún bien colectivo o "solución de salvamento", como algunos lo expresan demagógicamente. Amanecerá y veremos, pero todo lo visto en estas semanas que han pasado significa que el pueblo ya tiene los ojos abiertos y el ánimo para las decisiones.

101 años de Panamá América

 
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