El múltiple "rol" de Trinidad
El pasado sábado 23 de noviembre - por pura coincidencia - estuve en el lago Gatún mientras caía el diluvio más copioso que se haya registrado en el área durante los últimos 50 años. El extraordinario temporal - impresionante aún para quienes lo hemos navegado centenares de veces a lo largo de 3 décadas - forzó la apertura de las compuertas de control para mantener el máximo nivel de agua que permiten las normas de seguridad dentro del embalse en referencia.
Así las cosas, y por haberse dado el suceso en el momento que dicho lago registraba su mayor tolerancia acuífera, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) tuvo necesidad de verter al mar 104,000,000,000 galones de agua dulce, es decir, el volumen necesario para efectuar 2,000 tránsitos completos por el Canal de Panamá. Este procedimiento rutinario - prueba irrefutable que el mayor problema de la vía no es la obtención de su principal materia prima, mas sí el almacenaje apropiado de la misma - desecha, sin ser utilizados en operación alguna, cantidades colosales que varían anualmente según las lluvias que se produzcan dentro de la cuenca existente, y que promedian más del 10% de la capacidad de retención que tienen Gatún y Alajuela, respectivamente.
El proyecto del Brazo Trinidad - asunto concebido por el Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos en la década de los sesenta - es, a mi modesto entender, el más sesudo concepto para manejar apropiadamente el agua dentro del Canal de Panamá. No solo eliminaría ese enorme desperdicio anual -el exceso sería bombeado oportunamente a un reservorio superior- sino también toleraría transitar la vía al máximo calado permisible durante los años de sequías prolongadas evitando, simultáneamente, el tremendo impacto sociológico y ambiental que generarían los embalses de Coclé del Norte, Indio y Caño Sucio, de llegarse a construir.
La profundización del cauce de navegación en el lago Gatún - idea interesante pues con ella se utilizará toda la superficie de agua de dicho embalse para mantener la hondura dentro de la franja propuesta, aún en los años cuando aparezca el fenómeno de El Niño - es el complemento ideal para el proyecto Trinidad, habida cuenta que el dragado requerido para la citada excavación bien pudiera cimentar la represa de tierra que definiría el reservorio a desnivel de la obra que nos ocupa.
Otro aspecto de inmenso valor nacional es que el dique propuesto permitiría - a muy bajo costo, si se tiene en cuenta el gran impacto que generaría en el país entero - el establecimiento de la vía transístmica occidental. Esta importante carretera, no solo reduciría la presión que aqueja a la única comunicación vial entre las ciudades de Panamá y Colón, sino también ayudaría al desarrollo de las zonas agropecuarias ubicadas en las inmediaciones de Piña, Salud, Escobal, Arraiján y La Chorrera. Además, la nueva ruta permitiría trasladar personas y mercancías entre estos centros de producción y las provincias del interior sin tener que atravesar, forzosamente, la urbe capitalina.
Existen dos términos - modernización y ampliación - que bien vale la pena definir cada uno de ellos cuando se refieren al Canal de Panamá. La modernización de la vía no es otra cosa que optimizar, al máximo, el potencial existente dentro de la ruta istmeña. Por el contrario, la ampliación de la estructura actual contempla, primordialmente, la construcción de un nuevo juego de esclusas y destinar las fuentes de agua para suplir la demanda futura. Trinidad es de los pocos esquemas - sino el único - que encaja perfectamente en ambos escenarios.
La mayor objeción que argumentan los críticos de este singular proyecto es que el terreno sobre el cual se cimentaría la represa en cuestión - reiterando que la misma sería construida con el material que produzcan diversas obras de dragado en el Canal - está dentro de una zona geológica de cuestionable calidad estructural. Sin embargo, vale la pena señalarle a todos ellos que, tanto la mitad de la esclusa de Gatún como los dos diques de tierra que contienen el embalse del mismo nombre, se edificaron - hace casi cien años y con la tecnología de entonces - sobre la misma condición de suelo que se da en el área donde pudiera llevarse a cabo el concepto motivo de este escrito.
Seguro estoy que el departamento de ingeniería de la ACP está al tanto de todos estos escenarios que, si bien manejados, resultarían de inmenso provecho para el país entero.
La otra y final consideración sería ¿qué haríamos nosotros los panameños en una situación similar de la cual hasta el presente nos ha librado Dios? Tenemos muchas costas en el Atlántico y en el Pacífico y, sobre todo, a diario transitan tanqueros cisternas por el Canal. ¿Precauciones? Si, Dios no lo quiera, ocurriera. No quiero ridiculizar, pero no creo que campearía la solidaridad pues eso no está en nosotros. No la hemos aprendido y por otro lado eso no paga, luego no sirve. Tampoco creo que caigo en la burla si digo que indisputablemente ante una marea negra reaccionaríamos como reaccionamos, con una monumental marcha con pancartas echándole la culpa al gobierno, a la iglesia, a la derecha, a la falta de educación, a los gringos etc., trancaríamos las calles (nuestra especialidad local) y añadía otro: hasta los banqueros saldrían a trancar calles. Con el modo de proceder diario "ex communiter contingentibus" cualquier cosa pudiera suponerse y que ojalá desde luego inspirados en la fe y con la ciencia, es aconsejable que comencemos a practicar y no tanto a predicar la solidaridad que es la mejor expresión de nuestra fe cristiana.
Los senderos de piedra utilizados por los españoles aún pueden verse. Se definen calles y caminos en medio de una nutrida vida silvestre.
Mientras, en las faldas de aquel cerro, la primera cueva que visitamos permanecía repleta de murciélagos, como era de esperarse. Más adelante, en Punta Cueca, ubicamos la segunda. Allí los trabajos del INAC llevan ya varios meses. Su exploración significó el derribo de gigantescas piedras que fueron dando paso a múltiples hipótesis relativas a la existencia de importantes riquezas al fondo de la cueva.
No obstante, de lo que sí existe una teoría confirmada y, sobre todo, respetada, es "de no atentar contra la cultura indígena presente en estas áreas", según dijo Ruiloba.
El indio Plinio nos lo explicaría después. "Se enciende un tabaco cuando uno llega porque así lo pide el espíritu del español que habitó esta cueva, además se le coloca una vela verde, agua y vino", nos dijo y de inmediato agregó "tampoco se permiten chistes dentro de ella, ni beber o fumar y mucho menos relaciones sexuales".
A nuestra salida del sitio uno de los expedicionarios encendía el tabaco, tal como Plinio lo dijo. Para Menéndez Franco las cuevas tienen un "doble carácter". Son lugares naturales y militares para guardar no sólo riquezas, sino también víveres y armas.
Lo cierto es que la historia de estas tierras es aún un "gran misterio en espera de exhaustivas investigaciones". Mientras éstas concluyan, sus habitantes permanecerán en ellas como los más fieles guardianes de una época fantástica.
A pocos minutos de Playa Brava, después del pueblo de Punta Alegre, se divisa un terreno por donde los pescadores de esta región, de Garachiné y Taimatí, dicen que desciende desde la montaña, una cadena de oro. Se cuenta que en Perú se le hizo un regalo a un galeón español que llegó a Lima. La reina recibió una cadena y un ancla de oro.
El arca vino cargada con tesoros y en las costas de Patiño sufrió un ataque de piratas. Al salir mal librado, descargó la mitad del oro, el resto siguió en el galeón y éste se hundió justo en la sima de esta montaña. En noches de semana santa se le ve alumbrando.
En un morro (monte pequeño) también en las costas de Patiño, llegaron una vez unos marines norteamericanos y acordonaron el área, impidiéndole el paso a los pescadores. Trajeron helicópteros de dos hélices y se llevaron unos cañones que se dice, eran de los galeones.
Por allá por los años "70 llegó a estas costas un barco de ingleses. Algunos muchachos de entonces lo abordaron para preguntarles si querían comprar langostas. Los navegantes les mostraron un mapa y les dijeron que andaban tras tres cofres con riqueza que estaban en una cueva.
Frente al poblado de Mogocénega, en Punta La Virgen, un niño estaba pescando y sacó un pedazo de lona que se dice que cubría un millonario tesoro. Los adultos intentaron llegar al lugar para explorar, pero el pequeño se desmayó una y otra vez y los lugareños lo tomaron como una premonición y allí terminó todo. Nada más se ha sabido desde entonces.
Los indios de estas tierras hablaban inglés y francés para aliarse con los piratas y los guiaban por la espesura de la selva en contra de los españoles.
Así las cosas, y por haberse dado el suceso en el momento que dicho lago registraba su mayor tolerancia acuífera, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) tuvo necesidad de verter al mar 104,000,000,000 galones de agua dulce, es decir, el volumen necesario para efectuar 2,000 tránsitos completos por el Canal de Panamá. Este procedimiento rutinario - prueba irrefutable que el mayor problema de la vía no es la obtención de su principal materia prima, mas sí el almacenaje apropiado de la misma - desecha, sin ser utilizados en operación alguna, cantidades colosales que varían anualmente según las lluvias que se produzcan dentro de la cuenca existente, y que promedian más del 10% de la capacidad de retención que tienen Gatún y Alajuela, respectivamente.
El proyecto del Brazo Trinidad - asunto concebido por el Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos en la década de los sesenta - es, a mi modesto entender, el más sesudo concepto para manejar apropiadamente el agua dentro del Canal de Panamá. No solo eliminaría ese enorme desperdicio anual -el exceso sería bombeado oportunamente a un reservorio superior- sino también toleraría transitar la vía al máximo calado permisible durante los años de sequías prolongadas evitando, simultáneamente, el tremendo impacto sociológico y ambiental que generarían los embalses de Coclé del Norte, Indio y Caño Sucio, de llegarse a construir.
La profundización del cauce de navegación en el lago Gatún - idea interesante pues con ella se utilizará toda la superficie de agua de dicho embalse para mantener la hondura dentro de la franja propuesta, aún en los años cuando aparezca el fenómeno de El Niño - es el complemento ideal para el proyecto Trinidad, habida cuenta que el dragado requerido para la citada excavación bien pudiera cimentar la represa de tierra que definiría el reservorio a desnivel de la obra que nos ocupa.
Otro aspecto de inmenso valor nacional es que el dique propuesto permitiría - a muy bajo costo, si se tiene en cuenta el gran impacto que generaría en el país entero - el establecimiento de la vía transístmica occidental. Esta importante carretera, no solo reduciría la presión que aqueja a la única comunicación vial entre las ciudades de Panamá y Colón, sino también ayudaría al desarrollo de las zonas agropecuarias ubicadas en las inmediaciones de Piña, Salud, Escobal, Arraiján y La Chorrera. Además, la nueva ruta permitiría trasladar personas y mercancías entre estos centros de producción y las provincias del interior sin tener que atravesar, forzosamente, la urbe capitalina.
Existen dos términos - modernización y ampliación - que bien vale la pena definir cada uno de ellos cuando se refieren al Canal de Panamá. La modernización de la vía no es otra cosa que optimizar, al máximo, el potencial existente dentro de la ruta istmeña. Por el contrario, la ampliación de la estructura actual contempla, primordialmente, la construcción de un nuevo juego de esclusas y destinar las fuentes de agua para suplir la demanda futura. Trinidad es de los pocos esquemas - sino el único - que encaja perfectamente en ambos escenarios.
La mayor objeción que argumentan los críticos de este singular proyecto es que el terreno sobre el cual se cimentaría la represa en cuestión - reiterando que la misma sería construida con el material que produzcan diversas obras de dragado en el Canal - está dentro de una zona geológica de cuestionable calidad estructural. Sin embargo, vale la pena señalarle a todos ellos que, tanto la mitad de la esclusa de Gatún como los dos diques de tierra que contienen el embalse del mismo nombre, se edificaron - hace casi cien años y con la tecnología de entonces - sobre la misma condición de suelo que se da en el área donde pudiera llevarse a cabo el concepto motivo de este escrito.
Seguro estoy que el departamento de ingeniería de la ACP está al tanto de todos estos escenarios que, si bien manejados, resultarían de inmenso provecho para el país entero.
La otra y final consideración sería ¿qué haríamos nosotros los panameños en una situación similar de la cual hasta el presente nos ha librado Dios? Tenemos muchas costas en el Atlántico y en el Pacífico y, sobre todo, a diario transitan tanqueros cisternas por el Canal. ¿Precauciones? Si, Dios no lo quiera, ocurriera. No quiero ridiculizar, pero no creo que campearía la solidaridad pues eso no está en nosotros. No la hemos aprendido y por otro lado eso no paga, luego no sirve. Tampoco creo que caigo en la burla si digo que indisputablemente ante una marea negra reaccionaríamos como reaccionamos, con una monumental marcha con pancartas echándole la culpa al gobierno, a la iglesia, a la derecha, a la falta de educación, a los gringos etc., trancaríamos las calles (nuestra especialidad local) y añadía otro: hasta los banqueros saldrían a trancar calles. Con el modo de proceder diario "ex communiter contingentibus" cualquier cosa pudiera suponerse y que ojalá desde luego inspirados en la fe y con la ciencia, es aconsejable que comencemos a practicar y no tanto a predicar la solidaridad que es la mejor expresión de nuestra fe cristiana.
Los senderos de piedra utilizados por los españoles aún pueden verse. Se definen calles y caminos en medio de una nutrida vida silvestre.
Mientras, en las faldas de aquel cerro, la primera cueva que visitamos permanecía repleta de murciélagos, como era de esperarse. Más adelante, en Punta Cueca, ubicamos la segunda. Allí los trabajos del INAC llevan ya varios meses. Su exploración significó el derribo de gigantescas piedras que fueron dando paso a múltiples hipótesis relativas a la existencia de importantes riquezas al fondo de la cueva.
No obstante, de lo que sí existe una teoría confirmada y, sobre todo, respetada, es "de no atentar contra la cultura indígena presente en estas áreas", según dijo Ruiloba.
El indio Plinio nos lo explicaría después. "Se enciende un tabaco cuando uno llega porque así lo pide el espíritu del español que habitó esta cueva, además se le coloca una vela verde, agua y vino", nos dijo y de inmediato agregó "tampoco se permiten chistes dentro de ella, ni beber o fumar y mucho menos relaciones sexuales".
A nuestra salida del sitio uno de los expedicionarios encendía el tabaco, tal como Plinio lo dijo. Para Menéndez Franco las cuevas tienen un "doble carácter". Son lugares naturales y militares para guardar no sólo riquezas, sino también víveres y armas.
Lo cierto es que la historia de estas tierras es aún un "gran misterio en espera de exhaustivas investigaciones". Mientras éstas concluyan, sus habitantes permanecerán en ellas como los más fieles guardianes de una época fantástica.
A pocos minutos de Playa Brava, después del pueblo de Punta Alegre, se divisa un terreno por donde los pescadores de esta región, de Garachiné y Taimatí, dicen que desciende desde la montaña, una cadena de oro. Se cuenta que en Perú se le hizo un regalo a un galeón español que llegó a Lima. La reina recibió una cadena y un ancla de oro.
El arca vino cargada con tesoros y en las costas de Patiño sufrió un ataque de piratas. Al salir mal librado, descargó la mitad del oro, el resto siguió en el galeón y éste se hundió justo en la sima de esta montaña. En noches de semana santa se le ve alumbrando.
En un morro (monte pequeño) también en las costas de Patiño, llegaron una vez unos marines norteamericanos y acordonaron el área, impidiéndole el paso a los pescadores. Trajeron helicópteros de dos hélices y se llevaron unos cañones que se dice, eran de los galeones.
Por allá por los años "70 llegó a estas costas un barco de ingleses. Algunos muchachos de entonces lo abordaron para preguntarles si querían comprar langostas. Los navegantes les mostraron un mapa y les dijeron que andaban tras tres cofres con riqueza que estaban en una cueva.
Frente al poblado de Mogocénega, en Punta La Virgen, un niño estaba pescando y sacó un pedazo de lona que se dice que cubría un millonario tesoro. Los adultos intentaron llegar al lugar para explorar, pero el pequeño se desmayó una y otra vez y los lugareños lo tomaron como una premonición y allí terminó todo. Nada más se ha sabido desde entonces.
Los indios de estas tierras hablaban inglés y francés para aliarse con los piratas y los guiaban por la espesura de la selva en contra de los españoles.