El mundo después de Fidel
El anuncio de esta semana, hecho por el mismo protagonista, de que no volverá a aspirar a la presidencia cubana, para dejarle el camino abierto a su hermano y delfín, Raúl Castro Ruz, no debió tomar por sorpresa a nadie. Ni a quienes, desde adentro y afuera de la isla, manejan la realidad de una salud, sino deteriorada, por lo menos lastimada, mucho más de lo que muchos pensamos, también manejan la realidad de que este momento tarde o temprano tendría que llegar.
Para los norteamericanos, no solamente no es inusitada la noticia, sino que el interés con el que se mira los acontecimientos ha cambiado radicalmente, desde la caída del Muro de Berlín.
Por supuesto, que existe un genuino interés y una genuina preocupación por la pretensión de que debiera comenzar un proceso de apertura política y económica, que -salvando los avances y progresos que trajo la revolución cubana-, ahora también, permita un régimen de libertades públicas como se conoce en el resto de América Latina y una economía que, llámenla como quieran llamarla, tiene ante sí el reto fundamental de satisfacer las necesidades crecientes de la empobrecida población cubana. No obstante, el interés de los Estados Unidos tiene que ver más con su política inmigratoria y con la necesidad de evitar otro Marielito en costas de la Florida.
Por lo tanto, por razones pragmáticas, mucho más que por razones ideológicas, Raúl Castro Ruz tiene, hoy más que nunca, una justificación para acercarse a los Estados Unidos, lo mismo que los norteamericanos tienen una razón para acercarse al régimen que está pronto a seguir presidiendo la isla, esta vez de una manera más definitiva, por lo menos, por ahora.
Por lo demás, tarde o temprano, con ayuda o sin la ayuda de los norteamericanos, con la colaboración o sin la colaboración de América Latina, que desde la ONU y/o desde la OEA, tiene un reto inigualable de integrar a Cuba al concierto de naciones de América Latina; el autoritarismo caerá en Cuba, preferiblemente, luego de la ausencia definitiva de su gran mito y leyenda.