default

El mundo plano del presidente


Entre las muchas ofertas electorales de política económica del ahora presidente electo de la República se encuentra el adoptar un sistema impositivo de tasa plana (flat tax). Este régimen impositivo, calificado de compromiso por el futuro ministro de Economía y Finanzas, y que se caracteriza por aplicar una tasa única para la determinación del impuesto sobre la renta, tiene importantes efectos que conviene precisar.

Si se tiene presente que el nuevo modelo impositivo debería ser neutral desde el punto de vista de la recaudación, es decir que el mismo no podría generar una suma de impuestos inferiores al que remplaza, surge un grave problema de equidad. En efecto, si se tiene en cuenta que el impuesto de tasa plana, si es que tiene algún sentido, se establecerá a una tasa efectiva inferior al promedio que pagan los más altos niveles de ingresos, entonces aparecerán ganadores y perdedores. Entre los primeros estarán las personas y las sociedades empresariales de más altos ingreso, que verán reducir su tasa efectiva, mientras que en la segunda posición estarán los sectores con ingresos sujetos a tributación más bajos, para quienes dicha tasa se elevará con el fin de lograr el equilibrio.

El hecho de que los esquemas impositivos de tasa plana afectan negativamente a los sectores medios ha sido comprobado por un conjunto de importantes economistas. Es así, por ejemplo, que un estudio realizado por Lawrence Summers –hoy asesor económico principal del presidente Obama- durante 1996 llegó precisamente a esa conclusión, mientras que una investigación más reciente ejecutada por Skipper y Burton, publicada en la revista “Entrepreneur”, en noviembre de 2008, concluye, utilizando como referencia los planes de Forbes y de Hall y Rababushka, que estos esquemas harían recaer una mayor carga impositiva sobre los sectores medios, a la vez que representarían una recaudación inferior para el gobierno. Se trata de resultados contradictorios con el objetivo de lograr una carga tributaria más equitativa.

Claro está que los proponentes locales del esquema podrían alegar que una menor tasa impositiva para los más ricos llevaría, al generar una rentabilidad acrecentada, a mayores ahorros e inversiones, lo que desembocaría en una mayor recaudación. Adoptar este argumento inscribiría la propuesta gubernamental en el desprestigiado mundo de las ideas de Arthur Laffer y la llamada “supply-side economics”, que han sido completamente desacreditadas académicamente, tal como lo demuestra James Galbraith en su reciente “The Predator State” (2008), a la vez que falseadas por la realidad.

Tal como lo ha destacado Stiglitz, existe un consenso de que la política de Reagan lejos de elevar significativamente el coeficiente de ahorro tuvo un efecto “abismalmente bajo” sobre el mismo. Por su parte, Galbraith ha señalado que antes de la aplicación de las política de reducción impositiva neoliberal la relación formación bruta de capital–PIB norteamericana fluctuaba entre el 15% y el 16%, cifra equivalente a la observada luego de la aplicación de dicha política. Ni más ahorro ni más inversión, simplemente una distribución más desigual del ingreso.

Nos encontramos frente a una política con la capacidad de afectar peligrosamente a los sectores medios que contribuyen al impuesto sobre la renta, así como ante la posibilidad de que la búsqueda de rentas sustitutivas se dirija hacia los impuestos indirectos (consumo), afectando más la ya precaria situación de los sectores populares, la cual debemos resistir.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América