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El muro de Berlín


Símbolo tétrico de la crueldad del totalitarismo, el muro de Berlín fue por muchos años la imagen universal de los extremos radicales de la perversión del comunismo. Antes del muro, se filtraban a Occidente informaciones fragmentarias sobre purgas, exterminios masivos, campos de concentración soviéticos colmados por los disidentes y sobre otras maldades del mundo comunista que las maquinarias propagandísticas atribuían a la CIA y a los intereses capitalistas.
Pero el muro de Berlín no pudo ocultarse. A la vista del mundo estaban terrenos minados para que nadie se aproximara, feroces perros siberianos para atacar a los fugitivos, vigilancia de soldados fuertemente armados en torreones giratorios en puntos del muro; en resumen, la parafernalia organizada por los comunistas de Alemania Oriental para impedir las deserciones de los habitantes de Berlín Oriental a Berlín Occidental. La construcción del muro fue el remate de las hostilidades generadas después de los acuerdos de Yalta y Postdam, primero por el bloqueo aéreo de Berlín , y luego por la división de la ciudad de Berlín en un sector ruso y un sector occidental . Los estadistas soviéticos adujeron que los aliados debían impedir que Alemania se reunificara y volviera a reciclarse, bajo otro nombre, otra amenaza de recrudecimiento del militarismo expansionista germánico. Franklin D. Roosevelt y Churchill apoyaron la canibalización de Berlín, impresionados por la hecatombe provocada por Hitler. No previeron que el sistema democrático de post guerra iba a ser el baluarte más eficaz contra el totalitarismo y que la reconstrucción económica de Alemania no llevaría a un retroceso político, de la libertad a una nueva tiranía. Cuando empezó a desintegrarse la Unión Soviética, en Alemania Oriental
la reacción popular marchó a mayor velocidad que los planes de los estadistas. Francia y otros países europeos recelaron de los riesgos de una reunificación acelerada. Helmut Kohl, que planeaba una reunificación gradual, visitaba Polonia cuando arrancó la destrucción de la muralla. Mijail Gorbachov accedió a los consejos de su llorada esposa Raisa y dio una orden medio ambigua bajo el peso de los acontecimientos. Las víctimas de la tiranía no esperaron una segunda orden y procedieron a la demolición de la muralla que los separaba de sus familiares y los condenaba a la nulidad de sus derechos civiles. Por ello es que la caída del muro es uno de los más importantes acontecimientos del siglo XX, comparable mutatis mutandis a la caída de Constantinopla o a la batalla de Lepanto, un hito entre dos épocas.
Diez años después, el muro parece un mal sueño. Para exorcizar los demonios del comunismo, los berlineses celebraron una gran fiesta en la puerta de Brandeburgo, con fuegos artificiales y música de rock. Berlín volvió a fulgir como en sus años de gloria, cual un icono de la libertad.

101 años de Panamá América

 
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