El museo "Dr. Ricardo J. Alfaro"
Hace algún tiempo escribí un artículo en donde me referí a la "clave secreta" que el Dr. Ricardo J. Alfaro había hecho para uso de la Cancillería del Gobierno de Panamá. Dicha "clave" la utilizamos mi hermano Gabriel y yo en 1946 para transcribir un mensaje confidencial que nuestro padre, Samuel Lewis Arango, en ese entonces embajador de Panamá en Washington, le enviaba al presidente del país relacionado con la salud del mandatario Franklin D. Roosevelt.
Mi padre fue el último embajador en presentarle sus credenciales al presidente estadounidense, quien falleció muy pocos días después en Warm Spring, Georgia.
En viajes posteriores que hice a Washington y en varias visitas a nuestra embajada, no me fue posible ubicar "la clave secreta". Esta había desaparecido y nadie podía, ni los embajadores ni el personal subalterno de la Embajada darme cuenta de ella.
Hace unos días atrás me sorprendió mi hijo Mario Lewis Morgan, quien había recibido una llamada de Iván Alfaro Jr., hijo de Iván Alfaro Lyons artífice de esta gran obra y nieto del Dr. Ricardo J. Alfaro, diciéndole que la "clave" estaba en el Museo-Biblioteca que los descendientes del insigne panameño habían creado para mantener accesible a todo el público las cartas, escritos, documentos, etcétera de este preclaro panameño. Me apersoné, por supuesto, al Museo Alfaro que está ubicado en la planta baja del hermoso edificio Hispania, frente al Parque Urracá, donde quedaban las oficinas del Dr. Alfaro.
Desde que uno entra al museo, entra a la historia de Panamá. Repasa uno en rápida secuencia la vida de un hombre extraordinario que no solo le dio gloria y prestigio a Panamá sino a toda la América Hispana.
El museo, hoy mantenido por los descendientes del ilustre compatriota, muestra una selección de las 60 condecoraciones con las que las Naciones del Universo lo distinguieron; su diccionario de anglicismo que con 520 páginas publicó en 1970; los más de 50 mil documentos que cubren toda la vida del istmo.
Por supuesto, volver a ver la famosa "clave secreta" fue una de mis prioridades en esta visita. Me doy cuenta ahora porqué nos tomó varias horas a mi hermano y a mí -creo que unas 4 ó 5- transcribir el mensaje a Panamá que pronosticaba el pronto fallecimiento del presidente Roosevelt, lo cual desafortunadamente ocurrió muy poco tiempo después.
La "clave" contenía nombres propios con números que estaban dispuestos en orden alfabético de la A a la Z. Las cifras equivalentes a las palabras, frases y nombres comenzaban con la letra M, de modo que al terminar en la Z continuaban con la A hasta terminar con la L. Esta "clave" contenía 34 mil palabras, raíces, frases, nombres propios y cifras que constan todos de 5 letras.
El trabajo de elaborar esta "clave" fue increíblemente complejo y sólo la mente de un genio pudo producirla. Hay que tener presente que esa "clave" fue elaborada en la época del telégrafo, cuando la aviación comercial estaba en sus inicios y los vapores que recorrían el mundo eran lentos y solamente había la posibilidad de enviar mensajes rápidos y confiables a través del telégrafo.
Este museo es de visita obligatoria para quienes quieren conocer a Panamá y las gestiones que hicieron en su momento nuestros grandes hombres. El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Educación, debe contribuir, de alguna forma, a su mantenimiento y promover en las escuelas y universidades su visita para que la juventud enriquezca su conocimiento sobre el país.
Mi padre fue el último embajador en presentarle sus credenciales al presidente estadounidense, quien falleció muy pocos días después en Warm Spring, Georgia.
En viajes posteriores que hice a Washington y en varias visitas a nuestra embajada, no me fue posible ubicar "la clave secreta". Esta había desaparecido y nadie podía, ni los embajadores ni el personal subalterno de la Embajada darme cuenta de ella.
Hace unos días atrás me sorprendió mi hijo Mario Lewis Morgan, quien había recibido una llamada de Iván Alfaro Jr., hijo de Iván Alfaro Lyons artífice de esta gran obra y nieto del Dr. Ricardo J. Alfaro, diciéndole que la "clave" estaba en el Museo-Biblioteca que los descendientes del insigne panameño habían creado para mantener accesible a todo el público las cartas, escritos, documentos, etcétera de este preclaro panameño. Me apersoné, por supuesto, al Museo Alfaro que está ubicado en la planta baja del hermoso edificio Hispania, frente al Parque Urracá, donde quedaban las oficinas del Dr. Alfaro.
Desde que uno entra al museo, entra a la historia de Panamá. Repasa uno en rápida secuencia la vida de un hombre extraordinario que no solo le dio gloria y prestigio a Panamá sino a toda la América Hispana.
El museo, hoy mantenido por los descendientes del ilustre compatriota, muestra una selección de las 60 condecoraciones con las que las Naciones del Universo lo distinguieron; su diccionario de anglicismo que con 520 páginas publicó en 1970; los más de 50 mil documentos que cubren toda la vida del istmo.
Por supuesto, volver a ver la famosa "clave secreta" fue una de mis prioridades en esta visita. Me doy cuenta ahora porqué nos tomó varias horas a mi hermano y a mí -creo que unas 4 ó 5- transcribir el mensaje a Panamá que pronosticaba el pronto fallecimiento del presidente Roosevelt, lo cual desafortunadamente ocurrió muy poco tiempo después.
La "clave" contenía nombres propios con números que estaban dispuestos en orden alfabético de la A a la Z. Las cifras equivalentes a las palabras, frases y nombres comenzaban con la letra M, de modo que al terminar en la Z continuaban con la A hasta terminar con la L. Esta "clave" contenía 34 mil palabras, raíces, frases, nombres propios y cifras que constan todos de 5 letras.
El trabajo de elaborar esta "clave" fue increíblemente complejo y sólo la mente de un genio pudo producirla. Hay que tener presente que esa "clave" fue elaborada en la época del telégrafo, cuando la aviación comercial estaba en sus inicios y los vapores que recorrían el mundo eran lentos y solamente había la posibilidad de enviar mensajes rápidos y confiables a través del telégrafo.
Este museo es de visita obligatoria para quienes quieren conocer a Panamá y las gestiones que hicieron en su momento nuestros grandes hombres. El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Educación, debe contribuir, de alguna forma, a su mantenimiento y promover en las escuelas y universidades su visita para que la juventud enriquezca su conocimiento sobre el país.