El mutismo de la oposición
Una de las ventajas de la democracia panameña en los últimos 19 años ha sido la crítica independiente, constante y efectiva ejercida por los medios de comunicación.
No ha habido gobierno que haya estado a salvo de los señalamientos puntuales de los medios, ante actos de corrupción o atentados contra la democracia, los derechos humanos o la libertad de expresión. Quizás esa realidad le ha allanado el camino a una oposición que ha podido esperar cómodamente los torneos electorales para hacer su aparición. La situación ha llegado al extremo de que, por ejemplo, en casos como el de los proyectos que reforman la ley de los organismos de seguridad del Estado, la histórica cruzada civilista ha debido reaparecer para llenar vacíos y asumir posiciones militantes. Pareciera que las jornadas electorales son tareas exclusivas de los partidos opositores que, en ocasiones, desaprovechan coyunturas para criticar y hacer propuestas novedosas.
No sólo no se pronuncian con respecto a temas cruciales de la localidad, sino que hacen mutis frente a temas internacionales que, de alguna manera, tendrán repercusión en la región. En lugar de partidos políticos, parecen clubes privados que asumen, selectiva y desfasadamente posiciones que para la sociedad son inaplazables. Sobre la violencia de género, por ejemplo, nada han dicho, tampoco sobre Bolivia; ni sobre la forma como se ha agravado el tema de las agresiones a la mujer en las comarcas indígenas. ¿Cuándo romperán el selectivo mutismo?