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El negativismo hacia todo


Hace tiempo deseaba escribir un artículo con este título, pero no sé por qué no lo hice antes. Me preocupa desde mucho tiempo el hecho de que los panameños no nos pongamos de acuerdo en cada punto relacionado con el país y sus problemas. Hace millones de años las cosas se conversaban, se consultaban, se trataba de encontrar soluciones mejores para el país. Ahora todo queremos hacerlo arbitrariamente con recuerdos de otros tiempos de dictadura y demostrando que somos capaces de llevar las riendas por donde nos da la gana y no por donde es más conveniente.
Soy amante de la democracia y, por lo tanto de permitir que cada uno pueda decir sus pensamientos libremente. Sin embargo, no es cuestión de hablar por hablar, por el sólo hecho de oponernos porque sí o porque nos da la gana; no es cuestión de cancanear y aflorar palabras sueltas, sino decir frases coherentes que traigan oportunidades de descargar ante el mundo lo que nos oprime y nos amarga.
Por esto pienso que no nos ponemos de acuerdo y aún no he encontrado la razón; siendo esto muy importante, debemos conversar como gente civilizada y encontrar puntos de convergencia para mejorar la situación de Panamá. Cuando el Gobierno anuncia una obra o un programa que ellos consideran de gobierno, el pueblo se opone con razones que no sabemos, a veces, sostener; pero tenemos que oponernos porque, de lo contrario, nos tildan de vendidos al gobierno.
Si alguna agrupación de la sociedad no gobernante propone alguna posible solución a algún problema nacional, el gobierno se opone enseguida porque está dado por alguien de la oposición y se quiere desestabilizar al gobierno. Es comprensible estas situaciones porque la sociedad ha perdido la confianza en el gobierno actual (que se lo buscaron) y no cree en nada de lo que dicen. Y lo segundo, porque el gobierno no desea sentir oposición alguna a lo que quiere imponer arbitrariamente. Sucede que, si se sentaran a conversar, saldría algo beneficioso para el país. Cada uno se sienta en la posición particular pensando que sus opiniones son las correctas.
Si se quiere hacer una obra que sirva como adelanto, los ecologistas se oponen porque acarrea una iluminación en vez de usar guarichas que es lo que ellos quieren que siga utilizándose. Si alguien quiere subir al cerro Ancón en carro, no debe permitirse porque hay que hacerlo a pie y tomando agua. Me pregunto hasta cuándo vamos a permitir que un grupo impida el adelanto que pueda traer una obra porque ellos quieren usar botas anticuadas en vez de zapatos modernos.
Cuando hablamos de los derechos humanos, no nos fijamos de donde viene su violación para condenar esa situación. Pareciera que sólo los gobiernos violaran los derechos humanos, cuando en cada familia se hace lo mismo cuando existe la violencia intrafamiliar, cuando se abusa de los menores y las mujeres; cuando se le impide a las personas que pasan de los 40 años a encontrar trabajo que le permita mantener su familia y los lleva a desastres; cuando las mujeres son discriminadas con salarios inferiores a los de los hombres por igual trabajo. No escucho a los derechos humanos pronunciarse en nada. Y eso es violación de los mismos. Pero los escuchamos gritar.
La sociedad civil que no está organizada, se deja manejar por un gobierno que controla los tres poderes del estado y que no permite oposición alguna. Recordemos que, cuando nombraron las organizaciones que trabajarían para la ley del Seguro Social, el Presidente le impidió a los partidos políticos participar... y allí quedó. A eso nadie se opuso, pero lo hacen a otros proyectos que benefician al país.
No comprendo qué pasa en Panamá y esto nos perjudica para la evolución, para el desarrollo y nos impide progresar porque permanentemente nos oponemos a lo que aparezca, sea lo que sea sin analizar la situación.
marisin@movistar.com.pa

101 años de Panamá América

 
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