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El negociado del "guarómetro"


Es muy difícil argumentar contra la medida, por más que se preste a abusos, dada la alta mortalidad causada por los accidentes de tránsito. Pero no por eso nos abstendremos de criticar algunos aspectos que hay que corregir. Primero que todo, el uso del llamado "guarómetro" o medidor del estado de embriaguez de un conductor mediante una prueba con el aliento, abre un enorme abanico de oportunidades para la corrupción, empezando con el remolque obligatorio del carro del infractor.
Los policías o sus superiores están conectados con una o dos compañías de grúas de su preferencia, a las que cobran B/. 40.00 ó más de comisión por cada auto referido, cuyo arrastre forzado cuesta un mínimo de B/. 150.00, fuera del "servicio de corral" que puede costar como mínimo B/. 50.00 diarios. Además, está el costo de la multa que por la primera vez es de B/.150.00. Estamos hablando de un mínimo de B/. 350.00.
Y aunque el Reglamento del Tránsito permite al infractor contactar a alguien para que conduzca su vehículo, y ahorrarse así el servicio de grúa y corral, en la práctica ese derecho se le deniega, bajo el pretexto de que el vehículo debe retirarse de inmediato de circulación. Fuera de eso está la acreditación de la "embriaguez comprobada", pues el aliento puede no ser una fuente totalmente confiable de ello, aunque se mida con un aparato. Lo más exacto es una prueba de sangre; pero en la práctica, no se da al conductor la oportunidad de acudir a un laboratorio privado para confrontar el resultado del "guarómetro" con una prueba más precisa.
Al respecto, médicos reputados como el doctor Aníbal Villa Real, también enólogo y abogado, han criticado los índices de referencia para calificar la embriaguez. La prueba del "guarómetro" pasa por alto las particularidades de los individuos, donde el peso, la edad, fisiología y estado físico son factores que hacen muy relativo calificar la embriaguez. En particular, dice el Dr. Villa Real, sancionar como embriaguez la ingesta de dos copas y hasta cuatro de vino, acompañadas con comida, es absurdo. Si estuviéramos en Europa, donde todo el mundo almuerza o cena con una jarra de vino, medio país estaría preso.
En el fondo, tras las aparentes buenas intenciones, se esconde un negociado más.

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