El negocio del apocalipsis climático
Los años 80’ marcaron el nacimiento de ONG´s ambientalistas, como Green Peace, que recibían grandes donaciones de las multinacionales que pretendían con esto compensar sus desmanes contra el planeta. El dinero era fácil y abundaba. El ambientalismo era uno de los mayores receptores de fondos privados y públicos. La causa revistió a sus seguidores de una confortable sensación de auto-rectitud y superioridad moral. Pero hoy la crisis financiera ha disparado una pugna por brindar a los habitantes del planeta el más devastador escenario para el fin de la humanidad. En esta lucha, las ONG´s que griten más alto, y pinten el más trágico escenario recibirán más fondos. La “Nueva Iglesia Verde Universal” predica un dogma: "El fin está cerca, si no nos dan más fondos, se arrepienten de tomar coca cola y hacen lo que decimos… morirán".
El alarmismo es un negocio, no se venden noticias sin una buena dosis de sensacionalismo. El apocalíptico vídeo de Al Gore, “La Verdad Incómoda” es una buena muestra de cuánto dinero generan la causas ambientales. Gore es el nuevo eco-mesías. Viaja el mundo, se aloja en suites de $15 mil y cobra astronómicas sumas ($175,000), por conferencia en su misión de salvar el planeta. “Las conferencias llevan un mensaje asustador y un buen susto necesita dos ingredientes. El primero es la inminente catástrofe: el calentamiento global y el derretimiento de los casquetes polares; y el segundo, un culpable perfecto: el travieso hombre y su sociedad industrializada, enriquecida por la quema de combustibles fósiles generando dióxido de carbono”. Sin embargo, desde 1997 “se evidencia que el impacto decisivo sobre el cambio climático proviene de la radiación cósmica. El impacto de las nubes sobre el clima y la temperatura es más de un centenar de veces más fuerte que el impacto del dióxido de carbono. Simplemente, la mayor nubosidad significa una mayor deflexión de la radiación solar que llega a la superficie de nuestro planeta”. (N.D. Marsh and H. Svensmark, 2000.).
Además las perturbaciones solares y sus tormentas geomagnéticas que afectan la dinámica de la tierra funcionan en ciclos entre 11 a 90 años, y en marzo de 2009 entró en la fase final de máxima actividad solar, que culminará en el 2011. Pero de esto ni hablar. Estudios científicos serios descalificarían las probabilidades de obtener donaciones para causas verdes quijotescas. Con su demagogia e irracionalidad científica, los ambientalistas buscan convencer al tercer mundo mediante la propagación del miedo, que situaciones como el derretimiento de los polos están a la vuelta de la esquina.
Una verdadera amenaza para nuestra civilización en tiempo real es el peligro del impacto de un asteroide. Sin embargo, no existen protestas o artículos en los periódicos acerca de esto. Y la razón es que no se puede culpar a nadie por ello. Si pudiéramos persuadir al mundo que las petroleras o las compañías mineras son responsables de los asteroides, le garantizo que habría campañas millonarias para "crear conciencia" de este peligro inminente. Tampoco podemos culpar a nadie por las radiaciones cósmicas y las tormentas solares. Imagínese a los ambientalistas con cartelones y megáfonos apuntando al sol y a los asteroides, ¿quién les financiaría semejante locura?
Por eso, los verdes radicales seguirán repitiendo como pájaros de mal agüero, la teoría del cambio climático y el CO2 culpable. El cliché “Cuidando el planeta para las futuras generaciones” es el salvavidas que costea lucrativas campañas y jugosos salarios. Su “modus vivendis” se basa en la predicción de supuestos apocalipsis ambientales, que sus hijos y sus nietos jamás verán.
La historia geológica y la dinámica terrestre es muy complicada, más allá de nuestras actuales competencias de la comprensión y el cálculo de poderosos computadores, la tierra evidencia incontables eventos cíclicos climáticos con alternancia de períodos glaciales y períodos más cálidos, denominados interglaciares. La literatura científica lo atestigua. El resto es ciencia ficción.