El neofascismo europeo
Washington (AIPE)- Es probable que seamos menos libres en los próximos años debido a la expansión del autoritarismo estatista, principalmente proveniente de Europa.
La creciente amenaza a la privacidad financiera es un ejemplo de esta nueva amenaza a las libertades individuales. La privacidad financiera es una libertad fundamental para que los individuos puedan protegerse de gobiernos corruptos y despóticos, de secuestradores y demás delincuentes, pero está siendo debilitada cada día más por la Unión Europea, las Naciones Unidas, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos e inclusive ciertos elementos del gobierno de Estados Unidos.
Las propuestas de estos organismos limitarían o eliminarían toda privacidad financiera. Una de las propuestas más despreciables es de la ONU para crear un organismo impositivo internacional que le exigiría a los gobiernos compartir información financiera detallada de ciudadanos y de empresas. Toda esa información podría terminar en manos de personas y grupos indeseables, poniendo en peligro nuestras vidas y nuestro patrimonio.
Los liberales (en el sentido clásico del término) creemos en gobiernos limitados, bajos impuestos y un mínimo de regulación gubernamental, complementado con una moneda estable y un decidido compromiso con el imperio de la ley y la libertad individual. Quienes en Estados Unidos creemos en tales principios nos llaman conservadores o libertarios. El padre de la economía moderna, Adam Smith (1723-1790) fue un libertario, como también lo fueron los próceres norteamericanos. El mundo se está ahora alejando del liberalismo clásico y del socialismo tradicional hacia un nuevo fascismo.
Hasta la Primera Guerra, el liberalismo clásico fue la ideología política predominante en occidente. El trauma de esa cruel guerra debilitó la confianza en las instituciones y orden político de la época, especialmente en Europa. Rusia que apenas salía del feudalismo fue tomada por los comunistas. Los socialistas y fascistas comenzaron a apoderarse del poder. La Gran Depresión, aunque causada por las políticas fiscales y monetarias del gobierno, hicieron que la gente añorara la estabilidad y el orden ofrecidos por los fascistas. El nacionalsocialismo de Hitler fue una forma virulenta de ese nuevo estatismo.
Aunque la prensa y la clase política suele referirse al comunismo y al socialismo como ideologías de izquierda y al nazismo y fascismo como de la extrema derecha, tales ideologías son sólo diferentes formas del estatismo. Los socialistas creen en la propiedad gubernamental de empresas y tierras. Los fascistas se dieron cuenta que el gobierno no necesitaba ser propietario de industrias y bancos para ejercer un control total. Así, los fascistas tienden a ser autoritarios extremos y reguladores de todo. Ambas ideologías se basan en la opresión de la libertad individual y del mercado por agentes estatales.
La verdadera dicotomía tanto política como económica es estatismo versus libertarianismo. Los socialistas, comunistas, fascistas y defensores del estado benefactor son todos más o menos estatistas. Ellos creen que quienes ejercen el gobierno tienen el derecho de actuar a expensas del individuo para "bien de la sociedad". Los clásico-liberales, los conservadores pro libre mercado y los libertarios creen que cada uno de nosotros posee derechos individuales que no pueden ser negados por el estado. Es más, cada individuo debe dejarse en paz para que haga lo que le interese, siempre y cuando no haga daño a terceros.
Pocos son estatistas puros. Desde la caída de la Unión Soviética, pocos insisten que es mejor que los restaurantes sean manejados por el estado. Para 1980, todos salvo los más densos se habían dado cuenta del fracaso del comunismo y del socialismo.
El libertarianismo parecía estar de vuelta con la elección de Thatcher y Reagan y por los premios Nobel concedidos a F. A. Hayek y a Milton Friedman. Las tasas de impuesto comenzaron a caer en todas partes, las privatizaciones reemplazaron a las nacionalizaciones y el libre mercado se puso otra vez de moda. Hasta el presidente Bill Clinton anunció que había terminado la era del gobierno grande.
Pero entonces, el péndulo comenzó a devolverse. Los estatistas asumieron el control en Francia, Alemania y Gran Bretaña. Aunque se llaman socialistas, actúan más como fascistas. Ya no buscan la propiedad estatal de los medios de producción, sino regular y controlar todas las actividades privadas. Los burócratas no elegidos que manejan la Comunidad Europea quieren controlar todos los detalles de los negocios y de las vidas de los ciudadanos, reprimiendo la creatividad y la iniciativa. El resultado es baja productividad, poco crecimiento económico y estancamiento de los mercados laborales.
Estados Unidos no ha estado inmune. El gasto federal está creciendo más rápidamente que el ingreso nacional. Los subsidios agrícolas y el proteccionismo están de vuelta y la reciente legislación para reformar el financiamiento de las campañas electorales es un ataque directo contra la libre expresión. El fascismo no es un peligro sólo para los europeos; es un peligro presente para nosotros también.
*Presidente de Novecom Financial y académico asociado del Cato Institute.
(c)www.aipenet.com
Añadió que los donantes potenciales son aquellas personas que fallecen por muerte encefálica en los hospitales, es decir, que su cerebro se ha deteriorado pero que sus órganos vitales se pueden mantener en buen estado a través de aparatos y hacerlos viables para trasplantes.
Según Pittí, España es el país que ocupa el primer lugar en cuanto al número de trasplantes realizados, por lo que muchos países latinoamericanos han adoptado el modelo y las técnicas para este tipo de operación, incluyendo Panamá.
A su juicio, el problema en Panamá es que no se ha trasplantado a ningún paciente no asegurado, por lo que espera que un convenio en ese sentido entre la CSS y el Ministerio de Salud sea pronto una realidad.
"Consideramos que una vez eso ocurra, definitivamente la meta sería el Hospital Santo Tomás, donde se desarrollarían las unidades de coordinación adecuadas, ya que en esa entidad médica pública se están perdiendo órganos que podrían salvar la vida a otros panameños", puntualizó Pittí.
Según Edgar Figueroa, vicepresidente del Comité Nacional del Trasplante, en Panamá se está tratando de adoptar una política o plan nacional de trasplante "donde la figura del coordinador es primordial para la captación de los donantes cadavéricos".
Sostuvo que los países desarrollados tienen cada día más donación cadavérica y menos donación de donantes vivos relacionados.
"El concepto moderno es tratar de que el donante cadavérico sea multiorgánico, es decir, que por lo menos se favorezcan cinco enfermos terminales, de los cuales dos serían para pacientes de transplante renal, uno para transplante hepático, otro para caso cardíaco y el último para el reemplazo de pulmón o intestinos", subrayó Figueroa.
También consideró que a corto plazo Panamá podrá iniciar los trasplantes de corazón y posteriormente de hígado.
Sobre el hecho de que no se estén obteniendo órganos cadavéricos del Hospital Santo Tomás, Figueroa indicó que "no es un asunto fácil, ni un camino de rosas, por lo tanto, se necesita de entrenamiento, una docencia dirigida al personal del hospital y la sociedad en general para que estos programas sigan adelante".
Añadió que actualmente hay seis urólogos en todo el país que están entrenados en trasplante, a los que el Comité Nacional de Transplante ha expedido su certificación como especialistas en la materia.
Informó que ya hay médicos especialistas entrenados en trasplantes cardíacos y están por entrenarse otros en trasplante hepático.
Este es el lema de la ANPIRFC para fomentar la donación de órganos en Panamá, con el apoyo de la CSS y el Ministerio de Salud.
Este organismo mantiene una permanente labor de información para que la donación de órganos deje de ser un tabú en muchos sectores de la sociedad panameña.
Cualquier persona sana, mayor de 18 años, puede ser donante de sus órganos y tejidos al momento de finalizar su vida. El cónyuge o familiar más cercano, según la ley, son los únicos que pueden autorizar dicha donación.
Actualmente pueden donarse cerca de 25 órganos y tejidos para ser trasplantados. Los órganos vitales incluyen el corazón, pulmones, riñones, hígado y el páncreas, mientras que entre los tejidos figuran córneas, huesos, piel, tendones, venas, las válvulas del corazón y médula ósea.
En vida se puede donar a un familiar riñón, algunas partes de hígado, pulmón o médula ósea. En ningún caso existen preferencias. Los familiares del donante no pueden elegir al receptor del órgano. Además, ni el hospital, ni los familiares del donante pueden cobrar por la donación. Esto se considera un delito muy grave.
La extracción de órganos sólo se puede realizar en un hospital donde ha ocurrido el fallecimiento, se hayan realizado todas las comprobaciones de muerte cerebral exigidas por la ley, y se solicite a la familia la autorización para efectuar la cirugía.
La donación no ocasionará gastos a la familia del fallecido. Como cualquier operación, no causa deformidad en el cuerpo y no impide los trámites funerarios normales.
Después de la donación, la vida del donante vivo relacionado será tan sana y plena como siempre. Si la mujer es donante o receptora, podrá tener hijos y si es varón, podrá engendrarlos, al igual que hacer deporte, trabajo y actividades acostumbradas.
El trasplante de riñón ayudará al paciente a filtrar la sangre y eliminar las sustancias tóxicas que se encuentran acumuladas en el cuerpo, así como mantener el equilibrio del agua del cuerpo, regulando la presión arterial y la formación de glóbulos rojos.
Tras la cirugía, el paciente tendrá que tomar medicamentos para conservar el riñón trasplantado, de forma tal que el sistema de defensa de su cuerpo no ataque el injerto.
Entre los medicamentos suministrados para esta terapia, los cuales deben ser controlados por un especialista y no suspenderse de forma abrupta, están la azathioprina o inmuran (tabletas), prednisona-corticoide (tabletas), ciclosporina-sandimun (cápsulas).
El paciente trasplantado debe tener una dieta balanceada para el buen funcionamiento del riñón. Puede comer diariamente aves (pollo, gallina, pavo, paloma), marisco (pescados, camarón, langostino, pulpo), alimentos que deben ser previamente hervidos y sazonados con ingredientes naturales (ajo, ajíes, cebolla, apio, culantro, perejil, orégano).
También puede consumir legumbres, vegetales, verduras, leche y queso descremados y todas las frutas que quiera.
En ocasiones el paciente trasplantado puede comer carne de res sin grasa, granos y cereales (arroz, pastas, pan y frijoles), azúcares (dulces, golosina, helados y jugos).
Los alimentos que no puede consumir son las grasas (puercos, aceites, mantequilla), vísceras (corazón, hígados, mollejas, mondongo, pajarilla, bofe), embutidos (salchicha, jamón, tocino, salami), productos enlatados y sazonados con preservativos, bebidas alcohólicas ni sal en grandes cantidades.
La creciente amenaza a la privacidad financiera es un ejemplo de esta nueva amenaza a las libertades individuales. La privacidad financiera es una libertad fundamental para que los individuos puedan protegerse de gobiernos corruptos y despóticos, de secuestradores y demás delincuentes, pero está siendo debilitada cada día más por la Unión Europea, las Naciones Unidas, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos e inclusive ciertos elementos del gobierno de Estados Unidos.
Las propuestas de estos organismos limitarían o eliminarían toda privacidad financiera. Una de las propuestas más despreciables es de la ONU para crear un organismo impositivo internacional que le exigiría a los gobiernos compartir información financiera detallada de ciudadanos y de empresas. Toda esa información podría terminar en manos de personas y grupos indeseables, poniendo en peligro nuestras vidas y nuestro patrimonio.
Los liberales (en el sentido clásico del término) creemos en gobiernos limitados, bajos impuestos y un mínimo de regulación gubernamental, complementado con una moneda estable y un decidido compromiso con el imperio de la ley y la libertad individual. Quienes en Estados Unidos creemos en tales principios nos llaman conservadores o libertarios. El padre de la economía moderna, Adam Smith (1723-1790) fue un libertario, como también lo fueron los próceres norteamericanos. El mundo se está ahora alejando del liberalismo clásico y del socialismo tradicional hacia un nuevo fascismo.
Hasta la Primera Guerra, el liberalismo clásico fue la ideología política predominante en occidente. El trauma de esa cruel guerra debilitó la confianza en las instituciones y orden político de la época, especialmente en Europa. Rusia que apenas salía del feudalismo fue tomada por los comunistas. Los socialistas y fascistas comenzaron a apoderarse del poder. La Gran Depresión, aunque causada por las políticas fiscales y monetarias del gobierno, hicieron que la gente añorara la estabilidad y el orden ofrecidos por los fascistas. El nacionalsocialismo de Hitler fue una forma virulenta de ese nuevo estatismo.
Aunque la prensa y la clase política suele referirse al comunismo y al socialismo como ideologías de izquierda y al nazismo y fascismo como de la extrema derecha, tales ideologías son sólo diferentes formas del estatismo. Los socialistas creen en la propiedad gubernamental de empresas y tierras. Los fascistas se dieron cuenta que el gobierno no necesitaba ser propietario de industrias y bancos para ejercer un control total. Así, los fascistas tienden a ser autoritarios extremos y reguladores de todo. Ambas ideologías se basan en la opresión de la libertad individual y del mercado por agentes estatales.
La verdadera dicotomía tanto política como económica es estatismo versus libertarianismo. Los socialistas, comunistas, fascistas y defensores del estado benefactor son todos más o menos estatistas. Ellos creen que quienes ejercen el gobierno tienen el derecho de actuar a expensas del individuo para "bien de la sociedad". Los clásico-liberales, los conservadores pro libre mercado y los libertarios creen que cada uno de nosotros posee derechos individuales que no pueden ser negados por el estado. Es más, cada individuo debe dejarse en paz para que haga lo que le interese, siempre y cuando no haga daño a terceros.
Pocos son estatistas puros. Desde la caída de la Unión Soviética, pocos insisten que es mejor que los restaurantes sean manejados por el estado. Para 1980, todos salvo los más densos se habían dado cuenta del fracaso del comunismo y del socialismo.
El libertarianismo parecía estar de vuelta con la elección de Thatcher y Reagan y por los premios Nobel concedidos a F. A. Hayek y a Milton Friedman. Las tasas de impuesto comenzaron a caer en todas partes, las privatizaciones reemplazaron a las nacionalizaciones y el libre mercado se puso otra vez de moda. Hasta el presidente Bill Clinton anunció que había terminado la era del gobierno grande.
Pero entonces, el péndulo comenzó a devolverse. Los estatistas asumieron el control en Francia, Alemania y Gran Bretaña. Aunque se llaman socialistas, actúan más como fascistas. Ya no buscan la propiedad estatal de los medios de producción, sino regular y controlar todas las actividades privadas. Los burócratas no elegidos que manejan la Comunidad Europea quieren controlar todos los detalles de los negocios y de las vidas de los ciudadanos, reprimiendo la creatividad y la iniciativa. El resultado es baja productividad, poco crecimiento económico y estancamiento de los mercados laborales.
Estados Unidos no ha estado inmune. El gasto federal está creciendo más rápidamente que el ingreso nacional. Los subsidios agrícolas y el proteccionismo están de vuelta y la reciente legislación para reformar el financiamiento de las campañas electorales es un ataque directo contra la libre expresión. El fascismo no es un peligro sólo para los europeos; es un peligro presente para nosotros también.
*Presidente de Novecom Financial y académico asociado del Cato Institute.
(c)www.aipenet.com
Añadió que los donantes potenciales son aquellas personas que fallecen por muerte encefálica en los hospitales, es decir, que su cerebro se ha deteriorado pero que sus órganos vitales se pueden mantener en buen estado a través de aparatos y hacerlos viables para trasplantes.
Según Pittí, España es el país que ocupa el primer lugar en cuanto al número de trasplantes realizados, por lo que muchos países latinoamericanos han adoptado el modelo y las técnicas para este tipo de operación, incluyendo Panamá.
A su juicio, el problema en Panamá es que no se ha trasplantado a ningún paciente no asegurado, por lo que espera que un convenio en ese sentido entre la CSS y el Ministerio de Salud sea pronto una realidad.
"Consideramos que una vez eso ocurra, definitivamente la meta sería el Hospital Santo Tomás, donde se desarrollarían las unidades de coordinación adecuadas, ya que en esa entidad médica pública se están perdiendo órganos que podrían salvar la vida a otros panameños", puntualizó Pittí.
Según Edgar Figueroa, vicepresidente del Comité Nacional del Trasplante, en Panamá se está tratando de adoptar una política o plan nacional de trasplante "donde la figura del coordinador es primordial para la captación de los donantes cadavéricos".
Sostuvo que los países desarrollados tienen cada día más donación cadavérica y menos donación de donantes vivos relacionados.
"El concepto moderno es tratar de que el donante cadavérico sea multiorgánico, es decir, que por lo menos se favorezcan cinco enfermos terminales, de los cuales dos serían para pacientes de transplante renal, uno para transplante hepático, otro para caso cardíaco y el último para el reemplazo de pulmón o intestinos", subrayó Figueroa.
También consideró que a corto plazo Panamá podrá iniciar los trasplantes de corazón y posteriormente de hígado.
Sobre el hecho de que no se estén obteniendo órganos cadavéricos del Hospital Santo Tomás, Figueroa indicó que "no es un asunto fácil, ni un camino de rosas, por lo tanto, se necesita de entrenamiento, una docencia dirigida al personal del hospital y la sociedad en general para que estos programas sigan adelante".
Añadió que actualmente hay seis urólogos en todo el país que están entrenados en trasplante, a los que el Comité Nacional de Transplante ha expedido su certificación como especialistas en la materia.
Informó que ya hay médicos especialistas entrenados en trasplantes cardíacos y están por entrenarse otros en trasplante hepático.
Este es el lema de la ANPIRFC para fomentar la donación de órganos en Panamá, con el apoyo de la CSS y el Ministerio de Salud.
Este organismo mantiene una permanente labor de información para que la donación de órganos deje de ser un tabú en muchos sectores de la sociedad panameña.
Cualquier persona sana, mayor de 18 años, puede ser donante de sus órganos y tejidos al momento de finalizar su vida. El cónyuge o familiar más cercano, según la ley, son los únicos que pueden autorizar dicha donación.
Actualmente pueden donarse cerca de 25 órganos y tejidos para ser trasplantados. Los órganos vitales incluyen el corazón, pulmones, riñones, hígado y el páncreas, mientras que entre los tejidos figuran córneas, huesos, piel, tendones, venas, las válvulas del corazón y médula ósea.
En vida se puede donar a un familiar riñón, algunas partes de hígado, pulmón o médula ósea. En ningún caso existen preferencias. Los familiares del donante no pueden elegir al receptor del órgano. Además, ni el hospital, ni los familiares del donante pueden cobrar por la donación. Esto se considera un delito muy grave.
La extracción de órganos sólo se puede realizar en un hospital donde ha ocurrido el fallecimiento, se hayan realizado todas las comprobaciones de muerte cerebral exigidas por la ley, y se solicite a la familia la autorización para efectuar la cirugía.
La donación no ocasionará gastos a la familia del fallecido. Como cualquier operación, no causa deformidad en el cuerpo y no impide los trámites funerarios normales.
Después de la donación, la vida del donante vivo relacionado será tan sana y plena como siempre. Si la mujer es donante o receptora, podrá tener hijos y si es varón, podrá engendrarlos, al igual que hacer deporte, trabajo y actividades acostumbradas.
El trasplante de riñón ayudará al paciente a filtrar la sangre y eliminar las sustancias tóxicas que se encuentran acumuladas en el cuerpo, así como mantener el equilibrio del agua del cuerpo, regulando la presión arterial y la formación de glóbulos rojos.
Tras la cirugía, el paciente tendrá que tomar medicamentos para conservar el riñón trasplantado, de forma tal que el sistema de defensa de su cuerpo no ataque el injerto.
Entre los medicamentos suministrados para esta terapia, los cuales deben ser controlados por un especialista y no suspenderse de forma abrupta, están la azathioprina o inmuran (tabletas), prednisona-corticoide (tabletas), ciclosporina-sandimun (cápsulas).
El paciente trasplantado debe tener una dieta balanceada para el buen funcionamiento del riñón. Puede comer diariamente aves (pollo, gallina, pavo, paloma), marisco (pescados, camarón, langostino, pulpo), alimentos que deben ser previamente hervidos y sazonados con ingredientes naturales (ajo, ajíes, cebolla, apio, culantro, perejil, orégano).
También puede consumir legumbres, vegetales, verduras, leche y queso descremados y todas las frutas que quiera.
En ocasiones el paciente trasplantado puede comer carne de res sin grasa, granos y cereales (arroz, pastas, pan y frijoles), azúcares (dulces, golosina, helados y jugos).
Los alimentos que no puede consumir son las grasas (puercos, aceites, mantequilla), vísceras (corazón, hígados, mollejas, mondongo, pajarilla, bofe), embutidos (salchicha, jamón, tocino, salami), productos enlatados y sazonados con preservativos, bebidas alcohólicas ni sal en grandes cantidades.