El neoliberalismo en América Latina
Con agrado transcribimos en forma parcial, por falta de espacio, la Carta de los Provinciales Latinoamericanos de la Compañía de Jesús, con relación al neoliberalismo. Dice así en sus partes más importantes: "Nosotros, Superiores Provinciales de la Compañía de Jesús en América Latina y el Caribe, siguiendo el llamado de la Congregación General 34 a profundizar nuestra misión fe-justicia, queremos compartir con todos los que participan de la misión apostólica de la Compañía de Jesús en el continente y todas aquellas personas preocupadas y comprometidas con la suerte de nuestro pueblo, especialmente los más pobres, algunas reflexiones sobre el llamado neoliberalismo en nuestros países. Nos resistimos a aceptar tranquilamente que las medidas económicas aplicadas en los últimos años en todos los países latinoamericanos y el Caribe, sean la única manera posible de orientar la economía y que el empobrecimiento de millones de latinoamericanos sea un costo irremediable de un futuro crecimiento. Detrás de estas medidas económicas existe una estrategia política, subyace una concepción de la persona humana y una cultura que es necesario discernir desde nuestros propios modelos de la sociedad a la que aspiramos y por la cual trabajamos, al lado de tantos hombres y mujeres movidos por la esperanza de vivir y dejar a las futuras generaciones una sociedad más justa y humana."
"En el umbral del siglo XXI las comunicaciones nos unen estrechamente, la tecnología nos da nuevas posibilidades de conocimiento y creatividad, y los mercados penetran todos los espacios sociales. En contraste con la década pasada, la economía de la mayoría de nuestros países ha vuelto a crecer. Este auge material, que podría abrir esperanzas para todos, deja sin embargo a multitudes en la pobreza, sin posibilidades de participar en la construcción del destino común, amenaza la identidad cultural y destruye los recursos naturales. Calculamos que en Latinoamérica y el Caribe por lo menos 180 millones de personas viven en la pobreza y 80 millones sobreviven en la miseria. Las dinámicas económicas que producen estos efectos perversos tienden a transformarse en ideologías y a absolutizar ciertos conceptos: el mercado, por ejemplo, de un instrumento útil y hasta necesario para elevar y mejorar la oferta y reducir los precios, pasa a ser el medio, el método y el fin que gobierna las relaciones de los seres humanos"
"En el Continente se generalizan las medidas conocidas como neoliberales. Ellas ponen el crecimiento económico - y no la plenitud de todos los hombres y mujeres en armonía con la creación - como razón de ser de la economía. Restringen la intervención del Estado hasta despojarlo de responsabilidades por los bienes mínimos que se merece todo ciudadano por ser persona. Eliminan los programas generales de creación de oportunidades para todos y los substituyen por apoyos ocasionales a grupos focalizados. Privatizan empresas con el criterio de que en todos los casos el Estado es mal administrador. Abren sin restricciones las fronteras a mercancías, capitales y flujos financieros y dejan sin suficiente protección a los productores más pequeños y débiles. Hacen silencio sobre el problema de la deuda externa cuyo pago obliga a recortar drásticamente la inversión social. Subordinan la complejidad de la hacienda pública al ajuste de las variables macroeconómicas: presupuesto fiscal equilibrado, reducción de la inflación y balanza de pagos estable; como si de allí se siguiera todo bien común y no se generaran nuevos problemas para la población que tiene que ser atendidos simultáneamente. Insisten en que estos ajustes producirán un crecimiento que, cuando sea voluminoso, elevará los niveles de ingreso y resolverá por rebalse la situación de los desfavorecidos. Para incentivar la inversión privada, eliminan los obstáculos que podrían imponer las legislaciones que protegen a los obreros. Liberan a grupos poderosos de impuestos y de las obligaciones con el medio ambiente, y los protegen para acelerar el proceso de industrialización, y así provocan una concentración todavía mayor de la riqueza y el poder económico. Ponen la actividad política al servicio de esta política económica, con lo que caen en la paradoja de quitar todas las trabas al libre ejercicio del mercado, y al mismo tiempo controles políticos y sociales, por ejemplo a la libre contratación de mano de obra, para garantizar la hegemonía del mercado libre."
"Debemos reconocer que estas medidas de ajuste han tenido también aportes positivos. Cabe señalar la contribución de los mecanismos de mercado para elevar la oferta de bienes de mejor calidad y precios. La reducción de la inflación en todo el continente. El quitar a los Gobiernos tareas que no les competen para darles oportunidad de dedicarse, si quieren, al bien común. La conciencia generalizada de austeridad fiscal que utiliza mejor los recursos públicos. Y el avance de las relaciones comerciales entre nuestras naciones. Pero estos elementos están lejos de compensar los inmensos desequilibrios y perturbaciones que causa el neoliberalismo en términos de concentración de los ingresos, la riqueza y la propiedad de la tierra; multiplicación de masas urbanas sin trabajo o que subsisten en empleos inestables y poco productivos; quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas; destrucción y desplazamiento forzado de poblaciones indígenas y campesinas; expansión del narcotráfico basado en sectores rurales cuyos productos tradicionales quedan fuera de competencia; desaparición de la seguridad alimentaria; aumento de la criminalidad provocada no pocas veces por el hambre; desestabilización de las economías nacionales por los flujos libres de la especulación internacional; desajustes en comunidades locales por proyectos de empresas multinacionales que prescinden de los pobladores."
"En consecuencia, al lado de un crecimiento económico moderado, aumenta en casi todos nuestros países el malestar social que se expresa en protestas ciudadanas y huelgas. Vuelve a tomar fuerza en algunos lugares la lucha armada que nada soluciona. Aumenta el rechazo a la orientación económica general que, lejos de mejorar el bien común, profundiza las causas tradicionales del descontento popular: la desigualdad, la miseria y la corrupción"
Más patética descripción de la situación social reinante en América Latina no hay, pero sin embargo nuestros indolentes gobiernos nada hacen para combatir las injusticias sociales existentes. Quizás están esperando que la situación adquiera proporciones de tal magnitud que no exista entonces solución.
"En el umbral del siglo XXI las comunicaciones nos unen estrechamente, la tecnología nos da nuevas posibilidades de conocimiento y creatividad, y los mercados penetran todos los espacios sociales. En contraste con la década pasada, la economía de la mayoría de nuestros países ha vuelto a crecer. Este auge material, que podría abrir esperanzas para todos, deja sin embargo a multitudes en la pobreza, sin posibilidades de participar en la construcción del destino común, amenaza la identidad cultural y destruye los recursos naturales. Calculamos que en Latinoamérica y el Caribe por lo menos 180 millones de personas viven en la pobreza y 80 millones sobreviven en la miseria. Las dinámicas económicas que producen estos efectos perversos tienden a transformarse en ideologías y a absolutizar ciertos conceptos: el mercado, por ejemplo, de un instrumento útil y hasta necesario para elevar y mejorar la oferta y reducir los precios, pasa a ser el medio, el método y el fin que gobierna las relaciones de los seres humanos"
"En el Continente se generalizan las medidas conocidas como neoliberales. Ellas ponen el crecimiento económico - y no la plenitud de todos los hombres y mujeres en armonía con la creación - como razón de ser de la economía. Restringen la intervención del Estado hasta despojarlo de responsabilidades por los bienes mínimos que se merece todo ciudadano por ser persona. Eliminan los programas generales de creación de oportunidades para todos y los substituyen por apoyos ocasionales a grupos focalizados. Privatizan empresas con el criterio de que en todos los casos el Estado es mal administrador. Abren sin restricciones las fronteras a mercancías, capitales y flujos financieros y dejan sin suficiente protección a los productores más pequeños y débiles. Hacen silencio sobre el problema de la deuda externa cuyo pago obliga a recortar drásticamente la inversión social. Subordinan la complejidad de la hacienda pública al ajuste de las variables macroeconómicas: presupuesto fiscal equilibrado, reducción de la inflación y balanza de pagos estable; como si de allí se siguiera todo bien común y no se generaran nuevos problemas para la población que tiene que ser atendidos simultáneamente. Insisten en que estos ajustes producirán un crecimiento que, cuando sea voluminoso, elevará los niveles de ingreso y resolverá por rebalse la situación de los desfavorecidos. Para incentivar la inversión privada, eliminan los obstáculos que podrían imponer las legislaciones que protegen a los obreros. Liberan a grupos poderosos de impuestos y de las obligaciones con el medio ambiente, y los protegen para acelerar el proceso de industrialización, y así provocan una concentración todavía mayor de la riqueza y el poder económico. Ponen la actividad política al servicio de esta política económica, con lo que caen en la paradoja de quitar todas las trabas al libre ejercicio del mercado, y al mismo tiempo controles políticos y sociales, por ejemplo a la libre contratación de mano de obra, para garantizar la hegemonía del mercado libre."
"Debemos reconocer que estas medidas de ajuste han tenido también aportes positivos. Cabe señalar la contribución de los mecanismos de mercado para elevar la oferta de bienes de mejor calidad y precios. La reducción de la inflación en todo el continente. El quitar a los Gobiernos tareas que no les competen para darles oportunidad de dedicarse, si quieren, al bien común. La conciencia generalizada de austeridad fiscal que utiliza mejor los recursos públicos. Y el avance de las relaciones comerciales entre nuestras naciones. Pero estos elementos están lejos de compensar los inmensos desequilibrios y perturbaciones que causa el neoliberalismo en términos de concentración de los ingresos, la riqueza y la propiedad de la tierra; multiplicación de masas urbanas sin trabajo o que subsisten en empleos inestables y poco productivos; quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas; destrucción y desplazamiento forzado de poblaciones indígenas y campesinas; expansión del narcotráfico basado en sectores rurales cuyos productos tradicionales quedan fuera de competencia; desaparición de la seguridad alimentaria; aumento de la criminalidad provocada no pocas veces por el hambre; desestabilización de las economías nacionales por los flujos libres de la especulación internacional; desajustes en comunidades locales por proyectos de empresas multinacionales que prescinden de los pobladores."
"En consecuencia, al lado de un crecimiento económico moderado, aumenta en casi todos nuestros países el malestar social que se expresa en protestas ciudadanas y huelgas. Vuelve a tomar fuerza en algunos lugares la lucha armada que nada soluciona. Aumenta el rechazo a la orientación económica general que, lejos de mejorar el bien común, profundiza las causas tradicionales del descontento popular: la desigualdad, la miseria y la corrupción"
Más patética descripción de la situación social reinante en América Latina no hay, pero sin embargo nuestros indolentes gobiernos nada hacen para combatir las injusticias sociales existentes. Quizás están esperando que la situación adquiera proporciones de tal magnitud que no exista entonces solución.