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El no celibato, ¿remedio a un mal?


Es ya sabido que en los últimos años la Iglesia Católica se ha visto enfrentada a la penosa necesidad de pagar sumas millonarias a las demandas de víctimas por abuso sexual por parte de sacerdotes y obispos, como también a tener la valentía de pedir perdón y reconocer que algo anda mal.

En este contexto, el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado a un “año sacerdotal”, el cual tiene como objetivo renovar la espiritualidad sacerdotal, (identidad, reflexión teológica acerca del sacerdocio, el ser sacerdotal). Debido a todos los problemas suscitado en no pocas partes del mundo, el Vaticano ha emitido “cero tolerancia” para salvaguardar la fidelidad y la credibilidad de aquellos hombres que si han desgastado su vida por el evangelio. Conferencias Episcopales han emitido también decretos por el cual se dan medidas enérgicas hacia los sacerdotes, con el fin de evitar futuros escándalos.

Ahora bien, hay sectores de la sociedad que también han elevado su voz para pedir “clemencia” por los sacerdotes y atañe a la “abolición” del celibato, como receta única y exclusiva para acabar con factores que han dejado la buena reputación no sólo de la jerarquía, sino de toda la Iglesia (todos los bautizados) en entredicho.

No tengo presente el contexto teológico-doctrinal acerca del sacerdocio y de la práctica del celibato que por muchos siglos la Iglesia ha valorado, sino más bien en cómo la sociedad moderna opina. Para muchos, es fácil pedir que un sacerdote se case, como si este fuera el remedio, lo mismo podríamos pensar del matrimonio, ¿acaso el hombre casado no están el uno para el otro? Porqué los hijos fuera de convivencia conyugal, infidelidad etc, todo esto para decir que el asunto no es si el sacerdote se case o no se case. Hay otros factores que influyen en el mismo seno familiar que no permite que los hijos crezcan con una visión espiritual, humana, sexual de la persona humana. Nuestra sociedad laicista nos ha enseñado una antropología reduccionista que no permite ver al otro como imagen y semejanza de Dios.

Sanar una herida o poner remedio para que en la Iglesia no sucedan estos graves daños, muy bien lo ha apuntado el slogan, “fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. Seguiremos ahondando en otros puntos en la próxima entrega.

101 años de Panamá América

 
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