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El nuevo curso de América Latina


Pareciera abrirse un nuevo ciclo histórico en América Latina, o como lo llamarían los clásicos del pensamiento social, un nuevo curso caracterizado por el inicio de la recuperación del movimiento popular. Lejos de todo optimismo exagerado, la recuperación pareciera caracterizarse, en primer lugar, por tratarse de un movimiento heterogéneo, amplio y democrático de diverso grado de conciencia y movilización. De la misma manera, los objetivos para la movilización parecen ser, sin duda, la recuperación y ampliación de la democracia.
Después de la caída de las dictaduras militares de derecha, impulsadas por el Pentágono y por la derecha política latinoamericana (cuyo inicio fue el golpe militar brasileño de 1964) y el aplastamiento del movimiento popular en Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Perú y el Ecuador, la política neoliberal impuesta, a sangre y fuego, logró incorporar nuevos luchadores sociales en el frente de los desposeídos y dar al traste con los planes de dominación de largo aliento. Pero cuidado con los optimismos exagerados. El ascenso no es regular y reconoce discontinuidades. Pero no cabe duda que la recuperación es perceptible.
Pongamos el caso del Brasil actual. El movimiento popular reconoce, por lo menos, dos instancias. Un Partido Obrero (el PT) y un Movimiento Social (los Sin Tierra), que juntos constituyen el pilar de la candidatura y el triunfo, en primera vuelta, de Lula. El objetivo de la candidatura es la necesidad de ampliar la democracia, fortalecer la presencia del movimiento social en los nuevos espacios sociales creados por la creciente movilización social. A diferencia del ascenso de los "70, en que la lucha tenía como objetivo el socialismo, el actual ascenso lo es por la democracia. Y los socialistas, la izquierda histórica latinoamericana no puede restarse a esta tarea, encabezando las luchas y los nuevos movimientos y combates sociales. Lo que resulte del triunfo de Lula en segunda vuelta está por verse. Su dinámica es impredecible y lo único que podemos señalar es que ya nada será igual después del domingo 27.
El caso de Ecuador también es aleccionador. La primera vuelta electoral fue ganada por el coronel Lucio Gutiérrez, encabezando una alianza política de izquierda (Movimiento Democrático Popular, Movimiento Pachacutik y Movimiento ciudadano) y un movimiento social indígena encabezado por sus organizaciones gremiales. La profunda crisis política de Ecuador impulsó dos derrocamientos y puso en pie un movimiento de masas de importancia. Si triunfa o no en una segunda vuelta Lucio Gutiérrez es importante, pero no crucial. Lo importante es el impulso a las luchas populares que permitan recuperar la democracia amplia que merecen y por la que han luchado los ecuatorianos. La derecha ecuatoriana ha polarizado el discurso electoral. La izquierda amplia debe asumir el reto y mediante la movilización avanzar en la conquista de las libertades para todos.
Venezuela es un caso especial. A pesar de los gritos destemplados de una derecha política de las más atrasadas del continente y de los cretinos que los propagandizan en nuestro país, una lectura correcta nos debe señalar que en dicho país, al margen de hechos anecdóticos, lo que existe es una extremada polarización. El Presidente Hugo Chávez no sólo es dirigente de un partido político (Movimiento V República), sino que también lo es de un movimiento social inorgánico aún, denominado Círculos Bolivarianos (masas populares urbanas), que han parado los intentos golpistas reaccionarios.
Un aspecto no discutido, a profundidad, y que le produce escozor a ciertos "demócratas ingenuos" es el carácter militar de los dirigentes de los procesos venezolanos y ecuatorianos. ¿Acaso no fue militar Perón en la Argentina o Getulio Vargas en el Brasil? ¿O no lo fue Juan José Torres en Bolivia o Velasco Alvarado en el Perú? ¿O cual es el caso de Rodríguez Lara en Ecuador o Liber Seregni en Uruguay? Todos militares, como para desmentir la idiotez que asimila militares con dictadura y civiles con democracia.
La historia política latinoamericana es mucho más compleja que las pequeñas ideas de algunos que se llaman demócratas. Sobre Torrijos y Arnulfo, en el caso de Panamá, volveré en otro momento.
*Director del Wall Street Journal, diario donde fue publicado originalmente este artículo y autorizó la traducción de AIPE.
(c)www.aipenet.com

"Si la persona no tiene a nadie, o si el nivel de pobreza no se los permite, los ingresamos al Hogar Bolívar, subsidiado por el Ministerio, y es el que nos está dando la mayor cantidad de cupos", explicó. Allí le garantizan alojamiento, atención médica, comida, así como programas socio recreativos y deportivos, que incluyen natación, fisioterapia acuática, terapia ocupacional, juegos de cartas y de mesa. Esta es una labor coordinada entre el ministerio, el Instituto Nacional de Deporte (INDE) y el Hogar Bolívar.
Hay casos de señores que se les ha ingresado por bajo peso y a los meses se les ve muy recuperados porque tienen la atención, pero hay otros en los que el estado de abandono y maltrato es tan extremo, que se les interna en un hospital y una vez recuperados se les ingresa en el Hogar Bolívar.
Uno de esos casos es el de la señora Marta, a quien dejaban 36 horas sin comer. Aquí al ministerio han llegado personas acompañando a un abuelito y lo abandonan. Los dejan sentados con la excusa de que van al baño y se esfuman. Ha ocurrido que a las cuatro de la tarde han encontrado abuelos en las sillas de espera y ellos no saben quiénes son, ni siquiera dónde están, afirma la Dra. Sucre.
"A esa hora tenemos que llamar a las monjitas. Son cosas muy duras. Tienes que poner ese abuelo en los hogares", exclamó. En los pasillos de la institución ha visto caminar con dificultad a abuelitos en busca de ayuda. Cuenta el caso de un señor que salió de su hogar porque ya no soportaba el trato. Su hija se burlaba de él y le decía "que quién le iba hacer caso a un viejo loco".
El señor, con una pierna amputada, contaba que no le daban comida. Con insistencia decía que ya no podía regresar a esa casa. El trabajador social fue con él a su casa y el señor firmó una nota, recogió sus pertenencias y hoy está en un hogar, recuperado y feliz.
Una llamada telefónica alertó sobre la situación de maltrato de una señora. Las descripciones de lo que le hacían a la abuelita requirió de la intervención de un corregidor. Este era un caso que no podía esperar, afirma Sucre.
Se buscó una orden del corregidor para abrir la casa porque la señora estaba encerrada y hubo que allanar la vivienda. Cuando la sacaron, sin conocer al funcionario, dijo: "Yo me voy con usted". Las pertenencias cabían en una pequeña bolsa; no tenía zapatos. La evaluación médica reveló que padecía tuberculosis e insuficiencia cardiaca. Era Marta, una mujer alta, pero su peso promediaba las 90 libras, inferior a su talla, comenta la Dra. Sucre.
Estuvo hospitalizada y ahora está en el Hogar Bolívar. "¡Gracias a Dios! que se le pudo ayudar porque difícilmente, en esas condiciones, hubiera soportado más tiempo", exclamó. Cuando llegó el funcionario la señora dijo: "usted es un ángel que Dios me lo mandó de tanto yo rezar".
La doctora hace un alto en medio del relato. Frente a su escritorio, tiene unos archivadores. En uno de ellos está la imagen de Cristo Jesús. Su mirada cada vez que recordaba estas historias se dirigía hacia ese rincón. En señal de que las acciones de muchos hijos son inconcebibles, coloca sus manos sobre su frente, seguidas de un gesto desaprobador viendo al Cristo.
"Por eso lo tengo allí. Yo lo miro y le digo: ¿por qué pasan estas cosas?, no lo entiendo". Como la acción produciría una reacción, al día siguiente el hijo de la señora llegó a su despacho y le preguntó que ¿quién le iba a pagar su cerradura? "Nunca me preguntó por su madre, sino quién le iba a pagar su cerradura", afirmó desconcertada.
La acusaron de haberles violado sus derechos cuando ellos son los que han violado la integridad de la señora. "Ustedes son unos delincuentes", les respondió la doctora esa mañana en su despacho. La esposa del señor le dio las gracias a ella y al ministerio porque le habían quitado una carga, iba a tener bienestar porque la señora era un estorbo.
Los vecinos denunciaron la situación porque un día la señora se escapó y el hijo la fue a buscar en su auto. La llevó amarrada en plena lluvia, él en el auto y la señora amarrada. Según los vecinos, la bañaban desnuda, amarrada en el patio. Ahora está feliz y recuperada... Le afecta escuchar el nombre de su hijo.
La situación del adulto mayor "es difícil, es compleja", no sólo por la pobreza, sino por la falta de valores familiares, del respeto a los padres y a los abuelos. Se necesita una campaña de valores. Es un problema complejo, recalcó la fuente.
"Creo que es la crisis de valores que está viviendo la sociedad", porque hay hijos que pueden y no ayudan a sus padres; en cambio hay hogares pobres que son modelo y vienen aquí a solicitar algún tipo de ayuda que ellos no pueden suplir, afirmó.
Entre esas peticiones están leche, silla de ruedas, medicamentos, camas, pañales desechables, entre otros. También se reciben denuncias de maltrato de parte de uno de los hermanos que acusa al otro de maltratar a sus padres. En esta situación se investiga y se comprueba la denuncia.
La mayoría de las veces, el denunciante no quiere hacerse cargo de sus padres. La doctora Sucre considera que el presupuesto asignado es muy pobre para los problemas que se atienden, y aunque tratan de divulgar más los servicios que prestan para beneficio de los adultos mayores, se tropiezan con la carencia de fondos para ello.

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