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El nuevo rol de la juventud panameña


La juventud panameña constituye más que el cincuenta por ciento de la población total de la República. Pero las posibilidades que tiene para influir sobre la marcha del país siguen siendo limitadas. Si bien es cierto que un número cada vez mayor de jóvenes tiene hoy día la posibilidad de seguir estudios superiores, y que estos estudios constituyen una promesa de poder obtener acceso a las formas más altas de la ciencia y tecnología, también es cierto que en el momento mismo de analizar los estudios, el joven permanece en un estado de fuerte dependencia. Aunque es mayor de edad y puede ejercer sus derechos cívicos, sigue dependiendo de su familia, de sus profesores y de otros factores que lo limitan. De ahí se produce el choque entre el joven que se siente dueño del futuro y la actual estructura social que, a pesar de su incesante renovación y de su idealización de lo novedoso, no incorpora a la juventud a sus cuadros dirigentes.
Probablemente a este conflicto contribuye, por otra parte, el hecho de que los valores por los cuales se rige el desarrollo social actual aparecen, en cierto sentido, dudosos. Es notorio observar, asimismo, que en nuestra sociedad amplios sectores de la juventud critican a la generación de los mayores por no haber sabido extender los beneficios de la revolución científica y tecnológica y una equitativa distribución de la riqueza a los sectores mayoritarios de la población.
Siempre ha sido privilegio y deber de la juventud -y en particular de los estudiantes- emprender la lucha por causas nobles y por ideales nuevos. La juventud de Florencia acogió con entusiasmo el nuevo mensaje del humanismo y acometió la ardua labor de aprender del griego para poder leer a Homero y Platón en su propia lengua. La juventud francesa se identificó con los ideales de la Revolución e impulsada por el incitante ritmo de la Marsellesa, acudió a las armas para salvar a la patria. Los estudiantes universitarios alemanes se congregaron en las "Burschensehaften" para luchar por una Alemania libre y unida.
Hoy día el movimiento estudiantil se nutre fundamentalmente de los problemas sociales, en vista de que frente a éstos se decide el porvenir de los pueblos. En otros tiempos las grandes decisiones se producían en el ámbito de la cultura y de la política, mientras que las estructuras sociales se mantenían inalterables. En nuestros días, por causa de la ciencia y la tecnología y de los fenómenos demográficos, la sociedad está experimentando cambios cada vez más acelerados y los problemas sociales han adquirido importancia decisiva.
La solución o el fracaso frente a estos problemas decidirá sobre el futuro de los pueblos. La juventud, teniendo clara conciencia de la gravedad de los problemas, insiste con vehemencia en la necesidad de su solución. En este sentido, nos parece que se puede afirmar con gran dosis de razón, que los estudiantes actuales son más consecuentes que los de antaño frente a los problemas sociales. Es decir, consideramos que el joven estudiante de hoy- sea de nivel secundario o universitario- demuestra un mayor grado de conciencia de la problemática social debido, en gran medida, a la influencia de los medios de comunicación, sobre todo la intensificación de las comunicaciones audiovisuales. Ahora se "escucha y se ve" en el terreno mismo de los hechos que se están sucediendo y en el instante en que se producen. Este mayor grado de "vivencia" -a diferencia del simple conocimiento intelectual que procura la lectura- intensifica el sentido social no sólo de los jóvenes sino de toda la sociedad contemporánea.
En realidad, no estamos ya encerrados en la problemática de un pequeño grupo sino abiertos a la problemática nacional y del mundo. Lo que sucede es que los estudiantes son antenas sensibles y, por lo mismo, no están comprometidos con el juego de intereses, captan mejor las angustias del tiempo presente, y se juegan por buscar una solución. Ahora los jóvenes sienten que la responsabilidad en la solución de los problemas sociales cae sobre sus hombros, que ellos deben estudiar y resolver las injusticias sociales, y hasta obligar a los viejos a seguir en su acción.
Concluyamos: se impone el deber, a todos los niveles, de proporcionar a la juventud panameña todas las formas de capacidad que tiendan a vigorizar la voluntad y apuntalar las buenas manifestaciones del carácter -en vez de aplastarlas como se hace frecuentemente- hasta que la juventud se sienta audaz a perpetuidad. Con ello contribuiríamos todos, cada uno en su medida, a desarraigar el servilismo de la conciencia de la Nación.

101 años de Panamá América

 
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